España pasa del árbitro: «No nos preocupa nada»
Luis de la Fuente ha insistido durante toda la semana en que España no entre en protestas ni en las posibles provocaciones de Argentina y mantenga el foco únicamente en el fútbol
La selección conoce el perfil del esloveno Slavko Vinčić, un árbitro de criterio estricto y decisiones contundentes, pero tiene claro que no condicionará su planteamiento para la final
El árbitro de la derrota de Argentina ante Arabia Saudí pitará la final contra España

En la selección española hay una idea que se repite desde que la FIFA anunció la designación del esloveno Slavko Vincic para dirigir la final del Mundial frente a Argentina: el árbitro no puede convertirse en protagonista. En el vestuario consideran que entrar a valorar al colegiado o pensar en posibles polémicas sólo serviría para desviar el foco del verdadero objetivo. El mensaje de Luis de la Fuente y de todo su cuerpo técnico ha sido inequívoco durante toda la semana: cabeza fría, máxima concentración y ni un segundo perdido en cuestiones que no puedan controlar.
La orden va mucho más allá de las protestas. España sabe perfectamente que Argentina domina como pocas selecciones el terreno emocional de los partidos. Es un equipo experto en llevar los encuentros al límite, en discutir cada acción, en rodear al árbitro cuando considera que una decisión le perjudica y en elevar la tensión competitiva. Precisamente por eso, el seleccionador ha insistido especialmente en que nadie caiga en ese tipo de situaciones. El plan pasa por jugar al fútbol, mantener la personalidad y no regalar ni una tarjeta ni una expulsión por perder los nervios.
No es una preocupación gratuita. Vincic es uno de los árbitros con mayor prestigio del continente europeo y acumula experiencias en escenarios de máxima exigencia. Dirigió la final de la Champions de 2024 entre el Real Madrid y el Borussia Dortmund, una semifinal de la Eurocopa y ahora tendrá el honor de arbitrar la final del Mundial. Sin embargo, también se ha ganado la fama de ser un colegiado extremadamente estricto y poco dado a interpretar el contexto de los partidos cuando aplica el reglamento.
En España recuerdan bien algunas de sus decisiones más polémicas. En este mismo Mundial expulsó al ecuatoriano Piero Hincapié por taparse la boca mientras hablaba con un rival, una acción que abrió un intenso debate sobre la interpretación del reglamento. Meses antes, Jude Bellingham criticó públicamente su actuación tras la rigurosa expulsión de Eduardo Camavinga en la Champions. Son antecedentes que reflejan un patrón: Vincic no suele contemporizar cuando entiende que una acción merece castigo.
Por eso el trabajo psicológico durante la concentración ha sido casi tan importante como el táctico. El cuerpo técnico ha insistido en que ningún futbolista responda a posibles provocaciones, que nadie proteste decisiones menores y que sólo el capitán sea quien dialogue con el árbitro cuando sea necesario. La Selección entiende que una final del Mundial puede decidirse por detalles mínimos y una tarjeta evitable puede condicionar todo un encuentro.
El balón como argumento
Además, España cree que su mejor forma de protegerse pasa por monopolizar el balón. Cuanto más tiempo tenga la posesión y más control ejerza sobre el ritmo del partido, menos opciones habrá de que la final derive en un intercambio de interrupciones, protestas y acciones aisladas. Esa ha sido una de las grandes fortalezas del equipo durante todo el torneo y también la mejor manera de evitar que el colegiado adquiera un protagonismo excesivo.
Dentro del vestuario existe también una enorme confianza en la madurez del grupo. Muchos de los futbolistas ya han disputado finales de Champions, Eurocopas o Liga de Naciones y saben gestionar escenarios de máxima presión. Rodri, capitán del equipo, es uno de los que más está transmitiendo ese mensaje de serenidad. La experiencia acumulada durante los últimos años hace pensar al grupo que el partido no puede jugarse desde la ansiedad.
Porque en Las Rozas y en Nueva Jersey tienen claro que el Mundial no lo decidirá el árbitro, sino el fútbol. España no quiere excusas antes de empezar. Si Vinčić acierta, mejor para todos. Si se equivoca, tocará convivir con ello. Lo único que no entra en los planes de Luis de la Fuente es perder la final por entrar en un juego que no es el suyo. El balón será el único argumento de una Selección que quiere conquistar el mundo desde la calma, la personalidad y el talento.