Curiosidades
Fiódor Dostoievski

La reflexión de Fiódor Dostoievski que debes recordar cada día: «La gente adulta no sabe que un niño puede dar consejos muy buenos incluso en el caso más difícil»

  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

Fiódor Mijáilovich Dostoyevski fue uno de los escritores más destacados de la literatura rusa y universal. Sus novelas profundizan en la psicología humana y exploran cuestiones filosóficas, morales, sociales y religiosas relacionadas con la condición humana.

Entre sus obras más conocidas figuran «Crimen y castigo», «El idiota», «Los demonios» y «Los hermanos Karamázov», consideradas grandes referencias de la literatura del siglo XIX. Su obra ejerció una enorme influencia en escritores y pensadores como Friedrich Nietzsche, quien dijo sobre él: «Dostoyevski, el único psicólogo, dicho sea de paso, del que yo he tenido que aprender algo: él es uno de los más bellos golpes de suerte de mi vida».

«La gente adulta no sabe que un niño puede dar consejos muy buenos incluso en el caso más difícil»

En su novela «El idiota», Dostoievski incluye una frase que invita a reflexionar sobre la manera en que tratamos a los niños. Myshkin es un personaje adulto al que el escritor dota de cualidades como la sinceridad, la compasión, la ausencia de cinismo y cierta inocencia que el resto de protagonistas interpretan como ingenuidad. «La gente adulta no sabe que un niño puede dar consejos muy buenos incluso en el caso más difícil».

En el pasaje completo, Myshkin cuestiona la actitud de los adultos, que tienden a subestimar a los niños y dan por hecho que no pueden entender la complejidad de la vida. Sin embargo, sostiene que son los mayores quienes a menudo entienden muy poco a los más pequeños, pues estos perciben perfectamente cuándo se les trata como si fueran incapaces de entender lo que sucede a su alrededor. Así, Dostoievski, un profundo conocedor de la naturaleza humana, ofrece una reflexión muy valiosa: los niños pueden ofrecernos consejos que ningún adulto sería capaz de darnos.

Con el paso de los años, acumulamos experiencias y conocimientos que nos ayudan a interpretar las situaciones con mayor rapidez. Esta experiencia es muy valiosa, pero también puede llevarnos a repetir fórmulas conocidas para no salir de nuestra zona de confort, descartando así otras posibilidades sin darles una oportunidad. Conocer cómo suelen funcionar las cosas facilita muchas decisiones, aunque en ocasiones limita la disposición a explorar caminos diferentes.

La habilidad para cambiar de punto de vista y contemplar otras opciones se conoce como «flexibilidad cognitiva». Durante la infancia, al existir menos ideas preconcebidas, hay más espacio para experimentar y descubrir. Madurar no implica dejar atrás el juego ni perder la curiosidad. Lo importante es aprovechar todo lo que hemos aprendido sin permitir que se convierta en un obstáculo para las nuevas ideas.

«La flexibilidad cognitiva es la capacidad de darnos cuenta de que lo que estamos haciendo no funciona, o ha dejado de funcionar y, por tanto, debemos reajustar nuestra conducta, pensamiento y opiniones para adaptarnos al entorno y a las nuevas situaciones», explica CogniFit.

Las personas con una buena flexibilidad mentalcognitiva destacan por su capacidad para adaptarse rápidamente a los cambios. Además, pasan con facilidad de una actividad a otra y saben adaptar su comportamiento a las circunstancias. Esta habilidad les permite contemplar una misma realidad desde diferentes perspectivas y encontrar varias soluciones a un mismo problema. Asimismo, suelen afrontar mejor los errores y los cambios de planes y encuentran más fácilmente puntos en común para llegar a acuerdos.

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