¿Por qué es tradición ir al cementerio en el Día de Todos los Santos? El motivo por el que hay que llevar flores el día 1 de noviembre
El 1 de noviembre se celebra en toda España el Día de Todos los Santos
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Aunque da la sensación de que la celebración de Halloween el 31 de octubre es la gran fiesta de otoño cada año, lo cierto es que en España la tradición es la de celebrar el día siguiente, 1 de noviembre. Muchos ya tendrán en el calendario marcada esta fecha en rojo porque además es festivo nacional, pero en realidad es un día especial porque se celebra el Día de Todos los Santos y una de las cosas que se hacen es llevar flores a los cementerios, pero ¿ por qué?.
Por norma, los cementerios de toda España incluso organizan horarios especiales días antes de que llegue el 1 de Noviembre, día en el que son muchos los que acuden para visitar a familiares, amigos o conocidos enterrados y llevarles flores. Una tradición que además se celebra más cuando como ocurre este año, la fecha coincide con el fin de semana. Pero ¿cuál es el origen de llevar esas flores a camposanto cuando comienza noviembre, y qué significa?.
¿Por qué es tradición ir al cementerio en el Día de Todos los Santos?
La respuesta no es tan senclla como puede parecer a priori, porque la fiesta del 1 de noviembre no se creó para recordar a los difuntos. La Iglesia católica la dedica a todos los santos, los que figuran en los libros y los que nadie conoce, y el día de los fieles difuntos llega después, el 2 de noviembre. Sin embargo, en España el día 1 es festivo y eso empujó a mucha gente a adelantar la visita al cementerio, hasta el punto de que hoy casi todo el mundo cree que es esa la fecha exacta para llevar flores. Entender cómo se llegó a esa mezcla obliga a retroceder más de mil años, a los tiempos de Roma, de los monjes benedictinos y de unos pueblos celtas que ya honraban a sus muertos a finales de octubre.
En concreto, todo comenzó con las persecuciones de los primeros siglos, que dejaron tantos mártires cristianos que resultaba imposible dedicar un día a cada uno. Se optó entonces por recordarlos juntos, y el momento clave llegó en el año 609, cuando el papa Bonifacio IV convirtió el Panteón de Roma, un antiguo templo de dioses paganos, en iglesia consagrada a la Virgen y a los mártires. La fiesta se celebró durante siglos el 13 de mayo. El traslado a noviembre se atribuye a Gregorio III, que dedicó una capilla de San Pedro a todos los santos y fijó allí el aniversario, y a Gregorio IV, que a mediados del siglo IX obligó a toda la Iglesia a celebrarla en esa fecha. Los historiadores no han podido confirmar por qué se eligió justo ese día, aunque lo más probable es que se buscara coincidir con las fiestas del Samhain celta, una estrategia habitual de la Iglesia para sustituir los ritos paganos por otros cristianos.
Los monjes de Cluny y los muertos olvidados
El 2 de noviembre tiene un origen mucho más concreto y nace en un monasterio. En el año 998, el abad Odilón de Cluny, en Francia, decidió que sus monjes rezarían ese día por todos los difuntos sin excepción, también por los pobres, a quienes hasta entonces nadie dedicaba oraciones, porque las preces del monasterio estaban reservadas a sus protectores y benefactores. La iniciativa se extendió por los monasterios de la orden y acabó adoptándola Roma. Con el paso de los siglos, las dos jornadas se fueron pegando una a otra en la memoria popular, y el que acudía el día 1 a limpiar la lápida de sus padres ya no distinguía si estaba celebrando a los santos o rezando por los suyos. Esa confusión, lejos de ser un error, acabó dando a la fecha su carácter actual, a medio camino entre la fiesta religiosa y el homenaje familiar.
Por qué las flores y qué más se hace ese día
Las flores cumplen un papel que las palabras no siempre alcanzan. Cuando se acaba el rezo por el alma de los que no están, el ramo que se deja queda como señal de que alguien sigue pensando en ellos, y por eso se llevan tanto a los cementerios de todo el mundo, también en España donde dominan flores como los crisantemos. Pero además la jornada del 1 de noviembre deja en nuestro país otras costumbres como comer dulces tradicionales como son los panellets en Cataluña, pero también los buñuelos de viento o los huesos de santo. Y además, en otras zonas se lleva a cabo la representación del Don Juan Tenorio de Zorrilla, cuyo segundo acto transcurre precisamente entre el 1 y el 2 de noviembre y en parte dentro de un cementerio. Son costumbres que mantienen vivas sobre todo las personas mayores, aunque cada año se ve a más jóvenes que celebran el 1 de noviembre de la manera tradicional, tal vez porque entienden que, al final, ir al cementerio ese día permite honrar a los que ya no están.
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