El misterio arqueológico más intrigante: ¿2 vasijas cerámicas de 2.000 años formaron un sistema eléctrico?
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Cuando los arqueólogos analizan vasijas antiguas, lo que esperan encontrar en el interior son monedas y otras reliquias, pero desde hace décadas se enfrentan a un misterio micho mayor.
Dos vasijas cerámicas descubiertas cerca de Bagdad, con una antigüedad aproximada de 2.000 años, podrían haber formado un sistema electroquímico capaz de generar hasta 1,4 voltios.
Ese es el planteamiento de un estudio experimental publicado en Sino-Platonic Papers, que ha reavivado el debate sobre la conocida como batería de Bagdad. El análisis se basa en reconstrucciones, ya que el artefacto original se perdió en 2003.
El descubrimiento arqueológico de un artefacto electroquímico milenario
El conjunto arqueológico fue descubierto en el yacimiento de Khujut Rabu, en la actual Irak, y está datado en el periodo parto. El objeto constaba de una vasija cerámica que contenía un cilindro de cobre, una varilla de hierro y restos de un material bituminoso utilizado como sellado.
Durante años, este diseño fue interpretado como un simple recipiente, aunque su estructura no coincidía con usos domésticos conocidos. Por ellos los arqueólogos empezaron a trabajar en una teoría alternativa.
Y es que el artefacto de hace más de 2.000 años no estaba formado por una sola celda, sino por dos sistemas electroquímicos que podrían funcionar en serie. Esta configuración explicaría por qué recreaciones anteriores no lograban alcanzar voltajes elevados de forma estable.
Los arqueólogos consiguen recrear el funcionamiento de las baterías de Bagdad
La investigación se puso como objetivo la reproducción exacta de los materiales descritos en los informes arqueológicos originales.
En la reconstrucción experimental se utilizó cobre, hierro, soldadura de estaño y un electrolito líquido, con lo que replicaban las condiciones plausibles del dispositivo antiguo.
Los resultados mostraron que la combinación de una celda interna (basada en la reacción entre cobre y hierro) y una celda externa (en la que interviene el estaño y el recipiente cerámico) permite alcanzar una diferencia de potencial superior a 1,4 voltios.
Con nuestros ojos puede parecerte una cantidad ridícula, pero hablamos de un sistema milenario. Por ejemplo, con esa cifra es suficiente para provocar reacciones electroquímicas visibles, como electrólisis o procesos de deposición metálica.
El estudio ha enfatizado que este rendimiento no se puede lograr con una sola celda aislada, sino con la suma de ambas. Con ello quedaría probado un diseño más complejo de lo que se había considerado hasta la fecha.
El misterio arqueológico de las vasijas de Bagdad: llevan más de 20 años perdidas
Uno de los mayores obstáculos para cerrar el debate es la desaparición del artefacto original en 2003, durante los saqueos al Museo Nacional de Irak. Esta pérdida impide realizar análisis directos con técnicas modernas, como estudios microscópicos o químicos avanzados.
A pesar de ello, el trabajo publicado aporta la evidencia experimental más sólida hasta la fecha sobre la viabilidad técnica del dispositivo como generador eléctrico.
Hay que reconocer que el estudio no afirma que existiera un conocimiento teórico de la electricidad, pero sí demuestra que el artefacto podía producir energía de forma funcional.
Tanto por su desaparición hace 23 años como por la complejidad para haber existido hace dos milenios, la batería de Bagdad sigue siendo uno de los enigmas tecnológicos más fascinantes de la arqueología.
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