Internacional
Reportaje

Trump, atrapado entre Ucrania e Irán, deja a Arabia Saudí a su suerte frente a los hutíes

  • Pedro Fernández Barbadillo
  • Columnista de Internacional. En la editorial Homo Legens ha publicado 'Eternamente Franco' y 'Los césares del imperio americano'. Su último libro es 'Eso no estaba en mi libro de historia del Imperio español' (Almuzara).

La república islámica iraní está a punto de apresar la Península Arábiga en una tenaza, cuyas pinzas son dos estrechos vitales para la economía mundial: Ormuz, la salida del golfo Pérsico, y Bab el-Mandeb, la entrada desde el Índico al mar Rojo y el Mediterráneo. Y la presión ya alcanza a Kíev, a la que Trump pide un parón en su campaña de bombardeos contra Rusia.

La actual guerra en Oriente Próximo confirma la máxima del mariscal prusiano Helmut von Moltke: “Ningún plan de operaciones se extiende con certeza más allá del primer contacto con la fuerza principal del enemigo”. No sólo sigue resistiendo Irán después de seis meses de una feroz campaña de bombardeos, sino que sus aliados han dado dos golpes demoledores a EEUU e Israel.

En una operación que ha durado menos de dos días, los hutíes del Yemen, donde ruge una guerra civil desde 2014, han capturado la ciudad portuaria de Moca y, según su gobierno, que se encuentra en Saná, también la pequeña isla de Perim. Por tanto, dominan toda la costa yemení en el mar Rojo y disponen de plataformas para seguir atacando petroleros, como ya han hecho otras veces. Para evitarlo, la OTAN y varios países árabes han desplegados barcos y aviones en el escenario. Sin embargo, el tráfico de petroleros por el estrecho de Bab el-Mandeb ha caído a lo largo del año a la mitad: de casi setenta diarios de media a menos de treinta unidades.

En otra operación sin duda coordinada con Teherán, el jueves 10 de septiembre, milicias chiitas iraquíes atacaron mediante oleadas de drones el oleoducto Este-Oeste, que atraviesa Arabia Saudí desde el golfo Pérsico al puerto de Yanbú. Una obra de 1.200 kilómetros de largo, construida durante la guerra Irán-Irak (1980-1988) para esquivar el estrecho de Ormuz, y a través de la cual se transportaban en torno a siete millones de barriles diarios. Las autoridades saudíes lo han cerrado por precaución.

El tráfico en Ormuz se ha reducido al mínimo: de unos sesenta petroleros diarios a seis o cinco e incluso a ninguno, debido a los ataques de los iraníes y a la subida de los fletes y seguros. A través de Ormuz pasaban hasta veinte millones de barriles diarios, antes de que el 28 de febrero Israel y EEUU comenzaran los ataques a Irán.

En estos momentos, la exportación de petróleo por Arabia Saudí se ha parado. Y las tres vías de suministro a los países que lo demandan (los estrechos de Ormuz y Bab el-Mandeb y el oleoducto Este-Oeste) están bloqueadas. En consecuencia, el precio del barril empieza a encarecerse.

Si la situación se agrava, tal vez se impliquen, en la orilla occidental del mar Rojo, Yibuti, donde hay bases militares de EEUU, China, Japón, Italia y Francia, y la república de Somalilandia, escindida de Somalia y sólo reconocida por Israel.

El “eje de la resistencia” no está derrotado. Teherán ha suministrado drones y misiles a los yemeníes y los iraquíes, y también inteligencia para realizar sus ataques, la cual, de acuerdo con los expertos militares occidentales, le han pasado a su vez los rusos y los chinos.

Por el contrario, quienes están acumulando fracaso tras fracaso son los saudíes. Arabia Saudí, junto con los Emiratos Árabes Unidos, se ha entrometido en Yemen contra los hutíes, con apoyo a sus enemigos, mercenarios, dinero y ataques aéreos y artilleros. Sin embargo, las fuerzas armadas saudíes, en las que el reino gasta más de 80.000 millones de dólares anualmente, han fracasado.

El príncipe Mohamed bin Salmán, verdadero gobernante del país, telefoneó a Trump para pedirle una intervención militar en favor del gobierno de Adén, que tiene el reconocimiento internacional. Trump, ya ocupado con Irán y Ucrania, se limitó a ofrecerle información recopilada por satélites y escuchas. Los gobiernos de Turquía y Pakistán, con los que Riad firmó a principios de agosto el Pacto de Defensa de La Meca, también han rehusado implicarse, aunque en el ejército del aire saudí, formado por casi 400 aparatos de todo tipo, hay numerosos asesores pakistaníes.

La Casa de Saud, uno de los escasos poderes con los que EEUU ha mantenido su alianza ininterrumpidamente desde 1945, parece quedarse sola. La pesadilla de Riad es que los demás estados del Consejo del Golfo negocien con Irán una paz para reconstruir su economía, a pesar de las diferencias entre árabes y persas.

Desde marzo, los iraníes aplican la estrategia de la “destrucción mutua económica”, que consiste en lanzar sus baratos drones y misiles, no contra portaaviones ni bases militares, sino contra campos de petróleo, puertos, desaladoras y centros de datos en los países árabes. El objetivo es que el colapso de las economías de estos y, por ello, la del mundo, fuerce a EEUU e Israel a un armisticio, sea por interés propio o por presión de las demás naciones.

Esa doctrina la están usando Putin y Zelenski para privar al enemigo de medios para proseguir la guerra y, excluyendo los caídos, quien más la está padeciendo es Rusia. Debido a los daños en sus refinerías, los rusos han reducido la exportación de crudo en un tercio o más y están sufriendo desabastecimiento interno de combustibles. Igualmente, ambos países han disminuido la exportación de cereal a través del mar Negro por el mismo motivo.

Con la amenaza al tráfico naval por Bab el-Mandeb, nos encontramos ante una nueva fase de esta guerra económica total, que perjudica a los importadores de crudo de Asia y Europa. Sus efectos se unirán al encarecimiento de los alimentos, los fertilizantes y los combustibles que se nota desde antes del verano. Y en el hemisferio norte se acercan el invierno y el tiempo de la siembra.

Quizás el riesgo de una crisis global, acompañada de inflación (como vemos en España), paro y descontento, persuada a las grandes potencias implicadas en las guerras que se están librando en Eurasia a un alto el fuego. En ese caso, Irán y Rusia conseguirían una victoria táctica y tiempo para recuperarse.

Por de pronto, Trump acaba de pedirle a Zelenski que deje de bombardear las refinerías rusas para así remediar la falta de diésel. La misma petición hizo Joe Biden a principios de 2024. Cabe deducir que están ganando Teherán y Moscú y perdiendo Riad, Washington y la UE.

Los hutíes han recordado al mundo una lección que, antes que ellos, dejaron los charlies de Vietnam, los muyahidines de Afganistán y los guerrilleros de España, y es que el poder de la carne se impone al poder del acero.