Lo de la FIFA sólo lo arregla el FBI
Más jubilados que en Benidorm, más piratas que en La Perla Negra, más corruptos que la cárcel del Chapo Guzmán, más trincones que en casa de los Pujol, más gansters que en El Padrino, más enchufados que en la Junta de Andalucía y más espías que en la KGB. Así es la FIFA, la organización que maneja el fútbol como un señorito maneja su propio cortijo.
No se conoce en el mundo una organización más mafiosa que la FIFA. Su capacidad para extorsionar a los clubes de todo el planeta llega a un punto tal que les prohíben ejercer el derecho que tiene cualquier persona a acudir a la justicia. En la FIFA, si vas a la justicia ordinaria, te amenazan con echarte de la competición porque, como en el barrio, el balón es suyo y se lo llevan.
Con la lista de los directivos de la FIFA que se han enriquecido a costa del fútbol se podría dar la vuelta tres veces al diámetro de la tierra. Han trincado por organizar Mundiales, Eurocopas, Copas de África, de América y de la conchinchina, porque allí donde se juega un torneo con el sello de la FIFA hay un señor –o varios– dispuestos a cobrar el impuesto revolucionario.
Y ahora, una organización cuyos dirigentes están acusados de corrupción y de llenarse los bolsillos vendiendo votos al mejor postor, organizando Mundiales en satrapías y sometiéndose al imperio del dinero (si es negro, mejor), tiene la desvergüenza, el descaro y el desahogo de sancionar al Real Madrid y al Atlético –como en su día sancionó al Barcelona– por el caso de los jugadores menores de edad que vienen de países extranjeros.
Más allá del cagadón de considerar desarraigados a los hijos de Zidane, que manda cojones, la realidad es que ningún club europeo, ni el Barcelona, ni el Madrid, ni el Arsenal, ni el Bayern… ha fichado nunca a un jugador menor para que sus condiciones de vida –sanidad, educación, alimentación o integración– fueran peores de las que tenía en su país.
El ejemplo más claro es el de Leo Messi, que le debe la vida al Barcelona. El argentino no podía costearse el tratamiento hormonal para curar los problemas de crecimiento en su país y fue el club azulgrana quien se lo llevó a Barcelona para que Messi pudiera primero curarse y luego convertirse en uno de los mejores futbolistas de todos los tiempos. El Barça cuidó primero del Messi niño y luego formó al Messi futbolista. ¿Es eso desarraigo, por mucho que su madre no pudiera vivir al principio en Barcelona? Evidentemente, no.
Pero la FIFA en el fútbol hace sencillamente lo que le sale del ciruelo. Si te quieren sancionar, pues te sancionan y a otra cosa. Su red de corrupción es ilimitada y su capacidad de extorsión puede hacer temblar al más pensado. Me lo dijo la semana pasada un dirigente del Madrid y tenía razón: «Lo de la FIFA sólo lo arregla el FBI». Ojalá los norteamericanos sigan con su investigación contra Blatter y sus secuaces y tengan que salir todos de la sede de Zúrich con las manos en alto.
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