No era ni un noble ni un fortachón británico: los historiadores revelan la verdadera cara de Robin Hood y nadie se lo puede creer
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Las historias de Robin Hood empezaron a transmitirse de forma oral en el siglo XII. Los primeros testimonios escritos no aparecen hasta unos dos siglos más tarde, y en ellos su figura es muy diferente a la versión romántica que conocemos a día de hoy. En lugar de ser un noble o un símbolo idealizado de justicia, se le describe como un «campesino libre que vivía fuera del orden social y que criticaba sobre todo la corrupción del clero y a ciertas autoridades locales influyentes». En estas versiones iniciales, según los historiadores, el objetivo principal no era defender a los pobres, sino más bien enfrentarse a las estructuras de poder de la época.
Asimismo, el personaje de Mariana no apareció hasta el siglo XVI, cuando la leyenda de Robin Hood empezó a incorporar elementos más idealizados. El punto de inflexión se produjo durante el periodo Tudor, cuando pasó poco a formar parte de la cultura popular. Su figura llegó a ser especialmente conocida y apreciada en tiempos de Enrique VIII, quien, según algunos relatos, llegó incluso a apropiarse de su imagen. En este contexto, el personaje, que en sus orígenes era más conflictivo y violento, fue reinterpretado como un noble leal al rey Ricardo Corazón de León y enemigo de su hermano Juan.
La verdadera identidad de Robin Hood
Durante la época victoriana, la literatura transformó a Robin Hood en un héroe. Más adelante, la película animada de Disney de 1973 tuvo un papel clave, al presentar a Robin Hood como un carismático forajido de buen corazón representado en forma de zorro.
«La popular leyenda de Robin Hood es revivida mágicamente por Disney. La diversión y el romance aparecen por doquier cuando Robin Hood, el héroe espadachín del Bosque de Sherwood, se desliza de aventura en aventura con su valiente ayudante, Little John, y su desternillante banda. Su objetivo es vencer al malvado príncipe y su ayuda de cámara, Hiss, que tienen atemorizado al pueblo a base de injustos impuestos», detalla Filmaffinity.
Según la historiadora Amy Kaufman, «el Robin Hood original no era un héroe romántico, sino una figura violenta, a menudo despiadada, que se movía al límite entre la ley y la moral. Nuevas adaptaciones cinematográficas y literarias presentan a Robin Hood como un hombre envejecido, cansado y atormentado, que se reconcilia con su propia leyenda y cuestiona la imagen que la sociedad ha creado de él».
Historia
A mediados del siglo XIX, el archivero Joseph Hunter propuso la identidad de un Robyn Hode que en 1324 trabajaba como ayuda de cámara del rey Eduardo II y que posteriormente abandonó la corte, un detalle que recuerda a la balada «Una gesta de Robin Hood». Sin embargo, no existe ninguna prueba concluyente de que llegara a ser un proscrito.
Más recientemente, investigadores como Graham Phillips y Martin Keatman han analizado numerosos datos históricos junto con las tradiciones legendarias, concluyendo que Robin Hood podría ser en realidad una combinación de tres figuras distintas. Entre ellas se encontraría un campesino proscrito que vivía el bosque de Barnsdale hacia 1225, Robert Hood de Wakefield, un soldado vinculado a la revuelta del conde de Lancaster que más tarde sirvió a Eduardo II en 1324, y Fulk Fitz Warine, un barón que se rebeló contra el rey Juan entre 1200 y 1215 y que además fue incorporado a la tradición literaria.
Frente a estas teorías, lo único que parece relativamente seguro es que en los documentos de los siglos XIII y XIV aparecen varias referencias a cazadores furtivos, salteadores de caminos o criminales fugados que reciben el nombre de Robin Hood o variantes muy similares. Una de las menciones más antiguas procede de un registro judicial de Yorkshire, en el norte de Inglaterra, donde se recoge en 1226 la confiscación de los bienes de un tal Robert Hod, descrito como «fugitivus».
En 1262 aparece otra referencia similar a un William Robehod en Berkshire, en el sureste del país, probablemente relacionado con el mismo individuo que un documento del año anterior identifica como «William, hijo de Robert le Fevere», vinculado a una banda de proscritos. Más adelante, en 1354, se documenta en Northamptonshire la existencia de un hombre llamado Robin Hood que se encontraba encarcelado a la espera de juicio por delitos cometidos en el bosque de Rockingham.
Esta diversidad de testimonios sugiere que no habría existido un único Robin Hood, sino que el nombre funcionaba más bien como un apodo o alias común entre distintos proscritos, utilizado en diferentes épocas y regiones de la Inglaterra medieval. En 1296 aparece documentado por primera vez el apellido «Robynhod», asociado a un hombre llamado Gilbert en el condado de Sussex.
El éxito de Robin Hood se explica en gran medida por sus múltiples identidades. Hobsbawm lo ve como bandido campesino justiciero, Holt como reflejo de la pequeña nobleza, y otros lo relacionan con gremios o clases intermedias, mientras que Knight concluye que simboliza resistencia universal.