Gastronomía
El gato gourmet

José Pizarro, el extremeño que enseñó a comer español a los ingleses

Hay españoles que se marchan a Londres para aprender inglés, otros para buscarse la vida y algunos, los más optimistas, para ambas cosas. José Pizarro se fue a los 28 años con un inglés más bien de supervivencia y la intención de quedarse unos meses. Casi tres décadas después sigue allí. Lo de los meses, como tantas promesas de juventud, se complicó ligeramente.

Este fin de semana, sin embargo, el hijo pródigo ha vuelto a cocinar en España. Y lo ha hecho en Tenerife, con dos cenas en JOIA El Mirador dentro de una colaboración con Iberostar Beachfront Resorts. La cosa, además, no será un amor de verano: Pizarro regresará en primavera de 2027 con una nueva experiencia gastronómica.

Conviene apuntarlo en la agenda. Sobre todo porque hablamos del hombre al que los británicos llaman the godfather of Spanish cooking. El padrino de la cocina española. Uno imagina a Pizarro acariciando una pata de jamón mientras alguien le susurra al oído que han vuelto a servir chorizo con cualquier cosa en algún restaurante de Chelsea.

Pizarro nació en Talaván, Extremadura, y llegó a la cocina casi por accidente. Quería ser protésico dental, estudió auxiliar de enfermería y acabó haciendo un curso de cocina por una razón que resume perfectamente la antropología de la madre española: si te vas de casa, aprende a cocinar, porque servidor doméstico no viene incluido con la emancipación.

Pasó por un asador de Plasencia, por un hotel donde había que alimentar a 400 almas y terminó aterrizando en El Mesón de Doña Filo, en Colmenar del Arroyo. Allí encontró a Julio Reoyo e Inma Redondo y descubrió que cocinar no era simplemente conseguir que nadie devolviera el plato.

Había producto. Técnica. Memoria. Respeto. Y, sobre todo, oficio.

Una palabra bastante menos utilizada ahora que «concepto», «experiencia» o «relato gastronómico», pero muchísimo más útil cuando uno tiene una sartén delante.

Londres era una paella con sangría

Cuando Pizarro llegó al Reino Unido, explicar la gastronomía española exigía casi intérprete jurado. Para buena parte del público británico, España cabía cómodamente entre una paella sospechosamente amarilla, una jarra de sangría, cuatro bravas y una tortilla sometida a interrogatorio policial.

Y Pizarro hizo algo revolucionario: no inventó nada.

Ahora que cualquier cocinero con 20 años, unas pinzas y cuenta de Instagram parece obligado a «reinterpretar» hasta el huevo frito, Pizarro decidió cocinar español. Sin pedir perdón. Sin deconstruir la croqueta. Sin convertir el gazpacho en una espuma existencial.

Jamón. Pan con tomate. Croquetas.

Cuando le preguntan por sus especialidades, suele citar esas tres cosas. Parece fácil hasta que uno recuerda la cantidad de delitos gastronómicos cometidos diariamente contra una croqueta.

En 2011 abrió José Tapas Bar en Bermondsey Street. Pequeño, informal, con esa filosofía tan española de entrar a tomar algo y descubrir dos horas después que has cenado, bebido una botella y arreglado el país.

Funcionó.

Poco después abrió Pizarro, a escasos metros. Luego llegó The Swan Inn, en Esher, un pub rural británico donde demostró que también se podía conquistar Inglaterra desde una chimenea y con una buena copa de vino.

En 2021 desembarcó en la Royal Academy of Arts. Arte y gastronomía juntos, dos actividades humanas que comparten una característica esencial: todo el mundo opina aunque no tenga ni puñetera idea.

Después llegó Abu Dabi, con José by Pizarro en el Conrad Abu Dhabi Etihad Towers. Y también Iris Zahara, su casa de huéspedes frente al mar en Zahara de los Atunes, donde vino, cocina y jerez forman una santísima trinidad bastante más convincente que muchas terapias de bienestar.

Pero Bermondsey seguía siendo su territorio.

En 2024 abrió Lolo, su propuesta más informal. Hoy sus locales forman una suerte de pequeña milla española en Londres. Una embajada gastronómica sin funcionarios, sin ventanilla y, afortunadamente, sin necesidad de pedir cita previa. Aquí el pasaporte es una croqueta.

El regreso del padrino

Pizarro ha publicado libros sobre cocina vasca, catalana, andaluza y doméstica española; se ha convertido en personaje habitual de la televisión británica y ha conseguido que miles de ingleses entiendan algo que nosotros, inexplicablemente, a veces olvidamos: nuestra cocina no necesita disfrazarse para ser moderna.

En 2024 recibió la Medalla de Extremadura y la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica. No está nada mal para aquel muchacho que llegó a Londres pensando que aquello duraría unos meses.

Ahora vuelve a cocinar en España, coincidiendo además con el 15.º aniversario de José Tapas Bar. Y su regreso tiene algo de justicia poética.

Porque durante años hemos mandado cocineros fuera para que aprendieran técnicas, idiomas, tendencias y palabros franceses. José Pizarro hizo el viaje contrario: se marchó fuera para enseñarles a ellos lo que nosotros ya teníamos.

Y quizá ahí esté la gracia de toda esta historia.

Mientras media gastronomía contemporánea continúa buscando desesperadamente el próximo concepto revolucionario —fermentaciones, experiencias inmersivas, menús con argumento y platos que necesitan una explicación más larga que una escritura de compraventa—, Pizarro lleva casi 30 años defendiendo algo mucho más subversivo.

Buen producto. Buena cocina. Una copa de vino. Y una croqueta como Dios manda.

Los ingleses lo llaman The Godfather.

Nosotros podríamos llamarlo simplemente José.

Pero, visto lo visto, quizá el padrino nos guste bastante más.