Naturaleza
Animales

Crece la preocupación por la sobrepoblación del conejo extremeño: el lince lo necesita, los agricultores lo odian

  • Sofía Narváez
  • Periodista multimedia graduada en la Universidad Francisco de Vitoria, con un Máster en Multiplataforma por la Universidad Loyola. Editora en Lisa News con experiencia en CNN y ABC.

El conejo de monte no plantea una gestión fácil en Extremadura. Mientras sostiene la recuperación del lince ibérico, también provoca pérdidas directas en el campo. Agricultores, cazadores y conservacionistas conviven con un problema sin soluciones simples.

El animal forma parte del equilibrio del ecosistema mediterráneo, pero su presencia se descompensa según el territorio. En unas zonas escasea y pone en riesgo al lince; en otras, se multiplica y arrasa cultivos enteros.

Los expertos analizan el choque entre el conejo extremeño, el lince y la agricultura

Carlos Sánchez, coordinador de investigación de la Fundación Artemisan, sitúa el problema en cifras concretas. Las capturas de conejo han caído un 62% en las últimas dos décadas en Extremadura, pero el daño agrícola no deja de crecer en áreas muy localizadas. En toda España, cerca de 45.000 hectáreas sufren pérdidas por esta especie.

El dato refleja una contradicción clara. El conejo desaparece en zonas de monte, donde resulta clave para la fauna salvaje, mientras se concentra en áreas agrícolas intensivas. Ese desequilibrio complica cualquier estrategia de gestión.

Sánchez insiste en el papel ecológico del animal. El conejo sostiene la cadena trófica de numerosas especies, entre ellas el lince ibérico y el águila imperial. Sin esa base, el ecosistema pierde estabilidad. La recuperación del lince, que ya supera los 2.000 ejemplares en la península, depende en gran medida de esa disponibilidad.

El problema aparece cuando esa misma especie se convierte en una presión directa para el agricultor. En cultivos de cereal, viñedo u olivar, los conejos no sólo comen brotes. También roen la corteza y matan plantas jóvenes, lo que obliga a replantar y asumir pérdidas durante años.

Esa tensión genera posiciones enfrentadas. El sector agrario reclama controles más intensos y medidas rápidas. Los conservacionistas piden mantener poblaciones suficientes para garantizar la supervivencia del lince. Los cazadores, por su parte, actúan como herramienta de gestión, aunque reconocen que el problema no se resuelve sólo con presión cinegética.

Por qué el conejo extremeño es clave para la supervivencia del lince ibérico

El lince ibérico depende casi por completo del conejo de monte. Su dieta alcanza hasta un 90% basada en esta presa. Un ejemplar adulto necesita capturar al menos un conejo al día para cubrir sus necesidades energéticas. Una hembra con crías puede necesitar hasta tres.

Esa dependencia condiciona su reproducción. Cuando la densidad de conejos baja, el lince deja de criar o pierde a sus cachorros. Los expertos utilizan ese indicador para decidir dónde reintroducir ejemplares. Sin alimento suficiente, no hay población viable.

La recuperación del felino ha traído otro problema: los atropellos. El aumento de ejemplares y su expansión territorial incrementan los cruces de carreteras. Hoy, los accidentes de tráfico representan la principal causa de mortalidad del lince.

Sánchez descarta una relación directa entre esos atropellos y la supuesta abundancia de conejos en cunetas. Los datos muestran que los linces no se concentran en las zonas con sobrepoblación agrícola. El riesgo aparece porque los animales se desplazan más y ocupan nuevos territorios.

Las administraciones ya prueban soluciones en carreteras como la A-5, con sistemas de aviso y reducción de velocidad. El objetivo es limitar un problema que crece al mismo ritmo que la recuperación de la especie.

Mientras tanto, la gestión del conejo sigue abierta. A corto plazo, la caza regulada actúa como herramienta principal para reducir daños. A medio plazo, los técnicos buscan fórmulas más eficaces, desde vallados hasta mejoras de hábitat o traslados de población.