¡El mercado impone su ley!
– Muchos niños del barrio tenían que ir a la escuela con zapatos rotos, o descalzos.
– ¿Por qué sus padres no les compraban zapatos nuevos?
– Debido a que sus padres habían perdido sus empleos cuando cerraron las fábricas de zapatos.
– ¿Por qué cerraron las fábricas?
– Porque nadie tenía dinero para comprar zapatos.
Ben Bernanke
A lo largo de 2007 el mercado de renta variable americano vivió sumido en un nuevo paradigma. El efecto riqueza de la sociedad capitalista se adentró en un artificial éxtasis creado por una burbuja crediticia, que se justificó gracias a la titularización de instrumentos hipotecarios en fondos de inversión. Nuevamente, mi querida ingeniería financiera permitió a los bancos emitir deuda sin parar, y de ese modo hinchar su cuenta de resultados para poder ganar salarios de decenas de millones de dólares. El crecimiento de las economías emergentes sirvió para justificar una nueva demanda que se bautizó como “reequilibrio global”.
Una vez más, este mundo creyó vivir en una sociedad ajena al peligro económico y la normalidad con la que se acepta el poder de la deuda, derivó en una tormenta financiera que hundió al mundo capitalista en una crisis, que sin duda ¡ha cambiado el mundo para siempre!
«Este mundo creyó vivir en una sociedad ajena al peligro económico y a la normalidad con la que se acepta el poder de la deuda»
Nuestra sociedad vivía, y me atrevería a decir que vive, en una complacencia difícilmente comprensible, pero la gravedad de la crisis pasada ha sometido al sistema capitalista a un círculo vicioso cuanto menos pernicioso. Y es que la situación es tan grave, que por más que nos cueste comprender, el mundo capitalista se enfrenta a una paradoja difícilmente superable. La determinación con la que Mr. Powell accedió al poder, se vió truncada el último trimestre del 2.018, momento en el que las bolsas amenazaron a la FED… “Si reduces el balance, me cargo el efecto riqueza”. -25% sin despeinarse, como vulgarmente se denomina en el idioma de nuestro querido Cervantes.
El chantaje del mercado y la manipulación del mismo han prevenido a las bolsas de su mal endémico; la falta de liquidez. Si no hay pasta, ¡el juego se acaba! Powell entró en la FED con ganas de pasar a la historia, pero su determinación se mide en un 2,5%. Y lo que es peor, un intento interruptus del desapalancamiento en el balance de la FED. Tal es el pánico, que los bancos centrales temen a la deflación, y su incipiente sesgo monetario alcista ha pasado nuevamente al lado dovish (palabra de moda en Wall Street, que refleja la sumisión de los líderes bancarios al mercado).
Todos queremos que la alegría prosiga… Es lógico y natural. Nadie en su sano juicio es capaz de defender un discurso apologista en pro de la prevención. Pero la realidad, señores, es que nuestra economía sigue consumiéndose por culpa de la quiebra del sistema financiero de 2008, que el propio sistema trata de ocultar.
«Nuestra economía sigue consumiéndose por culpa de la quiebra del sistema financiero de 2008, que el propio sistema trata de ocultar»
El desequilibrio social es solamente una muestra, entre los datos que explican que todo va bien y la cruda realidad. Esta semana la FED ha hablado y como no podía ser de otra manera, se ha excusado en su esmero de explicar que un dato (el excelente dato de empleo) no variará la decisión de la FED. Y no se equivoquen, la decisión de la FED no es en absoluto benévola con el consumidor, ¡muy al contrario! La realidad es que la FED se encuentra en tesitura delicada.
Nadie se quiere enfrentar al gran problema que se extiende como un tumor sobre nuestra economía. Las divisas pierden valor debido a la impresión de facto de 10 trillones de dólares. La manipulación del consumidor se yuxtapone sobre los mercados, ávidos de liquidez. Romper el equilibrio “consumo-recuperación”, es un problema que nadie está dispuesto a resolver. Y aquí está el quid del asunto; la peligrosa complacencia y la falta de determinación. Como le preguntaba Ben Bernanke (ex presidente de la FED) a su madre, con 7 años de edad, ¿por qué los padres no compran zapatos nuevos a sus hijos? Porque sus padres perdieron sus empleos cuando cerraron las fábricas de zapatos. ¿Y porqué cerraron las fábricas? Porque nadie compraba zapatos.
Piensen por un momento que las fábricas son los mercados y los zapatos la liquidez, y tal vez comprendan que el verdadero problema que azota la economía es la deflación y que mientras sigamos comprando zapatos… ¡el mercado seguirá caminando descalzo!
Gisela Turazzini
CEO, Blackbird Broker
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