Salud

Los expertos del CSIC coinciden: los parques con suelo de caucho para niños podrían ser en realidad un foco de toxicidad grave

Suelos de caucho en parques infantiles
Janire Manzanas
  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

Los suelos de caucho de los parques infantiles están en el punto de mira por la posible presencia de compuestos químicos perjudiciales para la salud. Un estudio del CSIC alerta de que estos suelos pueden contener plastificantes y retardantes de llama, algunas sustancias consideradas disruptores endocrinos y potencialmente cancerígenas. En este contexto, Ecologistas en Acción ha lanzado la campaña «Parques con Salud» para identificar estas superficies y pedir a los ayuntamientos que las reemplacen por alternativas de origen natural, como arena, corteza, madera o tierra, acompañadas de vegetación y sombra.

La legislación europea establece limitaciones para determinados usos del caucho reciclado. El Reglamento (UE) 2023/2055 determina que, desde el 17 de octubre de 2031, quedará prohibida la comercialización del material de relleno granular destinado a superficies deportivas sintéticas incluido en su ámbito de aplicación. Sin embargo, esta medida no implica que todos los suelos de caucho instalados en los parques infantiles vayan a estar prohibidos.

El peligro de los suelos de caucho de los parques infantiles

Una de las soluciones más utilizadas en los parques infantiles consiste en instalar pavimentos formados por dos capas de caucho. La parte inferior, más gruesa, está fabricada con fragmentos de caucho reciclado y actúa como base amortiguadora. Sobre ella se coloca una segunda capa de gránulos coloreados de monómero de etileno propileno dieno (EPDM). Uno de los hallazgos más relevantes del estudio del CSIC es la elevada presencia de metales pesados en estos materiales.

En una de las variedades de caucho fabricado a partir de neumáticos reciclados, la proporción de zinc llega a alcanzar el 2,4 %, una cantidad muy superior a los valores de referencia habituales en materia de seguridad. También se han detectado concentraciones de cobalto de hasta 200 mg/kg, muy por encima del límite de 10 mg/kg establecido para los juguetes. A ello se suma la presencia recurrente de otros metales potencialmente peligrosos, como el plomo, el arsénico y el cadmio.

Los expertos también alertan de la presencia retardantes de llama y plastificantes pertenecientes al grupo de los ésteres organofosforados (OPE). Entre las sustancias identificadas figuran el TCEP, el TCIPP y el TEHP, compuestos utilizados durante la fabricación para mejorar la flexibilidad de los materiales y su resistencia al fuego.

Por otro lado, los pigmentos que se utilizan para dar color a los pavimentos también pueden aumentar la presencia de ciertos metales. Los tonos azules se asocian con mayores concentraciones de cobre, mientras que las superficies verdes presentan niveles más elevados de cromo. En el caso de los colores amarillos y rojos, se han observado proporciones superiores de aluminio y hierro, respectivamente.

Estas sustancias pueden actuar como disruptores endocrinos, es decir, compuestos capaces de interferir en el correcto funcionamiento del sistema hormonal. La infancia es una etapa especialmente sensible a este tipo de exposición, ya que durante el crecimiento existen periodos críticos en los que las alteraciones hormonales pueden tener consecuencias a largo plazo. Entre los posibles efectos asociados a determinados disruptores endocrinos se encuentran un mayor riesgo de obesidad, diabetes, problemas de fertilidad y alteraciones del neurodesarrollo.

En cuanto al plomo, la Academia Americana de Pediatría advierte de que no existe un nivel de exposición considerado «seguro» para los niños. Cuando la exposición se prolonga en el tiempo, la absorción de estos metales puede generar daños en el desarrollo cognitivo y en el sistema nervioso.

La alternativa consiste en utilizar materiales naturales, como tierra, arena o corteza de árbol, para cubrir el suelo de los parques infantiles. Además de evitar algunos de los compuestos químicos presentes en el caucho, esto permitiría contar con espacios más adecuados durante el verano. El caucho tiende a acumular y retener altas temperaturas, lo que puede aumentar el riesgo de quemaduras al entrar en contacto con la piel. En un reportaje publicado por El Diario Vasco durante el verano, se registraron temperaturas superiores a los 65 grados en algunas superficies de parques infantiles, a pesar de que la temperatura ambiental era de 30 grados.

‘Parques con salud’

Ecologistas en Acción ha presentado la campaña «Parques con Salud», con la que reclama a las administraciones locales, las consejerías de Educación y los responsables de instalaciones deportivas que retiren de forma inmediata los pavimentos de caucho sintético y de neumáticos reciclados presentes en parques infantiles, patios escolares y campos deportivos.

«Con mucha probabilidad, todos estos suelos son malos para la salud y se deberían evitar», ha explicado José Antonio Sánchez Raba, portavoz de Ecologistas en Acción. «La exposición a estos compuestos, muchos de ellos reconocidos como disruptores endocrinos y potencialmente cancerígenos, se produce por tres vías principales: contacto dérmico, inhalación de compuestos orgánicos volátiles y la ingestión accidental de las pequeñas partículas o «bolitas de colores» por parte de niñas y niños».

Por su parte, Juan Antonio Ortega García, pediatra clínico y coordinador del Comité de Salud Ambiental de la Asociación Española de Pediatría añade: «Existe un serio fundamento científico para preocuparnos por las exposiciones a estos contaminantes químicos de los parques infantiles de caucho que sabemos que son alteradores hormonales, tóxicos para la reproducción y para el cerebro en desarrollo y cancerígenos algunos de ellos».

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