Roberto Arzú, aspirante a la presidencia de Guatemala: «Me identifico con el modelo de Singapur y Bukele»
"Nuestra bandera principal es devolverle la paz y la seguridad a la familia. Sin paz y seguridad no puede existir vida"
Su receta para Guatemala pasa por acabar con "los tres males": la corrupción, el crimen organizado y "los privilegios"

Roberto Arzú quiere ser presidente de Guatemala y tiene claro dónde mirar. «Guatemala tiene todo para poder ser el Singapur de América Latina», asegura en una entrevista con OKDIARIO durante su paso por Madrid. El aspirante, hijo mayor del expresidente Álvaro Arzú (1996-2000), señala la ciudad-Estado asiática como «el modelo que más me gusta y donde más me identifico», y no esconde su admiración por la política de seguridad de Nayib Bukele en El Salvador: «Sin duda alguna ha funcionado. Ha devuelto lo más importante a la familia de El Salvador».
Guatemala celebrará la primera vuelta de sus elecciones presidenciales en junio de 2027, unos comicios decisivos para un país clave en el tablero geopolítico de Centroamérica. Arzú llega a Madrid tras pasar por La Haya, donde ha presentado una denuncia por crímenes de lesa humanidad contra el ex presidente Alejandro Giammattei por la compra de vacunas rusas Sputnik durante la pandemia. Según relata, el Gobierno guatemalteco pagó 16 millones de dosis y solo llegaron «uno o dos millones». «Él era médico. Sabía que retrasar las vacunas, y más aún robarse el dinero de esas vacunas, iba a tener una repercusión tremenda», denuncia, y vincula esa gestión a más de 30.000 muertes.
«Uno de cada cinco guatemaltecos es extorsionado»
La seguridad es la bandera de su proyecto. «Nuestra bandera principal es devolverle la paz y la seguridad a la familia. Sin paz y seguridad no puede existir vida», afirma. Arzú describe un país en el que la extorsión de las maras se ha convertido en rutina: «Uno de cada cinco guatemaltecos es extorsionado. Cada guatemalteco que mira un número de teléfono que no conoce ya siente que lo están extorsionando desde las cárceles, desde el barrio. Un hijo que no contesta el teléfono durante una hora y uno piensa lo peor. Eso no es vida».
Sobre Singapur, recuerda que hace treinta o cuarenta años era «uno de los países más inseguros y de los más corruptos» y que hoy presenta niveles mínimos de crimen y corrupción. Su receta para Guatemala pasa por acabar con «los tres males»: la corrupción, el crimen organizado y «los privilegios, monopolios y abusos empresariales» de un grupo que, a su juicio, ha generado una enorme desigualdad. «Eso de que siempre va a haber corrupción yo no lo acepto. Se puede erradicar con penas drásticas, con transparencia y con leyes clave», sostiene.
«El corrupto tiene que tener pánico»
Preguntado por la CICIG, la comisión internacional contra la impunidad que el expresidente Jimmy Morales liquidó en 2019, Arzú la defiende pese a sus sombras. «Tuvo abusos y temas que no fueron del todo transparentes, pero el 90% de las personas que metieron presas eran gente corrupta. Y había miedo. Hay que sembrar miedo. El corrupto y el criminal tienen que tener pánico de saber que, si cometen un delito, van a pagar carísimo».
El aspirante denuncia que el llamado «pacto de corruptos», gestado desde el Gobierno de Otto Pérez Molina, llegó a controlar el Tribunal Supremo Electoral, la Corte de Constitucionalidad, la Corte Suprema, el Congreso y la Fiscalía General para que el presidente de turno fuera un mero «gerente». Una red que, según él, alcanzó su apogeo con Giammattei y que provocó el exilio de numerosos jueces y fiscales. Del actual presidente, Bernardo Arévalo, al que define como socialdemócrata y no chavista, reconoce que es «una buena persona» y que ha respetado la independencia de las instituciones, pero le reprocha no haber tenido «la gallardía, el carácter o la valentía para enfrentarse al sistema corrupto y criminal».
Más cerca del PP
Arzú se resiste a las etiquetas, pero se reconoce en «los principios fundamentales de la derecha»: libre mercado, libre competencia, seguridad jurídica, defensa de la familia y rechazo al aborto. Su lista de referentes es heterogénea: la seguridad de Bukele, la economía de Javier Milei, la batalla de Donald Trump contra las grandes farmacéuticas, los programas sociales de México y el sistema de Seguridad Social español. Al ser preguntado por la política española, se inclina por el Partido Popular: «Si me tengo que identificar con alguien, es con el PP, una derecha más moderada». Recuerda que José María Aznar «gobernó con mi padre» y respaldó los acuerdos de paz, aunque también elogia a Felipe González.
Sobre la relación con Washington, considera que Guatemala es un «buffer» clave: «Es más fácil proteger la frontera de Guatemala con México que la de México con Estados Unidos». Bien negociada, esa posición puede reportar al país ventajas comerciales, de seguridad y de infraestructuras.
«El 20% de la población ha sido expulsada»
El aspirante dibuja un país con un 16% de la población en pobreza extrema y un 52% de desnutrición crónica infantil, «índices que ni en África están ya». Rechaza que se hable de Guatemala como exportadora de mano de obra: «Eso es una crueldad. El 20% de la población se ha tenido que ir a Estados Unidos, expulsada por el sistema de la corrupción, de los privilegios y del crimen organizado». Un éxodo que, advierte, está rompiendo familias y empujando a los niños sin figura paterna hacia las maras.
Ante quienes le reprochan pertenecer a la élite que dice combatir, responde que nunca ha sido funcionario público y que su padre, alcalde de la capital en cinco ocasiones, «siempre se opuso a ese sistema corrupto». Y cierra con una confesión poco habitual en un candidato: «Me puse tres condiciones: hacer lo correcto aunque sea políticamente incorrecto, decir la verdad sin importar las consecuencias y ser un libro abierto con mi pasado. Soy alcohólico. Llevo casi 12 años lejos de esa enfermedad. He cometido muchos errores, nunca ilegales. No olvido ese pasado, pero no dejo que me defina».