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ENTREVISTA OKDIARIO

Thiem, el prodigio que se retiró prematuramente por su lesión de muñeca: «Alcaraz ha tenido la paciencia que me faltó»

El austriaco de 33 años, que lleva retirado desde 2024 tras sufrir una grave lesión en 2021, dialoga con OKDIARIO

Ganó un US Open, disputó cuatro finales de Grand Slam, fue tercero del mundo y desafió al 'Big Three'

Alcaraz ha regresado exitosamente de la lesión que se cobró la carrera de Thiem, ahora futbolista en su país

«¡Dominic, Dominic!», brama un pequeño, cuya envergadura ocupa algo más que su raqueta de tenis, cuando ve a Thiem (Austria, 1993) desfilar por las tripas de la Rafa Nadal Academy. El ex tenista —sigue siendo chocante referirse en pretérito al austriaco de 33 años— posa de buenas formas. No ha terminado de fotografiarse con uno cuando otro aficionado le pide una firma en la pelota de tenis. «Todavía soy famoso», bromea antes de iniciar su conversación con OKDIARIO. Dominic Thiem podría estar compitiendo. Su percha, tonificada y cuidada, lo pide a gritos. De hecho, lo estaría haciendo de no haber sido por aquella lesión en su muñeca allá por 2021.

Había disputado cuatro finales de Grand Slam y en su vitrina descansaba un US Open, además del tercer escalón en el ranking, cuando su articulación tiró del freno de mano. Comenzó un fundido a negro que se completó en 2024, cuando anunció su retirada. Aquella lesión es muy similar a la que ha sufrido Alcaraz en 2026. «Él ha tenido la paciencia que me faltó. Ha estado casi medio año sin jugar, mientras que yo volví demasiado pronto a entrenar», dice a este periódico. Thiem era un terrícola. Un tenista de tierra batida. Ganó 10 de sus 17 títulos en dicha superficie. El Príncipe de la tierra, lo apodaban.

¿Por qué no, rey? Porque el cargo lo ostentaba Rafa Nadal de forma vitalicia. Ambos se enfrentaron en dos finales de Roland Garros y ambas fueron para el balear. «El partido ya lo empiezas perdiendo cuando escuchas su presentación en la Philippe Chatrier», apunta Thiem en referencia a aquel mítico recital Marc Maury. «En 2005, 2006, 2007, 2008, 2010, 2011, 2012, 2013, 2014, 2017, 2018, 2019, 2020 y 2022″. Ya saben. «El estadio se volvía loco», rememora. Ahora ve el tenis desde la barrera. Ha cambiado raqueta por el balón de fútbol y un deporte individual por otro colectivo. Thiem se bate en el Badener AC de la Segunda División de Triestingtal, en Austria. «No es a nivel profesional, lo hago por diversión», dice antes de que otro aficionado le pida la enésima foto. Todavía es famoso.

Pregunta. ¿Cómo es su nueva vida?

Respuesta. Estoy bien, ya llevo dos años jubilado, estoy totalmente acostumbrado a esta vida. Al principio fue un gran cambio, pero ahora es una nueva normalidad que estoy disfrutando mucho. Me mantengo ocupado tratando de mantenerme saludable y en forma. Intento mantenerme ocupado y está funcionando bien.

P. Ha pasado de la raqueta al balón.

R. Así es. Juego al fútbol entre dos y tres veces por semana. No es a nivel profesional, es básicamente por diversión, pero hay mucha competencia y eso es realmente agradable porque ayuda a mantenerse en forma. Hay mucha diferencia entre mi vida como tenista y de futbolista porque ahora estoy en un equipo rodeado de 15 personas. Todos los fines de semana nos vemos. Calentamos juntos, jugamos juntos, sufrimos juntos cuando perdemos y celebramos juntos cuando ganamos. Es un cambio muy agradable. Siempre dije que cuando acabara mi carrera como tenista jugaría al fútbol por diversión y eso es lo que hago ahora mismo.

P. Viene de jugar al tenis en la ‘casa de Nadal’. ¿Cómo recuerda enfrentarse a él?

R. Fue increíble poder jugar contra él. La primera vez que nos enfrentamos fue en Roland Garros 2014; yo era muy joven, apenas 20 años. Fue muy grande enfrentarme a él en la Philippe Chatrier. Rafa ya había ganado Roland Garros nueve veces, fue impresionante. Él siempre jugaba excelente en Roland Garros, era todavía mejor de lo normal. En esa época fue muy difícil, pero ahora, ya retirado, lo recuerdo y me resulta agradable haber podido enfrentarme a él. Estos días hemos hablado de ello y me he sentido muy feliz recordando los partidos.

P. Se enfrentó en dos finales. ¿Impone jugar contra Rafa en la Philippe Chatrier? Sufrió su mítica presentación.

R. Es muy difícil cuando escuchas eso. No es nada fácil porque el speaker presentaba a los tenistas y el público aplaude a ambos, pero cuando presentaba a Rafa y nombra todos sus títulos… La multitud era muy ruidosa. Cada año más porque cada año ganaba. El estadio se vuelve loco. Es el peor comienzo posible para una final.

P. ¿Se empieza perdiendo el partido?

R. Sí, por supuesto. Él ya va ganando antes de comenzar.

P. ¿Cómo se repone uno para afrontar el partido?

R. Es complicado (risas). Necesitas conectar bien los primeros golpeos del partido e ir llenándote de confianza poco a poco.

P. ¿Cuál fue la mejor versión de Rafa a la que se enfrentó?

R. La final de Roland Garros en 2019, sin ninguna duda. Ambos veníamos jugando a muy buen nivel y yo estaba jugando uno de mis mejores partidos en tierra batida. Lo pienso en serio, pero él estaba a un nivel increíble. Yo me concentraba al máximo, pero era muy difícil. Desde antes de iniciar el partido, incluso. Recuerdo estar en el vestuario media hora antes del inicio y verle concentrado con los auriculares y moverse de manera enérgica. Yo no hice nada mal en ese partido, simplemente era mejor que yo.

P. Hablemos de la lesión por la que se retiró. Fue similar a la que ha tenido Carlos Alcaraz esta temporada. ¿Pensó que le podría afectar igual al murciano?

R. Es una lesión bastante típica en el tenis por la zona que es. La muñeca siempre está exigida. Lo más importante es esperar a estar sano completamente para regresar con garantías. Mi error precisamente fue ese, que volví demasiado pronto. No a jugar, pero sí a entrar. Creo que Carlos hizo bien lo que yo hice mal porque esperó mucho tiempo para volver, prácticamente medio año. Hasta que el riesgo era muy poco. Hizo la recuperación de manera correcta y jugó bien el US Open. Creo que va a llegar al máximo para el Open de Australia.

P. ¿Cómo se gestiona el miedo y los demonios internos durante la baja? Uno se debe sentir vulnerable en esos momentos.

R. Lo más difícil es perder el miedo. Es muy difícil porque, lo primero de todo, es que necesitas volver a confiar plenamente en tu cuerpo. Necesitas dejar de tener miedo y eso es muy complicado cuando estás lesionado y sientes dolor. Y cada vez que recibes un golpe o haces un giro brusco, la cabeza te recuerda el momento de la lesión. Uno tiene que borrar eso de la memoria. No es fácil. Y luego, claro, el cuerpo se apaga un poco. Así que también hay que volver a poner el sistema nervioso en marcha. No es nada sencillo, pero creo que lo más importante es darle tiempo al cuerpo y no empezar demasiado pronto a entrenar, porque la lesión reaparece y empeora la situación. Hay que recuperar la confianza y al mismo tiempo ser paciente. Eso es muy difícil.

P. ¿Cómo recuerda el US Open que ganó? Era época de pandemia y restricciones sociales.

R. Ganar fue increíble. No importa si fue en un estadio vacío o en un estadio lleno, porque también tengo la experiencia de finales de Grand Slam en estadios llenos como Roland Garros y el Open de Australia, así que lo más importante para mí es que lo gané. Sabes. Eso es simplemente increíble y y se quedará conmigo para siempre. Por un lado, fue un poco triste que fuera frente a un estadio vacío, pero, por otro, fue muy especial porque fue el único Grand Slam que gané y porque fue único por las esas circunstancias. Así que fue una experiencia muy única y también lo son los recuerdos. Lo guardaré para siempre en mi cabeza.

P. ¿Cómo cambia la vida a un tenista el hecho de ganar un Grand Slam?

R. Cambia la forma en que la gente te ve. Creo que es una gran diferencia si eres un ganador de Grand Slam o no, porque esos cuatro torneos tienen tanta tradición y el mayor prestigio. Creo que cambia la forma en que todos te ven. Los aficionados, otros jugadores… Cada tenista compite para ganar un Grand Slam y todos saben lo difícil que es primero llegar a la final y después ganar. Ganar un Grand Slam te da un gran respeto.