El Tesoro paga más por su deuda, pero los expertos ponen en duda su rentabilidad real
El interés marginal ofrecido a inversores por las referencia a 5, 7 y 10 años supera el 3%, todavía por debajo de la inflación
El Tesoro Público ha vuelto a elevar la rentabilidad ofrecida a los inversores en su última subasta de deuda a medio y largo plazo. El organismo ha adjudicado 6.042,8 millones de euros en bonos y obligaciones del Estado, dentro del rango previsto, con incrementos en los intereses marginales de las referencias a cinco, siete, diez y quince años, en una emisión que volvió a contar con una fuerte demanda por parte de los inversores.
En concreto, el Tesoro colocó bonos a cinco años con una rentabilidad marginal del 3,008%, frente al 2,840% de la anterior subasta; obligaciones a siete años al 3,191% (3,169% en la emisión previa); obligaciones a diez años al 3,545% (3,399% anteriormente) y deuda indexada a la inflación a quince años al 1,724%, por encima del 1,577% registrado en la anterior emisión.
Las solicitudes alcanzaron los 13.543 millones de euros, más del doble del importe finalmente adjudicado, una muestra de que el apetito por la deuda española continúa siendo elevado.
Sin embargo, el incremento de las rentabilidades no convence por igual a los analistas, que advierten de que la rentabilidad nominal no siempre se traduce en una mayor rentabilidad real para el ahorrador.
Medidor de la rentabilidad
Javier Cabrera, analista de XTB, considera que las Letras del Tesoro siguen siendo una opción atractiva para los perfiles más conservadores, aunque recuerda que el contexto ha cambiado.
«Para los inversores más conservadores siguen siendo una alternativa atractiva, aunque ya no es suficiente para cubrir los niveles de inflación que tenemos en nuestro país», explica el experto, que sitúa la rentabilidad de estos productos «entre el 2% y el 2,6%, dependiendo del plazo».
En este sentido, Cabrera cree que el principal riesgo para el ahorrador no es tanto la seguridad del producto como la pérdida de poder adquisitivo si la inflación continúa por encima de esos niveles.
Por ello, recomienda no concentrar toda la inversión en deuda a corto plazo. «Los inversores no deben renunciar a las Letras del Tesoro, sino combinarlas con otros instrumentos como renta fija a más largo plazo o incluso renta variable, siempre dependiendo del perfil del inversor y de su horizonte temporal», señala.
A su juicio, si la inflación continúa aumentando, «la ponderación en Letras del Tesoro debería disminuir para no perder poder adquisitivo o dificultar la consecución de los objetivos del inversor».
Cambio de estrategia
El repunte de la inflación también podría provocar un cambio en las preferencias de los inversores. Según Cabrera, una inflación más persistente favorecería una rotación hacia bonos con vencimientos superiores.
«Si la inflación despunta con mucha más fuerza, esta rotación puede ser mucho más severa, con los vencimientos de entre dos y cinco años siendo los más beneficiados», afirma.
No obstante, matiza que ese escenario dependerá en gran medida de la evolución de los precios y del contexto geopolítico. Si la inflación vuelve a moderarse, «las Letras del Tesoro seguirán manteniendo una alta demanda».
En cualquier caso, el analista no ve riesgos para la capacidad de financiación del Estado. «La demanda sigue siendo suficiente. En las últimas subastas, en la mayoría de los plazos, la demanda era el doble que el nominal emitido, por lo que mucho se tiene que torcer la economía para que el Estado tenga que incrementar de manera muy fuerte los tipos de interés», asegura.
Qué está pasando en el mercado de bonos
Más allá de la deuda española, el mercado de renta fija internacional también está enviando señales que los inversores siguen de cerca. Manuel Pinto, analista de XTB, considera que el reciente comportamiento de los bonos estadounidenses refleja un cambio de fondo en el mercado.
«Los rendimientos de los bonos estadounidenses a largo plazo continúan acercándose a máximos de casi dos décadas porque el mercado empieza a cuestionar quién será capaz de financiar, al mismo tiempo, el enorme déficit público estadounidense y las gigantescas inversiones necesarias para desarrollar la infraestructura de inteligencia artificial», explica.
Los expertos creen que el movimiento reciente de la deuda a largo plazo responde mucho más a un problema estructural de financiación que a un simple cambio de expectativas sobre los tipos oficiales.
Pinto añade que el desarrollo de la inteligencia artificial está modificando incluso la dinámica del mercado de bonos, ya que la construcción de centros de datos, redes eléctricas, fábricas de semiconductores e infraestructuras energéticas requerirá una financiación cada vez mayor.
A ello se suman las elevadas necesidades de emisión del Tesoro estadounidense para financiar unos déficits públicos crecientes, un contexto que, en su opinión, está impulsando al alza los tipos de interés reales y elevando las rentabilidades exigidas por los inversores.
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