Los psicólogos expertos coinciden: si después de estar con amigos analizas cada palabra que dijiste no es ansiedad, en realidad es una señal de enmascaramiento crónico
El enmascaramiento lleva a muchas personas a fingir para poder encajar en entornos sociales
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Algunas personas suelen quedar por ejemplo con sus amigos para cenar, y aunque la conversación va bien y todo pasa entre bromas y anécdotas, cuando vuelven a casa y ya están solos puede que comiencen a recordar todo lo que se ha dicho. Se van a la cama y siguen haciendo memoria sobre todo lo que ha pasado, algo que muchas veces se confunde con ansiedad social cuando no es así.
Es un comportamiento que puede aparecer además, en personas que han aprendido a controlar constantemente su manera de actuar para sentirse aceptadas. En psicología se conoce como enmascaramiento social a la estrategia de ocultar o modificar determinados comportamientos para adaptarse a las expectativas de los demás y es algo que va a más pudiendo derivar en el enmascaramiento crónico, un tema serio que puede afectar a nuestra salud mental. Y lo curioso es que no ocurre con desconocidos, o no siempre. Como decimos, también puede suceder durante una reunión familiar o una tarde con amigos de toda la vida, incluso cuando existe confianza y nadie ha dado motivos para sentirse juzgado.
Si después de estar con amigos analizas cada palabra, en realidad es una señal de enmascaramiento crónico
Todos cambiamos ligeramente nuestra forma de comportarnos dependiendo de dónde estamos. No hablamos igual en una reunión de trabajo que tomando un café con nuestros amigos. Esa capacidad de adaptación es normal y facilita las relaciones personales. El problema aparece cuando alguien siente que debe vigilar continuamente lo que dice, cómo se mueve o qué emociones muestra para evitar el rechazo.
El enmascaramiento social y crónico se ha estudiado especialmente en personas autistas, que en ocasiones aprenden a imitar determinados comportamientos para desenvolverse en situaciones sociales. En 2017, la investigadora Laura Hull y su equipo publicaron en la revista Journal of Autism and Developmental Disorders un estudio con 92 adultos autistas que describían las estrategias utilizadas para encajar y el agotamiento que podían experimentar después de relacionarse con otras personas.
Sin embargo, controlar demasiado las palabras no significa necesariamente ser autista ni tener un trastorno psicológico. Algunas personas desarrollan esa necesidad de aprobación después de haber recibido críticas constantes o de haber vivido situaciones en las que expresar su opinión tuvo consecuencias desagradables. Quien durante años ha escuchado que habla demasiado puede terminar midiendo cada intervención, incluso cuando está rodeado de personas que nunca le han reprochado nada.
Por qué repasas cada conversación cuando llegas a casa
Imagina que durante una cena cuentas una anécdota y todos se ríen. En ese momento no parece ocurrir nada extraño, pero horas después empiezas a preguntarte si hablaste demasiado o si alguno de tus amigos pudo sentirse incómodo. La psicología utiliza el término procesamiento posterior al acontecimiento para describir esa tendencia a revisar mentalmente las situaciones sociales, prestando especial atención a los posibles errores.
Este fenómeno está ampliamente relacionado con la ansiedad social. Por tanto, no es correcto considerar que repasar las conversaciones sea una prueba definitiva de enmascaramiento crónico. La diferencia puede estar en el motivo de tanta preocupación. Algunas personas temen haber causado una mala impresión, mientras que otras revisan si consiguieron mantener la imagen que intentaban ofrecer durante el encuentro. En ambos casos, una simple mirada o un silencio pueden interpretarse como señales de desaprobación, aunque realmente no exista ningún motivo para pensar que alguien se ha molestado.
El agotamiento de intentar agradar constantemente a los demás
Una de las consecuencias más frecuentes del enmascaramiento es el cansancio que puede aparecer después de una reunión aparentemente agradable. Hay personas que disfrutan sinceramente de la compañía de sus amigos, pero al regresar a casa necesitan varias horas de tranquilidad. Durante el encuentro han estado pendientes de participar lo suficiente, no interrumpir, evitar determinados comentarios y comprobar las reacciones de quienes las rodeaban.
Las investigaciones sobre camuflaje social han recogido experiencias de agotamiento relacionadas con ese esfuerzo, especialmente entre adultos autistas. No obstante, sentirse cansado después de quedar tampoco demuestra por sí solo que exista enmascaramiento. La intensidad de las conversaciones, el ruido o la necesidad personal de descansar también pueden influir. Lo importante es observar si existe una sensación permanente de estar interpretando un papel, incluso con personas de confianza.
Cómo dejar de analizar todo lo que dices después de quedar con amigos
Cuando revisar conversaciones se convierte en una costumbre, puede resultar difícil dejar de hacerlo. Muchas veces la persona cree que analizar sus errores le ayudará a evitar situaciones incómodas en el futuro. Un primer paso consiste en distinguir lo que realmente sucedió de lo que imaginamos que pudo ocurrir. Que un amigo estuviera más callado de lo habitual no significa que estuviera enfadado, del mismo modo que una respuesta breve no demuestra que hayamos dicho algo inapropiado.
También puede ayudar prestar atención a cuánto esfuerzo dedicamos a agradar durante las reuniones y preguntarnos si realmente necesitamos controlar cada intervención. Y en el caso de que estos pensamientos generen malestar frecuente o lleven a evitar encuentros sociales, acudir a un profesional de la psicología puede resultar útil. La terapia cognitivo-conductual dispone de evidencia científica para abordar los pensamientos repetitivos asociados a la ansiedad social.
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