Un analista sobre gasto público: «Los políticos empeoran la crisis por la guerra de Irán con impuestos»
Sir Afuera es un analista liberal crítico con la presión fiscal y el peso del Estado en Francia

Sir Afuera es un comentarista sobre temas económicos y políticos en Francia, con especial interés en cómo las políticas gubernamentales afectan la libertad económica cotidiana. En esta entrevista con OKDIARIO, analiza las causas del elevado gasto público francés, cuestiona su eficacia y propone una reducción drástica del tamaño del Estado como vía para recuperar el crecimiento y la eficiencia. En un contexto marcado por el debate sobre el papel del Estado en la economía, el nivel de gasto público y el impacto de la fiscalidad en la vida cotidiana, Sir Afuera destaca: «El empobrecimiento del Estado acaba generando celos y envidia, alimentando la ilusoria maquinaria del socialismo y la defensa del Estado ladrón». El analista explica: «Los políticos empeoran la crisis energética por la guerra de Irán con impuestos».
A su juicio, «cada euro adicional gastado en Francia no mejora nada. Alimenta un sistema que existe para colocar a los amigos y amantes de los políticos, mientras los servicios públicos se desmoronan silenciosamente».
PREGUNTA. – ¿Ha alcanzado Francia un nivel de gasto público en el que un gasto adicional ya no mejora los resultados?
RESPUESTA. – Francia superó con creces este umbral hace mucho tiempo. Con un 45,3 % de impuestos obligatorios (Eurostat 2024), Francia ha entrado en la fase de cualquier economía sobrecargada de impuestos y burocratización: el Gran Empobrecimiento.
«Colocar amigos y amantes»
P. – ¿Qué incentivos tienen los ciudadanos y las empresas?
R. – Los ciudadanos y las empresas ya no tienen incentivos para hacer nada. ¿Trabajar? Ya no merece la pena. ¿No trabajar? Francamente, es mucho más rentable. ¿Invertir? El Estado me quitará tanto que mejor ni lo intente. ¿Prosperar con el fruto del propio trabajo? El Estado no me ha dejado nada más que las semillas. ¿Mantener el buen humor? El empobrecimiento del Estado acaba generando celos y envidia, alimentando la ilusoria maquinaria del socialismo y la defensa del Estado ladrón.
Cada euro adicional gastado en Francia no mejora nada. Peor aún, alimenta un sistema que existe para colocar a los amigos y amantes de los políticos, mientras que, en segundo plano, los servicios públicos se desmoronan silenciosamente. Podemos recortar el gasto estatal y mejorar los servicios públicos al mismo tiempo. Nos vendieron la mentira de que querer reducir el gasto es lo mismo que destruir los servicios públicos. Sin embargo, Francia está logrando una hazaña espectacular: destruir los servicios públicos mediante un exceso de gasto inútil, demoliendo así este argumento estatista falaz.
Estamos en la pendiente descendente de la curva de Laffer: demasiados impuestos matan el impuesto. Por eso el Estado debe dejar de meter la mano en el bolsillo de los ciudadanos.
P. – ¿Qué solución propone?
R. – La única solución eficaz y pragmática es una reducción drástica del gasto público a 200.000 millones de euros para permitir una auténtica reorganización del Estado que restablezca su eficiencia. Ésa es la única manera de acabar de una vez por todas con la burocracia, la excesiva tributación y el clientelismo.
«Puestos inútiles y agencias fantasma»
P. – ¿Cuáles son las razones estructurales por las que Francia mantiene sistemáticamente uno de los índices de gasto más altos de Europa?
R. – El gasto público francés alcanza este nivel estratosférico porque es perfectamente proporcional a las mentiras de los políticos. Cada año, la época de presupuestos se convierte en un circo. Todos dan rienda suelta a su imaginación no para usar el dinero de forma útil para el país, sino para despilfarrarlo y alimentar la maquinaria del clientelismo: puestos inútiles, financiación de agencias fantasma cuyo propósito nadie conoce. Invitan a sus amigos a copas pagadas con el dinero de los ciudadanos.
La segunda gran mentira, aún más perversa, hace creer a la gente que este nivel de gasto es normal e inevitable. Llevan mintiendo a los franceses desde la infancia, diciéndoles que «así son las cosas» y que hay que pagar por la cohesión social. Puro disparate. Los cheques del Estado siempre se llaman «temporales», pero los déficits se convierten en la norma. El presupuesto no es más que una subasta de gastos absurdos.
P. – Dicen que es necesario para proteger el Estado de bienestar.
R. – Los franceses se matan a trabajar mientras su poder adquisitivo se esfuma. Mentira tras mentira: «protegen» a los débiles, pero en realidad protegen su propia casta. Ante cada problema, los políticos sólo saben crear otro impuesto. Ante cada problema, debemos abolir un impuesto, recortar un gasto innecesario y desmantelar la corrupción presupuestaria.Ésa es la única manera de romper el ciclo de ineficiencia financiera y extorsión estatal. Deberíamos tener un presupuesto con déficit cero, como el de Milei en Argentina.
Crisis energética por la guerra de Irán
P.- ¿Cómo ve el futuro? ¿Son Europa y Francia muy vulnerables a las crisis energéticas provocadas por el conflicto en Oriente Medio?
R. – La guerra en Irán ha provocado una crisis de suministro de la producción mundial de petróleo. Cabe señalar que esto ha provocado una disminución de la oferta. En Europa, esto ha conllevado directamente un aumento en los precios del combustible, el gas y la electricidad. Se trata de una crisis global que nadie puede controlar.
P. – ¿Cómo cree que los gobiernos podrían reconducir la crisis?
R. – El gobierno no puede hacer nada al respecto, pero los políticos que lo dirigen están empeorando la situación con sus impuestos y subsidios, ya que están exacerbando el empobrecimiento tanto a corto como a largo plazo. El gobierno está convirtiendo una crisis de suministro global en un doble golpe para los ciudadanos y las empresas. Éste es el caso de Francia.
El TICPE, el IVA, el CSPE y los impuestos sobre los beneficios extraordinarios de la energía nuclear son algunos ejemplos de impuestos que, en Francia, suponen una carga considerable para los ciudadanos y las empresas. El gobierno aplica un impuesto del 56% al precio del combustible, y los políticos no quieren reducirlo porque hacerlo los obligaría a recortar, como compensación, el colosal gasto público innecesario, considerado intocable en todos los ministerios.
Por lo tanto, el primer paso es reducir significativamente el impuesto especial (antes TICPE) y el IVA sobre el combustible al 5,5%, lo que supondría un coste de entre 15 y 18.000 millones de euros. Para compensar esto, se podrían eliminar agencias y entidades gubernamentales no esenciales, ahorrando 10.000 millones de euros, y reducir los costes operativos de las entidades restantes en un 30%, ahorrando 8.000 millones de euros. Prefieren no devolver el dinero.