España
Ministerio del Interior

Marlaska obliga a los guardias civiles a trasladar a presos con tuberculosis, neumonía y sarna sin EPIs

Guardias civiles denuncian la exposición constante a enfermedades contagiosas sin protocolos de seguridad adecuados

El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, obliga a los guardias civiles a trasladar a presos con enfermedades contagiosas, como tuberculosis, neumonía, meningitis y sarna, sin equipos de protección individual (EPIs). Esta situación es el pan de cada día de los agentes encargados de las conducciones y custodias hospitalarias de internos en centros penitenciarios, según informan a OKDIARIO fuentes policiales, denunciando la «grave vulnerabilidad sanitaria» a la que se enfrentan.

Los agentes denuncian que realizan traslados a urgencias y consultas externas sin conocer si el preso padece enfermedades de alta transmisión, bajo el argumento de la protección de datos. Según afirman, no se les facilita información previa para usar equipos de protección adecuados desde el primer minuto del traslado. No obstante, el colectivo ni siquiera dispone de EPIs para afrontar esta situación.

Así las cosas, los guardias civiles suelen estar horas junto a los internos en estas conducciones y custodias, y cuando son conocedores de la enfermedad a la que llevan horas expuestos, en ocasiones ya es demasiado tarde.

Una vez que reciben el aviso del traslado, a los agentes encargados se les entrega un sobre cerrado con el historial clínico del preso y han de cachearlo para cerciorarse de que no porta ningún objeto peligroso de cara a ellos, al propio interno o para terceras personas. Acto seguido, lo trasladan a pie al vehículo y es transportado al hospital, donde lo custodian durante horas o incluso días, hasta el alta.

«Parece que a nadie les importa nuestra salud», lamentan guardias civiles afectados, subrayando que «la prioridad es la burocracia por encima de la prevención de riesgos laborales de los agentes».

La asociación Independientes de la Guardia Civil (IGC) pone pie en pared en representación del colectivo denunciando públicamente esta situación en OKDIARIO, en exclusiva.

«A los guardias civiles no nos importa la patología del interno, lo que nos preocupa es cómo perjudica a nuestra salud», explica el presidente de IGC, Daniel Fernández, indicando que los agentes se enteran de que el preso tiene una enfermedad contagiosa en el momento en que el médico abre el sobre en la consulta o porque el propio interno lo comunica de viva voz al personal sanitario, tras haber compartido horas de espera en espacios reducidos y vehículos oficiales sin protección adecuada.

Dos días custodiando a un supuesto tuberculoso

El último de estos casos se produjo a mediados de este mes de marzo. Durante el fin de semana del 14 y 15 de marzo, en Madrid, y fue de riesgo continuo para agentes de la primera sección de conducciones de Madrid a raíz de un supuesto tuberculoso en observación, que finalmente resultó tener otra enfermedad, también altamente contagiosa.

Varios turnos de guardias civiles permanecieron en una sala de observación del Hospital 12 de Octubre custodiando a este interno, que había sido trasladado desde la prisión de Valdemoro (Madrid III).

Según explica IGC a este diario, la solución ofrecida por la administración a los efectivos que intervinieron en el caso se vio limitada a medidas reactivas, como realizar una prueba de detección y, en su caso, administrar una vacuna.

Para el colectivo, esta respuesta de «listo calisto» es insuficiente y llega tarde, ya que no evita el riesgo, pues la medida se toma después de que los agentes hayan podido contraer la enfermedad y, potencialmente, haberla transmitido a sus familias.

Además, la IGC destaca que el peligro no se limita únicamente a los guardias civiles –quienes trabajan en binomios de mínimo dos personas por servicio–, sino que se extiende al personal sanitario, expuesto en zonas comunes durante la espera; así como a otros pacientes y sus familiares, al permanecer los internos en salas de observación general en lugar de zonas habilitadas (unidades de custodia hospitalaria).

Y también al propio entorno familiar de los agentes, debido al riesgo de contagio secundario tras finalizar sus turnos.

Profesión de riesgo 

Desde IGC destacan que la custodia y conducción de presos es también una actividad de riesgo que se suma a la larga lista de peligros que afrontan cada día los guardias civiles que prestan servicio en cada una de las especialidades del Cuerpo, y «un motivo más para ser reconocidos como profesión de riesgo de forma urgente».

Ante esta situación de posibles contagios en los traslados, los agentes demandan protocolos de comunicación inmediata. «Es necesario que nos den información previa sobre riesgos biológicos para adoptar medidas de protección, como los EPIs, antes del contacto directo con los presos», detalla Fernández.

Asimismo, reivindica el uso de las zonas de seguridad en los centros hospitalarios. En este sentido, señala que hay que evitar las salas de espera comunes y priorizar el uso de unidades de guardia o zonas aisladas en hospitales, ya que aunque cuentan con espacios específicos para la atención sanitaria de reclusos, en muchos casos no se habilitan o se les traslada a ellas transcurrido ya un tiempo.

El colectivo también demanda equipamiento preventivo: el acceso a material de protección adecuado (EPIs) para traslados de larga duración en previsión de posibles contagios por contacto directo o indirecto.

«La seguridad de quienes nos protegen no puede quedar supeditada a una interpretación restrictiva de la burocracia. Es urgente priorizar la salud de los agentes y, por extensión, la de todos los ciudadanos», subraya el presidente de IGC indignado.