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Puig se juega su futuro con Isdin: paga 42 veces sus beneficios y el mercado exige que la compra genere crecimiento

El precio de la operación y el aumento del endeudamiento elevan el listón que la compañía deberá superar ante los inversores

  • Celia Amayuelas
  • Celia Amayuelas Díaz (Madrid, 1999), periodista y economista con más de 6 años de experiencia en medios digitales, se incorporó a OKDIARIO en 2026 procedente de finanzas.com, 'El Español' y Capital Radio. Puedes contactar conmigo en celia.amayuelas@okdiario.com

Puig ha puesto sobre la mesa una de sus apuestas estratégicas más importantes con la compra de Isdin, una operación valorada en 1.200 millones de euros que refuerza su presencia en dermocosmética, pero que también ha introducido nuevas dudas entre los inversores. 

Al menos, así se reflejó en el mercado. La compañía cayó un 2,17% en la primera sesión posterior a conocerse la operación y, desde entonces, encadena días en rojo y acumula una caída cercana al 4%.

Sin embargo, las caídas de la acción no responden únicamente a la adquisición. Según Pablo Vega, experto en finanzas de Roams, la corrección de Puig ya había comenzado antes de conocerse la operación, en un contexto marcado por una mayor debilidad de las Bolsas europeas, la presión sobre el sector del lujo, el encarecimiento del petróleo y el repunte de las rentabilidades de la deuda.

Entre otras cosas, el anuncio de Isdin pone el foco en el precio pagado y el aumento del endeudamiento que ahora se le viene a Puig.

La presión sobre la acción está motivada principalmente por la «elevada valoración pagada en la transacción», que el mercado considera exigente teniendo en cuenta el crecimiento adicional que Isdin puede aportar en el corto plazo.

Compras marcadas por la incertidumbre

Vega considera que «el precio pagado es exigente» y señala el reto al que se enfrenta la compañía: «Que está comprando crecimiento futuro y no solo el negocio actual».

Para conseguirlo, Isdin tendría que recuperar crecimientos de doble dígito, mejorar sus márgenes y generar sinergias suficientes para compensar el esfuerzo financiero de la adquisición.

Javier Cabrera, analista de XTB, pone cifras a esa exigencia. Según explica, la operación se ha cerrado a unas 42 veces el beneficio neto de Isdin en 2025, en un momento en el que ese beneficio ya había caído un 14% interanual y los márgenes habían sufrido una contracción.

El desembolso tampoco es menor para Puig. El primer pago, de 900 millones de euros, representa más del 9% de la actual capitalización bursátil de la compañía, mientras que la valoración global de Isdin, fijada en 2.400 millones, equivale aproximadamente a una cuarta parte del valor bursátil del grupo.

La operación se financiará combinando caja propia y endeudamiento, lo que supone una adquisición importante. Ese movimiento ha contribuido a aumentar la presión sobre la cotización, aunque los analistas no sitúan el principal riesgo en una eventual falta de solvencia.

Cabrera señala que Puig mantendrá su ratio de deuda neta sobre EBITDA ajustado por debajo de las dos veces y considera que el endeudamiento de la compañía sigue siendo moderado. En definidas cuentas, la operación supone un coste financiero anual y reduce la flexibilidad estratégica de Puig mientras la compañía absorbe la operación.

Por eso, uno de los principales indicadores que habrá que seguir será la velocidad con la que el grupo consiga reducir su apalancamiento mediante generación de caja. Más allá de la reacción bursátil inmediata, los analistas encuentran una lógica estratégica en la operación.

Puig ha reforzado tradicionalmente su negocio de perfumería y fragancias, pero la compra de Isdin aumenta de forma significativa el peso de la dermocosmética, un segmento con posiciones en fotoprotección, dermatología y farmacia.

Qué mira con lupa el mercado

Vega considera que la adquisición supone «un paso importante en la diversificación de Puig» y puede reducir la dependencia de las fragancias, un negocio más expuesto al ciclo del lujo. Desde XTB, consideran especialmente importante conseguir una mayor estabilidad en el negocio de cuidados para la piel.

Además, Isdin no es un activo completamente desconocido para Puig. La compañía ya participaba en ella desde hace décadas, algo que, según Vega, debería reducir parte del riesgo habitual asociado a la integración de una adquisición.

El movimiento llega mientras Puig afronta otro desafío: demostrar que puede mantener un crecimiento elevado después de varios años de fuerte expansión de su negocio de fragancias.

Vega apunta a que las fragancias siguen siendo el gran motor de Puig, pero precisamente por ello el mercado se pregunta hasta qué punto pueden mantenerse los ritmos de crecimiento registrados en años anteriores.

A esto se suma, según el analista, el impacto que las tensiones en Oriente Medio ya han tenido sobre las ventas del grupo, lo que introduce un elemento adicional de incertidumbre para los próximos trimestres. Además, el mercado no olvida lo de Estée Lauder. En este sentido, la adquisición de Isdin también debe interpretarse a la luz del fracaso de las conversaciones con Estée Lauder.

Vega considera que ambas operaciones tienen una naturaleza muy diferente. Mientras que una eventual integración con Estée Lauder habría sido transformacional, Isdin encaja en una estrategia «más selectiva y de menor riesgo de ejecución».

La operación puede interpretarse, por tanto, como una vía para continuar creciendo mediante adquisiciones, aunque con una condición: que se trate de activos con un elevado encaje estratégico y que Puig conozca bien.

No se trataría tanto de crecer a cualquier precio como de utilizar el crecimiento inorgánico para ganar escala y diversificación en áreas concretas. A partir de ahora, los inversores tendrán que vigilar especialmente la deuda, la generación de caja, el crecimiento de Isdin y los márgenes del grupo.

Vega considera fundamental comprobar si Isdin consigue recuperar ritmos sostenidos de crecimiento de doble dígito y si la integración permite mejorar su rentabilidad.

También será relevante la evolución del margen EBITDA consolidado para determinar si la adquisición termina diluyendo o reforzando la rentabilidad del grupo.

Próximos resultados como prueba

Cabrera añade otro elemento derivado de la operación: el cambio en el método contable. Con la integración global de Isdin, Puig incorporará directamente sus ventas y costes a las cuentas del grupo, frente al sistema anterior, en el que se incluía únicamente la parte correspondiente del beneficio neto.

Eso puede modificar la lectura de los márgenes y hará especialmente importante analizar la evolución de las cifras una vez la nueva estructura esté plenamente reflejada en las cuentas.

La cotización ya ha recogido parte de las dudas, según Vega. El experto señala que Puig cotiza actualmente en torno a 15,7 veces los beneficios estimados para 2026, una valoración inferior a la de otras grandes compañías del sector.

Eso, sin embargo, no elimina el riesgo de volatilidad. Una moderación mayor de la demanda, un deterioro del entorno económico o unos resultados inferiores a las expectativas podrían mantener la presión sobre el valor.

Por eso, Cabrera considera que el mercado necesita ahora «varias presentaciones de resultados con un crecimiento sano de los ingresos comparables». El analista apunta incluso a un nivel concreto: si los ingresos crecen por encima del 6%, el mercado empezaría a mirar con mejores ojos a la compañía, según su interpretación.

El próximo Día del Inversor puede convertirse en otra referencia importante. Para Vega, será especialmente relevante que la dirección detalle las sinergias de Isdin, el calendario de reducción de deuda y sus previsiones de crecimiento y rentabilidad.

El debate que deja la operación se resume así: Isdin puede ayudar a Puig a diversificar su negocio y reducir su dependencia de las fragancias, pero el precio pagado eleva las exigencias que tendrá que cumplir la compañía.