Gastronomía

Roberto Durán, primer Master Sommelier español: «Si a un cliente le gusta el vino a otra temperatura o mezclado, está en su derecho. El papel del sumiller no es humillar»

Sommelier
Janire Manzanas
  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

Roberto Durán, madrileño de 45 años, acaba de convertirse en el primer español en alcanzar el título de Master Sommelier, una de las certificaciones más exigentes del mundo del vino. En 2015 se trasladó a Londres para incorporarse a 67 Pall Mall, uno de los clubes de vino más prestigiosos del mundo.

Más adelante llegó Singapur, primero en el entorno de Joël Robuchon y después de nuevo en 67 Pall Mall, donde fue Head Sommelier en una de las cartas más ambiciosas de Asia. Esa trayectoria internacional, explicado, «ha sido fundamental para entender que el vino no se mira igual desde España que desde Londres, Singapur o cualquier gran capital global».

Roberto Durán, primer Master Sommelier español

El reciente logro de un profesional español que ha conseguido el título de Master Sommelier ha alcanzado un hito sin precedentes para España en el mundo del vino. Más allá del reconocimiento, el protagonista describe una mezcla intensa de emociones: orgullo, alivio y vértigo ante la responsabilidad que supone representar al país en este nivel de excelencia internacional.

«Hay un poco de todo», explica, «pero el vértigo viene de pensar en la responsabilidad de representar a España en el mundo del vino como Master Sommelier. No es solo un logro personal, también es abrir una puerta que hasta ahora ningún español había cruzado».

El alivio, reconoce, llega tras años de preparación, esfuerzo y momentos difíciles. «Después de tanto tiempo, por fin hay un Master Sommelier con pasaporte español. España se merece estar representada también en ese nivel».

«Ser el primer español Master Sommelier es un honor enorme, pero también es un recordatorio de que en el mundo del vino siempre hay más que aprender. Este título no significa que ya lo sepas todo. Significa que has alcanzado un nivel muy alto pero también que tienes una responsabilidad mayor y que debes seguir estudiando, escuchando y compartiendo.

Me siento muy afortunado de haber podido desarrollar mi carrera junto a grandísimos profesionales que han compartido conmigo su conocimiento. Sin ellos, seguramente no habría llegado hasta aquí. Lo bonito de este mundo es precisamente eso: cuanto más sabes, más consciente eres de todo lo que queda por descubrir. Espero poder seguir aprendiendo y, al mismo tiempo, transmitir esa pasión a otros profesionales y a la gente que se acerca al vino con curiosidad», detalla Roberto Durón a Esquire.

El momento más duro de su trayectoria llegó en 2022, cuando se presentó al examen de cata y no logró superarlo. Una experiencia que describe como un golpe profundo: no solo una suspensión, sino la sensación de tener que reconstruir el camino desde el principio. «En ese instante sientes que todo lo que habías conseguido se esfuma. Es muy difícil de explicar. Te preguntas si tendrás que empezar otra vez desde cero».

Aquel episodio le llevó a una decisión clave: abandonar o continuar. Finalmente, optó por seguir adelante, impulsado por la convicción de que no podía dejar el camino a medias. Con la perspectiva del tiempo, el sommelier tiene claro qué ha marcado más su crecimiento profesional: los suspensos. «Los suspensos me enseñaron más que los aprobados, sin ninguna duda», afirma. «Cuando suspendes te ves obligado a mirar de frente tus debilidades: qué falló, por qué, dónde perdiste concentración o confianza».

En cambio, los aprobados ofrecen alivio, pero menos análisis profundo. Los errores, dice, se convierten en una herramienta de aprendizaje decisiva en un examen donde no basta con el conocimiento: es imprescindible la capacidad de rendir bajo presión. Respecto a los vinos que recomendaría para alguien que «no sepa mucho y quiera salir de Rioja y Ribera», Roberto Durán lo tiene claro: «Recomendaría, primero, un Pinot Noir del Mosel: Spätburgunder, 3rd, Pinot Noix, de Daniel Twardowski. Es de lo último y más interesante que está viniendo de Alemania. Son vinos súper elegantes, con una mineralidad muy marcada y una finura impresionante.

Después me iría a Borgoña con un Marsannay, Cuvée Cécile, de Michel Naddef. Tiene ese pedigrí relacionado con la familia Bizot y para mí ha sido uno de los grandes descubrimientos recientes en Borgoña. Es intenso, concentrado, pero al mismo tiempo tiene una sedosidad muy de los grandes vinos. No es un vino pesado, tiene profundidad y elegancia.

Y como tercera opción elegiría Quinta da Muradella, Alanda Tinto. Es un vino eléctrico, con una tipicidad atlántica muy clara, fuerza, estructura y una tensión digna de los grandes tintos de zonas atlánticas. Tiene personalidad, frescura y carácter. Es justo el tipo de vino que demuestra que salir de lo habitual no tiene por qué ser complicado ni esnob».

Finalmente, concluye: «Me gustaría representar a España en el próximo Mejor Sumiller de Europa. Es un reto que me motiva porque la competición te obliga a mantener un nivel muy alto y a seguir preparándote. Después de conseguir el Master Sommelier, no siento que el camino se haya acabado. Al contrario, creo que empieza otra etapa».

Lo último en Gastronomía

Últimas noticias