Llarena el hombre tranquilo: así estaba tras conocer la jugarreta del tribunal alemán
El juez Pablo Llarena se tomó un pequeño respiro el pasado jueves, tras conocer la jugarreta del tribunal de Schweslig Holstein de dejar en libertad bajo fianza de 75.000 euros a Carles Puigdemont y soltar la bomba judicial: no entregarían al golpista a la Justicia española por el delito de rebelión.
Una conocida terraza de Madrid era el lugar elegido el pasado jueves día 5 para el descanso del guerrero. Noche cerrada ya, eran las 22.00 horas, y a la brisa del Parque del Oeste, el juez Llarena barruntaba impasible entre sorbo y sorbo de una copa y las caladas de un buen habano los siguiente pasos en el proceso judicial que marca la agenda política española y que ha sido motivo fricción con las autoridades alemanas.
En los últimos meses el magistrado del Supremo ha encarcelado a varios ex consellers del Govern golpista, entre ellos Jordi Turull, Josep Rull, Raül Romeva o Dolors Bassa, y a la ex presidenta del Parlament Carme Forcadell. Todos ellos con una importante carga probatoria a sus espaldas y con acusaciones tan graves como los delitos de rebelión, sedición o malversación. También advirtió a la Mesa del Parlament de la imposibilidad de investir president a Jordi Sànchez.
Llarena ha propiciado, con la tramitación de la Euroorden, que el huido Carles Puigdemont fuera detenido al más puro estilo de las novelas de espías de Le Carré en una gasolinera germana, en su huída por todo centroeuropa esquivando los países judicialmente incómodos.
Cada decisión de Llarena es un jarro de agua fría para el ‘procés’ por eso se han sucedido también las amenazas –esa violencia que no ven los jueces alemanes– tanto a él como a su familia, hasta el punto de tener que aumentar su seguridad personal y trasladar a su mujer a Madrid.
El próximo reto del juez, que este martes ha acudido a la II Jornada sobre Delitos Económicos y Responsabilidad Penal de las Empresas que ha tenido lugar en Salamanca, consiste en no dejar que la presa –Carles Puigdemont– se le escape entre las manos aprovechando lo que dictamina un tribunal regional alemán.
El magistrado de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo buscará la entrega de Carles Puigdemont por sedición, prevaricación, organización criminal y desobediencia. Llarena cambiará para ello el delito de rebelión por el de sedición y le añadirá organización criminal y otros dos delitos en la petición de envío a España.
El rechazo al delito de rebelión por parte de la Justicia alemana no frenará al juez Llarena. El magistrado ampliará a más delitos la petición de entrega. Y lo hará para ligar nuevas figuras que estaban englobadas realmente en la exposición del tipo de rebelión. La medida permitirá que todas esas figuras delictivas sumen penas y argumentos por los que poder juzgar sin limitación a Puigdemont en España.
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