Nuevos audios del apagón prueban que Red Eléctrica descartó apoyo de Almaraz: «¡Nos vamos a tomar por culo!»
REE ignoró avisos de colapso por la solar y descartó Almaraz antes del apagón
El día del gran apagón eléctrico en España, el 28 de abril de 2025, quedó marcado por una sucesión de advertencias técnicas que no fueron atendidas a tiempo. Los audios internos de operación revelan cómo Red Eléctrica de España (REE) fue consciente desde horas antes de la inestabilidad del sistema, causada por la fuerte penetración de la energía fotovoltaica y la falta de generación con inercia, pero descartó activar mecanismos clave como un mayor apoyo de la central nuclear de Almaraz. Cuando quisieron ese apoyo, ya era tarde: «Hostia, hostia… ¡Nos vamos a tomar por culo!».
A lo largo de la mañana, los operadores detectaron problemas crecientes en la red, especialmente en zonas con alta producción solar. Sin embargo, desde REE se trasladaba un mensaje de relativa normalidad. «No hemos tenido ninguna incidencia en la red de transporte», aseguraban en una primera comunicación tras una caída en una subestación en Cañaveral. Ese diagnóstico inicial contrastaría con lo que vendría después.
La solar dispara las oscilaciones
A media mañana, la situación comenzó a deteriorarse rápidamente. Desde distintos puntos del sistema eléctrico se reportaban oscilaciones de tensión cada vez más acusadas. La propia REE reconocía que el origen del problema estaba en la producción fotovoltaica: la generación solar entraba y salía del sistema de forma brusca, provocando subidas y bajadas de tensión generalizadas.
Los operadores hablaban ya de un fenómeno extendido por toda Andalucía, donde la alta penetración de renovables agravaba la volatilidad. En las comunicaciones internas se admitía que «la variación de la producción solar» estaba detrás de esas oscilaciones, que no eran puntuales, sino estructurales en ese momento.
La situación se volvió aún más crítica al mediodía. Desde REE se reconocía abiertamente que había «oscilaciones en todo el sistema» y que estas estaban directamente vinculadas a la fotovoltaica. Pero el problema iba más allá: el propio operador señalaba que había «pocos grupos con inercia en el sistema», una referencia directa a la ausencia de tecnologías como la nuclear o los ciclos combinados, que aportan estabilidad a la red.
En ese contexto, uno de los técnicos llegó a resumir el escenario con crudeza: la situación era «muy complicada». La red eléctrica española estaba funcionando con un equilibrio extremadamente frágil.
Se descarta Almaraz y llega el colapso
Pese a ese diagnóstico, REE optó por no activar de forma inmediata fuentes de generación más estables. La central nuclear de Almaraz, que podría haber aportado inercia al sistema, no fue integrada a tiempo. De hecho, cuando el operador eléctrico advirtió de que la planta estaba sufriendo fuertes variaciones y que podría «disparar» (desconectarse automáticamente), la respuesta fue minimizar el riesgo.
Desde REE se insistía en que, aunque la situación «no era idónea», se estaban aplicando medidas dentro de sus posibilidades para corregir las oscilaciones. Se descartó un apoyo mayor de Almaraz y, sin embargo, esas medidas resultaron insuficientes. El pico de tensión fue tan fuerte, y se compensó tan mal, que ya fue imposible recuperar a tiempo el sistema.
La tensión siguió aumentando y, ante la falta de respuesta inmediata, se empezó a considerar la entrada de otras centrales como Castejón 2, aunque con tiempos de reacción incompatibles con la urgencia del momento. La respuesta técnica llegaba tarde.
Apenas unos minutos después, el sistema colapsó. En la comunicación final, la reacción desde REE fue de sorpresa y desconcierto ante la caída total del sistema eléctrico. La red se desconectó de forma abrupta, confirmando que el problema de fondo (la falta de inercia en un sistema dominado por renovables intermitentes) no había sido corregido a tiempo.
El apagón dejó en evidencia una vulnerabilidad estructural. La dificultad de gestionar un sistema eléctrico con alta penetración de energías renovables sin el respaldo suficiente de tecnologías firmes como la nuclear. Los audios reflejan cómo esa debilidad fue detectada en tiempo real, pero no se tradujo en decisiones operativas eficaces.
La secuencia de acontecimientos apunta a un fallo de previsión y gestión en un momento crítico, en el que la estabilidad del sistema dependía de decisiones que no se tomaron. El resultado fue un colapso eléctrico que puso en jaque la seguridad energética y abrió un debate sobre el equilibrio entre renovables y generación convencional en España.
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