Mascotas
Veterinarios

Los gatos tienen algo en los riñones que desconcierta a los científicos desde hace 110 años: un investigador japonés cree haber dado con la solución

  • Naiara Philpotts
  • Editora formada en la Universidad de Buenos Aires, con posgrado en lectura crítica. Escribo sobre ciencia, tecnología y actualidad. Soy escritora de novelas y gran aficionada a la ciencia ficción.

Los riñones de los gatos domésticos esconden un número inusualmente alto de estructuras que almacenan grasa, conocidas como gotitas lipídicas. Los biólogos las identificaron hace más de un siglo, pero durante 110 años no lograron explicar para qué servían tantas.

Una investigación publicada en Current Biology aporta ahora una respuesta. El estudio, liderado por el profesor Masao Miyazaki, de la Universidad de Iwate, en Japón, identificó un grupo de ácidos grasos que cada gato almacena en el riñón y libera después en su orina.

¿Qué son las gotitas en el riñón de los gatos que desconciertan a los científicos  desde hace 110 años?

Muchos animales recurren a marcas de olor para comunicar su identidad durante días, aunque esas señales químicas cambian con rapidez una vez liberadas al ambiente. El estudio sostiene que las gotitas del riñón del gato resuelven ese problema, porque funcionan como un depósito químico que sostiene una firma estable pese al paso del tiempo.

Según Sci, ese depósito guarda 13 ácidos grasos de cadena ramificada, un tipo de compuesto que no se había documentado antes en la orina de ningún mamífero. Cada gato tiene su propia combinación y proporción de estos ácidos grasos, y esa mezcla se mantiene relativamente constante en el tiempo.

A diferencia de otros compuestos de la orina, que se evaporan rápido, esta firma química permanece detectable durante al menos un día después de la micción.

«Las gotitas lipídicas en el riñón del gato se conocen desde hace más de un siglo, pero por qué los gatos tienen tantas ha sido un misterio», explicó Miyazaki, del curso de Ciencias Biomédicas Moleculares, en el Departamento de Ciencia de la Vida de la Facultad de Agricultura. «Nuestros hallazgos sugieren que una de sus funciones puede ser mantener una firma química estable en la orina».

Un profesor japonés explica cómo comprobaron que los gatos distinguen ese olor

Para identificar estos compuestos, el equipo analizó la respuesta de flehmen, el gesto de boca abierta que hacen los gatos al inhalar un olor hacia un órgano especializado del paladar. Esa reacción se repitió con más frecuencia ante la orina de gatos desconocidos que ante la propia, y disminuyó con la exposición repetida a la misma muestra.

La respuesta volvía a aparecer en cuanto se introducía la orina de un gato distinto. En pruebas posteriores, los animales detectaron diferencias en la mezcla de ácidos grasos incluso cuando el resto de los componentes de la orina se mantenía igual, lo que demostró que sí pueden leer esa información química.

Miyazaki añadió que «cómo los ácidos grasos almacenados en el riñón terminan liberándose en la orina es una pregunta importante para la investigación futura».

El hallazgo se repite en leones, tigres y otros felinos salvajes, según el equipo de la Universidad de Iwate

Los ácidos grasos aparecieron casi exclusivamente en el riñón, dentro de esas gotitas de grasa que, durante tanto tiempo, desconcertaron a la ciencia. El equipo también halló compuestos relacionados y gotitas lipídicas similares en otros felinos salvajes, entre ellos leones, tigres, leopardos, jaguares y linces, aunque el perfil químico varía según la especie.

Los investigadores japoneses plantean que el hallazgo podría servir para desarrollar métodos que gestionen el olor de la orina de gato en el hogar. Como cada perfil de ácidos grasos identifica a un individuo de forma fiable, también podría ayudar a rastrear felinos salvajes esquivos por su olor, sin necesidad de verlos.

«Estos hallazgos identifican un mecanismo a nivel de órgano que estabiliza la individualidad química en los gatos domésticos y revelan un sustrato químico diversificado en los linajes de felinos», concluye el equipo del estudio.

El estudio, firmado en primer lugar por Shota Ichizawa junto a un equipo internacional, se publicó en Current Biology en septiembre de 2026.