El Real Madrid ganó en Roma, pero sigue teniendo un problema con el fútbol. La remontada del Olímpico dejó una victoria emocionante, tres puntos y otra demostración de orgullo. También confirmó que el equipo mejora cuando entran los jugadores capaces de ordenar los ataques y darle sentido al balón. Arda Güler y Bernardo Silva cambiaron el centro del campo. Endrick y Carlos Espí pusieron la energía y los goles. El banquillo rescató una noche que durante muchos minutos había sido insostenible.
Mourinho tiene motivos para celebrar la reacción y otros tantos para revisar su apuesta. El Real Madrid no puede acostumbrarse a necesitar una emergencia para encontrar su mejor versión. Ante la Roma, el equipo sufrió para salir, para enlazar pases y para responder a la presión italiana. La pareja formada por Tchouaméni y Valverde no consiguió gobernar el encuentro y Bellingham quedó demasiado lejos de la elaboración.
El problema no es una derrota que finalmente no llegó. Es la sensación de que al Real Madrid le cuesta construir un juego reconocible y que depende demasiado de las acciones individuales. La calidad de sus delanteros permite resolver muchos partidos, pero los rivales que presionan bien y obligan a pensar rápido exponen sus dificultades. En el Olímpico ocurrió hasta que Mourinho modificó el equipo.
Más talento para evitar otra noche al límite
El Camp Nou obliga a tomar decisiones. Antes llegarán otros compromisos, pero el Clásico aparece como un examen que exigirá bastante más que resistencia y pegada. El peligro no consiste únicamente en perder. Consiste en que el Real Madrid vuelva a verse sin respuestas, alejado del balón e incapaz de controlar lo que sucede sobre el césped.
La entrada de Güler y Bernardo en Roma ofrece una pista. Ambos ayudaron a encontrar pases, sostener las posesiones y acercar al equipo al área contraria. Tener más jugadores que participen en la construcción también reduce el número de ataques que debe defender la zaga. El equilibrio empieza por evitar que cada pérdida encuentre a los blancos partidos.
Eso no convierte a Tchouaméni o a Valverde en los únicos responsables. El francés puede aportar como sostén y el uruguayo tiene unas condiciones físicas fundamentales. La cuestión es cómo acompañarlos y qué necesita el conjunto. Acumular recorrido no garantiza controlar un partido. Para eso también hacen falta pausa, precisión y compañeros que ofrezcan líneas de pase.
Valverde al costado y un centrocampista más
La sanción de Vinicius permite plantear una reorganización. Su ausencia deja espacio para introducir un cuarto centrocampista y dibujar un 4-4-2 con mayor capacidad asociativa. Mourinho dispone de una oportunidad para buscar una estructura que dé continuidad al fútbol que apareció durante la remontada.
Una de las alternativas pasa por Valverde en el costado derecho, incluso al lateral. Su velocidad, capacidad de recuperación y despliegue le permiten responder en esa posición y liberar un puesto en el centro del campo. Desde ahí también puede incorporarse y ayudar por dentro cuando el partido lo requiera.
Ese movimiento permitiría mantener a Tchouaméni como apoyo defensivo y reunir por delante o a su lado a Bernardo Silva, Arda Güler y Bellingham. Más jugadores capaces de recibir, combinar y dar continuidad a los ataques, con dos referencias ofensivas para aprovechar lo que se construya. Una opción que también exigiría compromiso sin balón y ajustes para proteger los costados.
Mourinho defendió en Roma que hay momentos para cada futbolista y que los cambios formaban parte de su estrategia. La victoria respalda su intervención durante el encuentro. Ahora le corresponde decidir cuánto de aquella reacción debe trasladarse al once inicial. El Real Madrid tiene talento para jugar mejor. El siguiente paso es ponerlo a trabajar junto antes de que el marcador obligue.