Victoria o abismo contra Arabia Saudí
España está obligada a ganar a Arabia Saudí para no asomarse a un precipicio muy peligroso
Los de Luis de la Fuente se meterían en un lío muy severo si no logran los tres puntos
Así está el grupo de España
España se ha metido sola en un problema. El empate frente a Cabo Verde en el debut mundialista fue un golpe inesperado, un tropiezo que nadie contemplaba y que ha cambiado por completo el escenario del grupo H. Los de Luis de la Fuente siguen dependiendo de sí mismos, pero ya no tienen margen para seguir fallando. Este domingo, frente a Arabia Saudí en Atlanta, sólo existe un objetivo: ganar. Todo lo demás sería abrir la puerta al miedo, a las dudas y a una situación límite antes de medirse a Uruguay en la última jornada.
El combinado nacional suma un punto, exactamente los mismos que Arabia Saudí, Uruguay y Cabo Verde. Las cuentas son sencillas. Con una victoria, España daría un paso gigantesco hacia los dieciseisavos de final y recuperaría la tranquilidad perdida en el estreno. Con cuatro puntos, afrontaría el duelo ante Uruguay con una posición mucho más cómoda. Sin embargo, un empate o, peor aún, una derrota cambiarían por completo el panorama.
Porque aunque matemáticamente España no quedaría eliminada, el golpe sería enorme. La selección llegaría a Guadalajara obligada a ganar a Uruguay en una auténtica final. Un escenario que nadie imaginaba cuando aterrizó en Estados Unidos con la etiqueta de favorita para conquistar la segunda estrella.
Un golpe a tener en cuenta
Lo ocurrido frente a Cabo Verde dejó cicatrices. España fue incapaz de derribar a un rival teóricamente muy inferior y durante muchos minutos transmitió una sensación de falta de intensidad impropia de una selección que aspira a ganar el Mundial. La entrada de Lamine Yamal cambió el encuentro y por eso Luis de la Fuente ya ha decidido dar un paso al frente. El jugador del Barcelona será titular ante Arabia Saudí. Se acabaron las pruebas. Se acabó la gestión pensando en el largo plazo. Ha llegado el momento de competir con todo.
El seleccionador lo sabe. Los futbolistas también. Una victoria devolvería la calma y permitiría afrontar el futuro con optimismo. Un nuevo tropiezo, en cambio, dispararía todas las alarmas. Porque una cosa es dejarse dos puntos en el estreno y otra muy diferente encadenar dos partidos sin ganar en un grupo que parecía asequible.
España llegó a este Mundial como una de las grandes candidatas al título. Lleva más de dos años sin perder un partido oficial y encadena una racha espectacular de resultados. Sin embargo, los Mundiales no entienden de estadísticas, ni de favoritismos, ni de pasado. Entienden de presente. Y el presente de España pasa por una obligación innegociable: ganar a Arabia Saudí.
Porque el premio es seguir mirando hacia la segunda estrella. El castigo, en cambio, sería asomarse a un abismo que podría terminar convirtiéndose en el mayor batacazo de la historia del fútbol español.
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