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Economía
Calefacción

Los expertos en climatización coinciden: «Dejar la calefacción puesta al mínimo todo el día no es la mejor forma de reducir la factura del gas»

Cuando llega el frío siempre aparece una duda que es común en muchas casas, y es si sale más barato apagar la calefacción cuando nos vamos o es mejor dejarla encendida al mínimo para que la vivienda no llegue a enfriarse. A primera vista, mantener una temperatura baja durante todo el día puede parecer una buena idea de modo que cuando volvemos a casa, la caldera no va a tener que trabajar tanto para recuperar el calor perdido. Sin embargo, los especialistas en climatización llevan tiempo desmontando este razonamiento. Una vivienda pierde calor mientras exista diferencia de temperatura con el exterior y, si queremos conservarla caliente durante horas, el sistema tendrá que seguir consumiendo energía aunque nadie esté dentro.

El Centro Nacional de Educación Ambiental, dependiente del Ministerio para la Transición Ecológica, lo explica de forma clara: se gasta menos apagando la calefacción durante la noche o cuando la vivienda queda vacía que manteniéndola continuamente encendida. No significa que debamos volver y encontrarnos la casa completamente fría ni renunciar al confort. La cuestión está en utilizar la calefacción cuando realmente hace falta y aprovechar los termostatos y programadores para que se encienda antes de que lleguemos. También influye mucho el aislamiento, porque una vivienda con ventanas deficientes perderá temperatura mucho antes que otra bien acondicionada.

Dejar la calefacción puesta al mínimo todo el día no es la mejor forma de reducir la factura del gas

Mientras una casa se mantiene caliente, parte de esa energía se escapa constantemente hacia el exterior a través de fachadas, ventanas, puertas o tejados. Por ello, la caldera tiene que compensar esas pérdidas para conservar la temperatura marcada en el termostato y aunque funcione a menor potencia o se active sólo por intervalos, continúa consumiendo gas durante las horas en las que quizá nadie esté aprovechando ese calor.

Al apagarla, la temperatura interior empieza a descender. Pero cuanto más se acerca a la del exterior, menor es también la velocidad a la que pierde calor. Entonces, cuando volvamos a casa habrá que volver a calentar la vivienda, aunque eso no significa que hayamos gastado más que manteniéndola caliente durante toda nuestra ausencia. Por eso, como regla general, calentar durante horas una casa vacía no aporta ninguna ventaja económica.

Programar la calefacción puede resultar mucho más práctico

Apagar no significa pasar frío al volver a casa. Los termostatos programables permiten decidir a qué hora debe empezar a funcionar la calefacción y evitar así tenerla encendida desde primera hora de la mañana hasta la noche. De este modo, si por ejemplo una persona vuelve habitualmente a casa a las siete, puede programar el encendido algo antes y encontrar una temperatura agradable cuando llegue. En cuanto al tiempo previo para encender la calefacción antes de regresar, se suele decir que al menos 20 o  30 minutos antes aunque dependerá de si nuestra casa es pequeña, que tardará menos tiempo o una grande. El aislamiento además también es un factor a tener en cuenta.

La temperatura que marcamos también se nota en la factura

Otro hábito bastante común consiste en subir el termostato hasta 24 o 25 grados pensando que así la habitación se calentará más deprisa. El termostato no funciona de esa manera. Marcar una temperatura mayor simplemente hace que la calefacción continúe trabajando durante más tiempo hasta alcanzar ese nivel. Por ello, el IDAE sitúa alrededor de los 20 o 21 grados una temperatura razonable durante las horas en las que estamos en casa y recuerda que subir cada grado incrementa el consumo aproximadamente un 7 %. Puede parecer poca diferencia cuando se mira el termostato, pero mantener varios grados de más durante todo el invierno termina reflejándose en la factura.

Por la noche tampoco es necesario conservar la misma temperatura que durante el día. Al estar en la cama, las necesidades cambian. En casas que son muy frías puede mantenerse una temperatura mínima, pero eso no equivale a dejar la calefacción funcionando de la misma forma durante las 24 horas.

Evitar que el calor se escape también ayuda a gastar menos

Por último, poco se consigue afinando el termostato si el calor desaparece por una ventana que no cierra bien. Revisar puertas y ventanas antes del invierno puede descubrir pequeñas corrientes de aire que obligan a la calefacción a trabajar más. Los burletes son una solución sencilla para algunos de estos puntos, mientras que bajar persianas y cerrar cortinas al caer la noche ayuda a conservar mejor la temperatura.

Los radiadores también necesitan estar despejados. Colocar un sofá delante o cubrirlos con cortinas dificulta que el aire caliente circule por la habitación. Conviene además purgarlos cuando acumulan aire, porque en ese caso pueden calentarse solo parcialmente. La fórmula para pagar menos no consiste, por tanto, en mantener la caldera encendida «por si acaso». Programarla según los horarios de casa, no pedirle más temperatura de la necesaria y evitar que el calor se marche con demasiada facilidad suele ser mejor opción que calentar habitaciones vacías durante todo el día.