Mourinho ya tiene equipo. Después de probar, ajustar y buscar la manera de encajar las piezas, el portugués empieza a reconocer al Real Madrid que quiere construir. Un conjunto con talento para mandar con el balón, piernas para sostenerse cuando lo pierde y compromiso para defender junto. Todavía queda recorrido. Mucho, seguramente, para un entrenador que siempre encuentra algo que corregir. Pero Mou ya tiene una base sobre la que crecer. Y eso, a estas alturas, tiene un valor enorme.
La clave está en cómo se relacionan sus futbolistas. En conseguir que las virtudes de uno ayuden al compañero y que las necesidades de otro queden cubiertas. El Real Madrid dispone de jugadores capaces de resolver un partido con una acción, pero Mourinho necesitaba darles una estructura que también funcionase entre una genialidad y la siguiente. Que el equipo pudiera atacar sin quedar partido. Que tuviera recursos para defender sin entregar toda la iniciativa.
Esa búsqueda ha tenido su principal laboratorio en el centro del campo. Al final de la rueda de prensa tras ganar el Clásico, el técnico volvió sobre el doble pivote, una de las cuestiones que más le han ocupado desde que comenzó a dar forma a su Madrid. Primero probó con Valverde y Tchouaméni. También utilizó a Güler en esa zona. La combinación de Bernardo Silva y el francés ha ofrecido una respuesta que invita al optimismo.
Bernardo y Tchouaméni dan sentido al Madrid
El portugués y el francés reúnen buena parte de lo que Mourinho necesita para sostener su propuesta. Tchouaméni aporta presencia física, capacidad para recuperar y protección por delante de los centrales. Bernardo pone claridad, ofrece una salida y ayuda a que el Madrid encuentre el siguiente pase. Uno permite sujetar al equipo. El otro contribuye a que avance con sentido.
Sus funciones se cruzan y se necesitan. La creatividad de Bernardo gana valor cuando tiene una estructura que le permite intervenir. El trabajo de Tchouaméni también luce más cuando una recuperación encuentra continuidad con el balón. Ahí empieza a aparecer el equilibrio que persigue Mourinho. En definitiva, un Madrid capaz de jugar y de competir, de llevar la iniciativa y de responder cuando el rival le obliga a retroceder.
El técnico entiende que todavía puede exigir más. Más fútbol, más continuidad y más goles. Las buenas sensaciones no cierran el trabajo, pero sí permiten hacerlo desde una posición diferente. Ahora hay mecanismos que funcionan y una sociedad sobre la que desarrollar el resto.
Un equipo que se compensa y se reconoce
La idea se extiende a los costados. Mourinho busca que los laterales se complementen. Uno con mayor recorrido y vocación ofensiva; otro más pendiente de asegurar la posición y dar solidez. Cada subida necesita una cobertura. Cada riesgo debe encontrar una respuesta dentro del propio equipo.
También ocurre por delante. Un extremo puede acercarse al interior del bloque rival, participar entre líneas y asociarse; el otro, abrir el campo y explotar la banda. Esas diferencias amplían las posibilidades del Madrid y dificultan la tarea de quien tiene enfrente. A Mou le gusta que sus jugadores ofrezcan soluciones distintas dentro de una misma idea.
Por encima de los nombres, esa es la conquista que más valora el portugués en los últimos encuentros. Empieza a tener un equipo que ataca junto y que se implica por completo cuando toca defender. La intensidad deja de depender únicamente del esfuerzo individual cuando el compañero está cerca y todos entienden qué necesita la jugada.
Los próximos partidos fuera de casa pondrán a prueba esa construcción. Habrá citas para dar un paso adelante y otras que exigirán mayor protección. Mourinho tiene alternativas para ajustar el planteamiento sin perder la estructura que empieza a funcionar. Ha encontrado una base, reconoce las piezas y sabe cómo quiere relacionarlas. Ahora le toca conseguir que su Madrid la sostenga lejos de casa.