Villarejo salda cuentas con el ‘Sistema’: «El CNI es un Estado dentro del Estado que opera sin control»
En El Estado contra mí, José Manuel Villarejo finalmente ofrece su versión de los hechos más controvertidos de la España reciente. Este libro, editado por Código Rojo, de más de 500 páginas no es una novela, sino un documento de consulta estructurado en apartados independientes que el lector puede abordar según sus intereses específicos, desde el atentado contra Carrero Blanco hasta el 11-M o los atentados de Las Ramblas.
Villarejo, ex comisario de policía y agente de inteligencia durante décadas, se presenta como alguien que intentó cambiar el Sistema desde dentro. Su trayectoria, marcada por una personalidad contestataria desde sus inicios —organizó la primera huelga policial en España en 1983—, lo llevó a ocupar una posición única en el entramado de poder español. Villarejo dice que no busca convencer, sino simplemente poner a disposición de la ciudadanía «otra verdad» frente al relato oficial.
Villarejo denuncia que su detención y posterior paso por prisión fue un montaje, «propio de cualquier servicio de espionaje como el CNI, acreditándose que el agente David Vidal fue quien pactó con los fiscales y miembros de la UCO de la Guardia Civil la presentación de una denuncia fingida anónima», dice.
Uno de los aspectos más reveladores del libro es su análisis del Centro Nacional de Inteligencia (CNI). Villarejo describe una institución con «inmunidad e impunidad absoluta», un verdadero Estado dentro del Estado que opera sin control parlamentario efectivo. Según su testimonio, el CNI maneja información reservada sobre jueces, políticos y otras figuras relevantes, lo que le otorga un poder desmedido sobre el Sistema.
«El CNI es el corazón del Sistema, el centro del poder, del verdadero poder que todo lo maneja y por eso, en vano, solicité declarar ante la Comisión de Secretos. Al final mi causa no fue un más que un cúmulo de mentiras, falsedades, propagandas y terror; gratuito terror para amedrentar a cualquiera que tuviera la tentación de seguir mis pasos y hacer como hice yo, denunciar las corruptelas del Sistema», presume.
El autor denuncia cómo esta estructura, dominada por lo que él denomina el «colectivo Forja» —militares con mentalidad de cruzados—, antepone la protección de la Corona a los intereses de España, encubriendo errores en lugar de corregirlos. Esta crítica se ejemplifica dramáticamente en su relato sobre los atentados de Las Ramblas.
Dos de los capítulos más impactantes abordan los atentados del 11-M y Las Ramblas. En el caso del 11-M, Villarejo revela información demoledora: las conversaciones de los terroristas fueron interceptadas durante meses, pero no fueron traducidas por falta de intérpretes debido a conflictos internos sobre el presupuesto y relaciones personales. Además, sugiere que el timing del atentado —tres días antes de las elecciones— no fue casual, sino calculado aprovechando la «poca memoria» de los españoles.
Respecto a Las Ramblas, el autor afirma que avisó en 2015 sobre la peligrosidad del imán Abdelbaki es-Satty, quien posteriormente resultó ser uno de los cerebros del atentado. Paradójicamente, este mismo imán cobraba del CNI como informador, lo que plantea inquietantes preguntas sobre la gestión de fuentes y la prevención del terrorismo.
Villarejo dedica páginas especialmente duras a criticar lo que considera la instrumentalización del Poder Judicial. Describe cómo algunos jueces y fiscales han perdido su independencia, sometidos a presiones o comprometidos por información comprometedora que obra en poder de los servicios de inteligencia. Su propia experiencia judicial —50 piezas abiertas, cuatro años de prisión— la presenta como ejemplo de esta deriva autoritaria.
Más allá de las revelaciones específicas, El Estado contra mí funciona como una advertencia sobre el estado de la democracia española. Villarejo denuncia la concentración de poder en estructuras opacas, la erosión de la separación de poderes y la manipulación de la opinión pública a través de medios de comunicación dependientes de la publicidad institucional. La pregunta que cabe hacerse es si quien habla es víctima del Sistema o un engranaje más del mismo al que por alguna razón convino quitar del medio.
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