El significado del proverbio árabe «la confianza es como un espejo: una vez roto puedes intentar arreglarlo, pero seguirás viendo las grietas»
Cuando se rompe la confianza en una persona, a veces es complicado recuperarla
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Confiar en aquellos que nos rodean, especialmente cuando se trata de la familia o de los amigos, es algo habitual. Sin embargo, basta que una de esas personas te decepcione para que cueste recuperar esa confianza, algo que resume claramente un proverbio árabe que analizamos a continuación: «La confianza es como un espejo: una vez roto puedes intentar arreglarlo, pero seguirás viendo las grietas».
Lo cierto es que cuando hablamos de confianza, no siempre somos conscientes de lo importante que es hasta que la perdemos. Y es que una mentira, una promesa que no se cumple o incluso algo que se ha contado sin nuestro permiso puede hacer que empecemos a ver a esa persona de otra manera. Pero ¿significa esto que una vez que alguien nos falla ya no podemos volver a confiar en él? Lo cierto es que no tiene por qué ser así, aunque este proverbio nos recuerda que hay situaciones que pueden dejar huella y que no siempre se solucionan con unas simples disculpas.
El significado del proverbio árabe «la confianza es como un espejo: una vez roto puedes intentar arreglarlo, pero seguirás viendo las grietas»
La frase de este proverbio árabe utiliza un objeto tan corriente como un espejo para hablar de algo que puede complicarnos bastante la vida. Si se rompe, quizá podamos pegar los trozos y volver a colocarlo en su sitio. Sin embargo, al mirarnos veremos las marcas de la rotura. Con una amistad o una relación de pareja puede pasar lo mismo: aunque decidamos seguir adelante, lo ocurrido puede hacer que ya no nos comportemos con la misma tranquilidad.
Pongamos el caso de una amiga que cuenta un secreto que le habíamos confiado. Es posible que nos pida perdón y que aceptemos sus disculpas, pero ¿volveríamos a contarle algo tan personal al día siguiente? Probablemente nos lo pensaríamos. Y no necesariamente porque hayamos dejado de quererla, sino porque ahora sabemos que aquello que le contamos puede acabar en oídos de otras personas. Esa es la idea que recoge el proverbio y que se refleja a través de esa imagen del espejo. No dice que sea imposible arreglar una relación, sino que hacerlo no borra automáticamente lo que ha pasado. Las grietas representan precisamente esos recuerdos o dudas que pueden aparecer incluso cuando las dos personas quieren entenderse.
Por qué una decepción cambia nuestra manera de confiar
No todas las mentiras tienen la misma importancia, ni nos afectan igual dependiendo de quién las diga. Si alguien a quien acabamos de conocer nos falla, puede que decidamos no volver a quedar con esa persona. Pero cuando se trata de alguien que lleva años formando parte de nuestra vida, la situación suele ser más complicada. Además del enfado, también tenemos que decidir qué hacemos con esa relación a la que hemos dedicado tanto tiempo.
A veces el problema tampoco está únicamente en lo que ha ocurrido, sino en lo que viene después. Si descubrimos que alguien nos ha mentido, es fácil empezar a preguntarnos si lo habrá hecho en otras ocasiones. Una conversación que antes no nos habría preocupado puede convertirse entonces en motivo de discusión. Eso no significa que todas las personas reaccionen igual, pero ayuda a entender por qué una simple disculpa puede quedarse corta. Para recuperar esa seguridad es importante que quien ha fallado reconozca lo ocurrido y no espere que todo se olvide al día siguiente. Si promete cambiar, tendrá que demostrarlo. También habrá que hablar de aquello que molestó y de lo que cada uno necesita para continuar, sin convertir el perdón en una obligación.
La enseñanza del proverbio para el día a día
Aunque solemos recordar esta frase cuando alguien nos decepciona, también merece la pena pensar en ella cuando somos nosotros quienes recibimos la confianza de otra persona. Si un amigo nos cuenta un problema que no quiere compartir con nadie, por ejemplo, no nos corresponde decidir que es una buena historia para contar durante una comida. Puede parecer una indiscreción pequeña, pero para él quizá suponga una traición importante. Con las promesas sucede algo parecido. Decir que vamos a hacer algo resulta muy sencillo; cumplirlo es lo que demuestra si nuestra palabra merece confianza. Y cuando no podemos hacerlo, explicarlo a tiempo suele ser mejor que inventar una excusa y esperar que nadie se dé cuenta.
Eso sí, el proverbio no tiene por qué interpretarse como una sentencia definitiva. Algunas amistades y parejas consiguen superar problemas serios, mientras que otras no encuentran la manera de continuar. Perdonar, tomar distancia o terminar una relación son decisiones distintas y cada situación tiene sus circunstancias. Lo que recuerda la imagen del espejo es que conviene pensar en cómo tratamos a los demás antes de dar por hecho que siempre podremos arreglarlo después.
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