La agricultura madrileña recupera definitivamente un melón azul autóctono que hace pocos años estaba casi extinto
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Algunos productos del campo español han desaparecido casi sin dejar rastro, pero para mantener la diversidad muchos agricultores están recuperando variedades de nuestros antepasados. En un pueblo de Madrid lo están viviendo con los melones azules.
El melón azul es una variedad autóctona madrileña que estuvo cerca de quedar reducida a los huertos familiares. Sin embargo, desde Villaconejos está expandiéndose por la Comunidad de Madrid.
En todo caso, no estamos hablando de un melón nuevo, sino de una variedad local que puede tener presencia de nuevo en los huertos y añadir un poco de variedad entre los sabores a los que nos hemos acostumbrado.
El melón azul madrileño que los agricultores locales están rescatando
Entre la comida autóctona de Madrid, lo último que esperamos encontrar es un melón azul. Sin embargo, esta variedad se está recuperando en los huertos más pequeños de la Comunidad.
Por ejemplo, Telemadrid recoge que el IMIDRA recuperó hace pocos años esta variedad autóctona casi olvidada y que hoy puede encontrarse en muchos huertos de la Comunidad de Madrid.
Hay que tener en cuenta que una variedad agrícola deja de estar en peligro cuando no depende sólo de unas pocas semillas guardadas, sino cuando vuelve a plantarse, cosecharse y reconocerse como producto propio.
La razón por la que casi desaparece de las cocinas madrileñas es meramente productiva y no tiene nada que ver con su calidad o su sabor. El melón azul produce menos volumen que otras variedades comerciales, y eso lo fue apartando de los cultivos más rentables.
Qué provocó que un melón autóctono de Madrid estuviera al borde de la extinción
El problema de muchas variedades tradicionales no es el sabor, sino la economía. Si una planta da menos kilos por hectárea o resulta menos atractiva para la gran distribución, acaba perdiendo espacio frente a híbridos más productivos.
Justamente esto es lo que ocurrió con el melón azul de Madrid. En zonas productoras como Villaconejos fue desapareciendo porque tenía que competir con melones más resistentes, más grandes y más fáciles de vender.
Es decir, el producto con más identidad no siempre es el que más se siembra. La fama gastronómica puede sobrevivir, pero la superficie real de cultivo se reduce. En el caso del melón azul todavía se puede revertir esa tendencia.
No es que la agricultura intensiva vaya a apostar por él y se vaya a convertir en un producto masivo, pero sí puede dejar de estar al borde de la desaparición y ser mucho más que una curiosidad agrícola.
Además, aunque durante una época no haya estado valorado, puede que el melón azul se adapte mejor al mercado actual. No sólo por su sabor dulce, sino porque aguanta bien la sequía y no exige mucho riego.
Por qué debes probar el melón azul de Madrid antes que otras variedades
No te esperes un melón completamente azul como si viniera del espacio. El nombre procede de las manchas oscuras de la piel, que con el sol generan tonos azulados.
Aun así, ese detalle lo hace más reconocible y puede ayudarte a diferenciarlo en un mercado lleno de melones muy parecidos entre sí. Es una oportunidad para apostar por el producto de proximidad madrileño.
Pero el verdadero valor es que forma parte de una tradición melonera madrileña muy ligada a Villaconejos y a la comarca de Las Vegas, donde el melón ha sido durante generaciones un cultivo central.
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