Sayago: «El PSOE borra el éxito de Primo de Rivera y Franco en Alhucemas para complacer a Mohamed VI»
El documental 'El desembarco de Alhucemas' desvela cómo fue uno de los mayores éxitos militares de la historia
Pedro Sánchez intenta silenciar la gesta mientras Marruecos celebra la matanza de españoles en la guerra del Rif

El director de El desembarco de Alhucemas, Juanma Sayago, desvela a OKDIARIO la rendición de Pedro Sánchez a Marruecos para no honrar una de las mayores gestas militares reconocidas internacionalmente y que fue capitaneada por Miguel Primo de Rivera. «Ni incomodar a Marruecos ni ofender al sultán». Así lo denuncia sin rodeos Sayago, coordinador del Instituto de Cultura de la Fundación Disenso. Esta semana, el documental ha sido presentado en el Congreso de los Diputados y próximamente se proyectará en Ceuta y Melilla.
Miguel Primo de Rivera y el entonces comandante Francisco Franco protagonizaron una operación anfibia legendaria que pacificó el Protectorado español de Marruecos. Sin embargo, según denuncia Sayago, la victoria molesta al Ejecutivo y a la Memoria Democrática. Ahora bien, Sayago desmonta la excusa oficial y va más allá. Para el investigador, el verdadero motivo es la sumisión del Gobierno actual ante Marruecos.
La memoria democrática como pretexto
PREGUNTA.– ¿La Ley de Memoria Democrática a veces se extiende más allá del margen temporal por personajes históricos como en el caso del desembarco de Alhucemas?
RESPUESTA.– La memoria democrática se centra en el periodo que va de 1931 a 1976, pero está más relacionada con la postura que tiene el actual Gobierno respecto a Marruecos, que no quiere reivindicar un episodio histórico que pueda incomodarle o que pueda hacer que Mohamed VI se sienta ofendido. Es una cuestión de trascendencia, lectura histórica y convicción política.
P.– ¿Por qué molestaría a Marruecos recordar un episodio legendario de la historia de España?
R.– Es al final lo que sucede cuando se politiza la historia, que se impone una línea de interpretación y una narrativa, en muchos casos maniquea, que hace una distinción de buenos y malos.
En este caso, el segundo país implicado es Marruecos y ni siquiera Marruecos, porque España va a combatir allí a las tribus rifeñas, no a las tribus que estaban bajo la soberanía del sultán o que eran pro sultán de Marruecos, pero Sánchez prefiere no incomodarle, y que pueda sentir algún tipo de agravio o de vergüenza respecto a un episodio en el que España se impuso militarmente y pacificó todo el Protectorado.
Un éxito español sobre Marruecos
P.– En este documental se muestra cómo el desembarco de Alhucemas es una de las grandes gestas militares, una misión anfibia en el periodo de entreguerras, y cómo eso servirá de ejemplo en la Segunda Guerra Mundial.
R.– El desembarco de Alhucemas es una operación trascendental para la historia militar española, sobre todo para la historia del siglo XX, y que podría decirse que es una de las grandes últimas actuaciones internacionales militares de España. Después viene la Guerra Civil. España se mantuvo neutral en la Segunda Guerra Mundial y no hace mayores intervenciones.
La magnitud e importancia histórica se deben a ser una operación coordinada y conjunta entre España y Francia, en la que el mando lo asume el propio Miguel Primo de Rivera, que está presente en las operaciones que combinan el uso de la tierra, del mar y del aire.
Hay buques que participan en el desembarco, tropas que participan en las acciones militares desde el mar. Hay muchas horas de vuelo para hacer misiones de reconocimiento, algún bombardeo estratégico y, además, hay tropas sobre el terreno y eso le da una complejidad gigantesca.
Hasta entonces había pocos ejemplos exitosos. Se había intentado algo similar en Gallipoli (Turquía), en una operación de ingleses y franceses, pero fue un fracaso absoluto. Sin embargo, Alhucemas fue un éxito y se tomará como caso de estudio para los desembarcos que se harán en la Segunda Guerra Mundial, en especial por los aliados.
P.– ¿De qué manera influyó esta operación en la pérdida de poder de los nazis en el norte de África?
R.– Es previo a la Segunda Guerra Mundial. Las potencias occidentales se estaban expandiendo por el continente. Hay algunas que ya estaban asentadas, porque tienen una historia y un bagaje mucho mayor, como Francia o como Inglaterra. Otras potencias nuevas que se unifican en 1919, como Alemania e Italia, intentaban hacerse con su hueco en el mundo.
Esta es la razón por la cual el Protectorado de Marruecos será un punto clave. Se repartirá la parte oriental para Francia y la parte occidental para España (una porción de territorio además muy pequeña, menor de Extremadura), y para evitar que Alemania se sitúe en el Estrecho.
España hace ahí de tapón para la hegemonía del estrecho de Gibraltar. No acaba de tenerla del todo el Reino Unido, que está en Gibraltar; no la acaba de tener toda Francia, que está en la parte francesa de Marruecos y en Argelia; y no la tiene del todo España, pese a que controla prácticamente todo el Estrecho. Lo importante era que no estuviera Alemania y no estaba, se impidió.
Primo de Rivera y Franco
P.– Este episodio histórico exitoso tiene dos personajes principales: Miguel Primo de Rivera y el entonces comandante Francisco Franco. ¿Por qué resulta incómodo recordar este episodio y lo que hicieron estas dos personas?
R.– Son dos perspectivas diferentes, pero relacionadas. Miguel Primo de Rivera es quien asume el mando de la operación, como máximo responsable militar y además político, porque era dictador en España. Tenía una convicción tal que será bautizado por Joaquín Costa como el Cirujano de Hierro.
Sin ese mando unificado y sin otros resortes que le favoreció la dictadura, como la censura en prensa que limitaba las noticias que llegaban desde África, quizá no se habría conseguido la pacificación del protectorado español de Marruecos.
Por otro lado, tenemos a Franco, que es el máximo ejemplo de una generación de militares y jóvenes oficiales que se curten en batalla en África y que luego van a tener un papel relevante en la Guerra Civil española porque van a suponer la élite del Ejército Nacional. Primo de Rivera no está tan afectado por la Ley de Memoria Democrática, pero Franco sí.
De hecho, la última estatua que había en España de Franco estaba en Melilla. Se instaló en 1978, como tributo a su papel en la guerra del Rif, pero fue removida hace unos años basándose en la Ley de Memoria Democrática.
P.– Este episodio explica por qué nuestros abuelos y bisabuelos eran enviados en la mili a Larache, Alcazarquivir, Ifni…
R.– Claro. Al pacificarse el Protectorado se instalan bases militares en las que hay efectivos españoles. Hacer el servicio militar hasta 1925 podía suponer la muerte y fue uno de los grandes motivos de impopularidad de la guerra de Marruecos. Se enviaba a soldados con poca formación a combatir directamente con un enemigo hostil en un terreno que desconocían y muy difícil.
P.– Esto explicaría también la Semana Trágica de Barcelona, con la quema de conventos y violencia en las calles…
R.– En la Semana Trágica convergen varios factores. Primero, una huelga revolucionaria promovida por socialistas y anarquistas, en la que la guerra de África y la recluta eran terriblemente impopulares. Llegan las noticias de que ha habido otro desastre militar en África, el desastre del Barranco del Lobo, y eso agrava la situación. Reivindicaban que había preferencias en la recluta: se podía pagar para no ir al servicio militar y que otro fuera en su lugar.
La Natividad de la Virgen y el desembarco
P.– El desembarco se realiza finalmente un 8 de septiembre, que coincide con el Día de la Natividad de la Virgen. ¿Casualidad?
R.– Sí, fue fortuito. Los soldados españoles embarcan el día 5 en Ceuta y en Melilla y parten hacia las playas de Alhucemas, de Tahini, de la Cebadilla. Pero como había mal tiempo, no podían desembarcar hasta el día 8.
Las barcazas eran remolcadas por los barcos y se soltaban a punto de llegar a la playa. Muchas de ellas no llegaban a la arena. Los soldados tenían que lanzarse al agua con la lluvia, con las balas de los rifeños silbando. Ahí es también donde se curte el carácter de los españoles, de cómo legionarios y cómo regulares, incluso harqueños marroquíes que estaban en el ejército español, rinden con valor y sirven bien al ejército español y sirven bien a España.
P.– Hace un año se cumplía el centenario de esta batalla épica. ¿Qué hizo Marruecos y qué hizo España?
R.– Pese a las peticiones que hubo en el Congreso, sobre todo por parte de Vox, para que se recordara la efeméride de Alhucemas, porque es un hito en la historia militar mundial, fue rechazado por el PSOE, por Sumar, Junts y Bildu.
El Ejército español, en su artículo 27, obliga a rendir tributo a los militares españoles. Desde el estamento militar, hubo cierto descontento lo que forzó a hacerse una serie de actos, pero con un perfil muy bajo, sin apenas repercusión. No se les dio mucha difusión.
En cambio, Marruecos para tal efeméride reivindicó el desastre de Annual de 1921, en el que casi 10.000 españoles son bajas entre muertos y heridos. Sucede a manos de los rifeños, es decir, gente que se estaba levantando contra la autoridad del sultán. No son marroquíes, no se sienten marroquíes. De hecho, querían desgajar parte del territorio de Marruecos. Pero la idea antiespañola que tiene el rey sultán de Marruecos, Mohamed VI, le llevó a reivindicar este episodio, haciendo una lectura histórica en la que ponen en valor a un enemigo de Marruecos, como era Abdelkrim. Además, lo hicieron de una forma terriblemente obscena, emitiendo sellos oficiales en los que sale Abdelkrim cabalgando sobre cuerpos de soldados españoles.
Por un lado, tenemos a Marruecos, que reivindica ese antiespañolismo, aunque no sea alineado con su historia y con la reivindicación del Sultán como monarca de Marruecos. Y por otro lado, tenemos a un Gobierno español que condena al olvido o al ostracismo episodios como Alhucemas, que fueron trascendentales para la historia de España en el siglo XX.
En el horizonte el Sáhara
P.– En el horizonte inmediato tenemos el Sáhara. ¿Qué debería hacer España para honrar la historia del Sáhara?
R.– La cuestión del Sáhara es complicada. España debería ser valedora del papel que le dan las organizaciones internacionales como árbitro y vigilante de un proceso democrático en el Sáhara para que obtenga su independencia o decida sobre su independencia. Además, pese a que el Gobierno actual tomó la decisión de reconocérselo a Marruecos, es una decisión unilateral que no pasó por el Congreso. Por lo tanto, se puede revertir una decisión política como esa. Puede dar marcha atrás con un nuevo Gobierno y España lo único que debe hacer es ejercer el papel que se le da internacionalmente.
P.– Uno se pregunta cómo luego se va a defender, por ejemplo, a los guardias civiles en las fronteras de España, que mueren como cucarachas porque nuestro Gobierno no les defiende y no les da las armas para defenderse. ¿Qué contraste entre aquellas fronteras y las de hoy?
R.– Para defender una frontera tienes que tener, además de las herramientas y la convicción, un profundo sentido de amor a lo propio, de querer proteger lo que es tuyo y de lo que te sientes heredero y lo que legarás a tus hijos y a las futuras generaciones.
Si no se tiene esa convicción y no se tiene ese amor propio, es muy difícil defender una frontera. Y no solo eso, sino cuando la inmigración se está utilizando, en especial en Ceuta y Melilla, como una herramienta de guerra híbrida. Si se deja que se opere con ella, no se está intentando frenarla, porque tampoco se tiene una capacidad de disuadir a quien está utilizando la inmigración como arma, que en este caso es Marruecos.
P.– No hay mejor cierre que uno de los lemas de la Fundación Disenso de Ramiro de Maeztu: «Ser es defenderse…»
R.– Desde luego. Para poder ser y desarrollarse, es imprescindible la defensa y, sobre todo, en estos tiempos actuales.
P.– Muy buena suerte con la gira por España y más allá de nuestras fronteras.
R.– Muchas gracias. Esperamos llevarlo a Melilla y Ceuta, lugares en los que se tiene que reivindicar por la trascendencia histórica y por el legado militar que hay allí, de las unidades que combatieron en Alhucemas y que siguen vivas, como son los Regulares y la Legión.
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