Javier Duque, agricultor aragonés (28 años): «Estudié informática para ser programador, pero aquí he encontrado mi pasión y ahora vivo mejor cada día»
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Cuando se trata de reinventarse profesionalmente, realmente son pocos los casos que consiguen ilustrar tan bien lo que significa apostar por la felicidad por encima del éxito convencional, pues la tecnología funciona como un puente y no como una barrera entre el mundo digital y el campo más tradicional.
En este caso se trata de Javier Duque, un joven de 28 años que ha decidido dejar atrás la programación para dedicarse por completo a la agricultura, encontrando en la tierra la vocación que nunca imaginó tener.
Conocido como @duquitoo_ o Agroduque en redes sociales, nació en Huesca y dio un giro radical a su vida profesional al pasar de la informática al campo. Este joven, que ya acumula 44 mil seguidores en Instagram, se dedica a crear contenido sobre su vida como agricultor, publicando en YouTube e Instagram reels y shorts sobre mecánica, siembra y su día a día real desde Fraella, Huesca.
Por qué Javier Duque dejó la informática para ser agricultor
«Estudié informática para ser programador. El campo nunca me atrajo, aunque mi padre siempre fue agricultor», reveló en una entrevista con El Español de Aragón.
Tras acabar la carrera y ejercer un año su profesión, Duque se dio cuenta de que aquella vida no le llenaba, hasta el punto de reconocer que fue una época bastante mala en su vida, lo que le llevó a decidir cambiar de rumbo. Antes de encontrar su gran pasión, probó suerte con varios empleos: «Tuve varios trabajos diferentes: repartidor de correos, en una tienda de recambios de coches…», explica.
No fue hasta que su padre, agricultor de toda la vida, le propuso entrar en el campo que Duque encontró su vocación. «Un día mi padre me pidió ayuda. Me gustó y, al mes, ya era autónomo, trabajando a diario», relata.
Hoy, cinco años después de tomar aquella decisión, no se plantea volver a la informática. «Aquí he encontrado mi pasión. El campo me ha cambiado la vida y vivo mucho mejor porque cada día me levanto para hacer algo que me gusta», explica el joven, y añade: «Yo nunca había tirado por aquí ni lo había nombrado; me había subido al tractor tres veces en mi vida, y hacer un cambio tan drástico sorprende, pero cuando me ven, notan que me apasiona».
Esta decisión puede sorprender en un principio, ya que cada vez son más los jóvenes que optan por estudiar carreras u oficios alejados del campo. Aun así, Duque comparte su rutina como agricultor en redes sociales, acumulando miles de visitas. «Muestro lo bueno y lo malo. La gente me apoya», comenta, y sobre su papel como creador de contenido añade: «Veo que ayuda a quitar el estereotipo: el sector primario está lleno de tecnología, es súper puntero, no es un trabajo anticuado y, a día de hoy, cualquier persona, hombre o mujer, joven o mayor, se puede dedicar a ello».
Pese a tratarse de una profesión marcada por la incertidumbre del clima y la precarización, de la que cada vez más jóvenes se alejan, Duque trata de explicar la satisfacción que siente al ejercerla: «Ver crecer un cultivo que has sembrado y que salga bien genera un sentimiento por dentro que no se puede explicar». Una forma de dejar claro que, aunque sea un oficio duro, resulta igualmente gratificante.
Ventajas de combinar informática y agricultura
El caso de Javier Duque refleja una tendencia creciente: jóvenes profesionales que aplican la tecnología para optimizar el campo, logrando una mejor calidad de vida y una mayor rentabilidad.
Entre las principales ventajas de esta combinación destaca la automatización, con el uso de sensores para controlar el riego y la humedad del suelo, y los drones, empleados para el monitoreo aéreo en la detección de plagas o deficiencias nutricionales en los cultivos.
El big data permite además analizar datos climáticos históricos para predecir las mejores épocas de siembra, mientras que el software especializado facilita la gestión de costos, inventarios y márgenes de ganancia. A todo ello se suma el comercio directo, a través de plataformas digitales que permiten vender productos sin intermediarios.
Combinar el campo con la informática transforma un sector tradicional en un negocio más eficiente, predecible y sostenible, resolviendo dos de los grandes problemas históricos de la agricultura: la incertidumbre climática y el desperdicio de recursos.
Entre los beneficios clave de esta digitalización se encuentra el ahorro de dinero, ya que los sensores miden la humedad exacta para no gastar agua ni fertilizantes de más, y también un menor esfuerzo físico, gracias a la automatización de las tareas más pesadas.
Permite además tomar decisiones basadas en datos, en lugar de depender del azar o la intuición para saber cuándo cosechar, y contribuye a una mayor producción, al obtener más kilos de alimento por cada metro cuadrado cultivado. También favorece el cuidado ambiental, al aplicar químicos solo donde realmente se necesitan, protegiendo así la salud del suelo, y resulta atractiva para las nuevas generaciones, ayudando a frenar el abandono de las zonas rurales.
Cómo se usan los drones para detectar plagas en tiempo real
Los drones detectan plagas en tiempo real combinando vuelo autónomo, cámaras especializadas e inteligencia artificial para identificar problemas antes de que sean visibles al ojo humano.
El proceso comienza con cámaras multiespectrales, capaces de capturar longitudes de onda de luz, como el infrarrojo cercano, que reflejan el estado de salud de las hojas. A partir de ahí, el software calcula el índice de vegetación, conocido como NDVI, ya que las plantas enfermas o estresadas reflejan menos luz infrarroja que las sanas.
Las imágenes se envían después por redes 4G o 5G a servidores que procesan mapas de salud del cultivo en cuestión de minutos, mientras que los algoritmos de inteligencia artificial comparan las hojas con bases de datos para identificar el tipo exacto de plaga. Por último, el sistema envía alertas georreferenciadas, con las coordenadas GPS exactas del foco de la plaga, directamente al teléfono del agricultor.
Frente al método tradicional, esta tecnología ofrece una rapidez extrema, permitiendo revisar 50 hectáreas en apenas 20 minutos, una tarea que a pie llevaría días enteros.
Además, logra una detección prácticamente invisible al ojo humano, encontrando el estrés hídrico o la plaga días antes de que la planta cambie de color a simple vista, y permite una fumigación dirigida, aplicando pesticidas solo en las plantas afectadas, lo que reduce tanto los costos como la contaminación.
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