Carpena, el «íntimo amigo» de Cardenal, hunde la natación sincronizada española
El equipo español de natación sincronizada se queda fuera de los Juegos
Carpena paga 435.000 euros a Ana Tarrés por echarla tres meses antes de acabar contrato
Miguel Cardenal sigue acumulando fracasos en su hoja de servicios como Secretario de Estado para el Deporte. Esta vez, justo es decirlo, el fracaso no es directamente suyo, sino de su «íntimo amigo» –según sus propias palabras– Fernando Carpena, presidente de la Real Federación Española de Natación, la más subvencionada de nuestro deporte.
Cuando en el Comité Olímpico Español, siempre de puertas para adentro, se echan las cuentas de las medallas que se pueden sacar en los Juegos, los responsables del COE siempre ponen en sus quinielas dos o tres medallas de la natación sincronizada: individual, dúo y por equipos. Pues bien, Fernando Carpena ha conseguido lo imposible: que el equipo español de natación sincronizada se quede fuera de los Juegos Olímpicos de Río. No es que nos quedemos sin medalla, es que no vamos ni a participar.
Carpena no ha hecho más que diluir en la piscina los más de tres millones de euros que su amigo Cardenal le ha concedido por cuenta del CSD, convirtiendo a su federación, la de natación, en la más subvencionada de España y, de paso, echándole un bote salvavidas para evitar la quiebra técnica de la RFEN, que presentó unas pérdidas superiores a 700.000 euros en 2014.
Fue Fernando Carpena, máximo dirigente de la natación española, quien tomó la decisión incomprensible de echar a la persona que creó a su imagen y semejanza al equipo de natación sincronizada: Anna Tarrés. La seleccionadora más laureada del deporte español fue despedida por Carpena en una decisión personal del presidente, que no respondía a criterios deportivos (ni mucho menos), sino a una animadversión personal.
Por si echar a Anna Tarrés no fuera ya un error de bulto suficiente, a Fernando Carpena, mejor dicho, a la Real Federación Española de Natación, el despido le salió por un ojo de la cara. En lugar de esperar tres meses a que la seleccionadora cumpliera contrato (después de Londres) y no renovárselo, el presidente de la RFEF optó por una rescisión unilateral que le costó a su federación nada menos que 435.000 euros, ya que Anna Tarrés ganó el caso en todas las instancias de la justicia ordinaria.
Ahora, la natación sincronizada española está huérfana de una figura que pueda enderezar el rumbo de una selección que ha ido perdiendo peso en el panorama internacional, hasta el punto de llegar al hundimiento el pasado domingo en el Preolímpico y quedar fuera de Río. Un hundimiento del que el principal responsable es Fernando Carpena, el «íntimo amigo» de Miguel Cardenal.
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