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La reflexión de Erich Fromm, psicoanalista, que es una lección vital: «La avaricia es un pozo sin fondo que agota a la persona en un esfuerzo eterno por satisfacer la necesidad sin ni siquiera alcanzar satisfacción»

  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

En una sociedad marcada por la búsqueda de reconocimiento y éxito material, la avaricia se como una dinámica compleja que afecta la toma de decisiones, las relaciones interpersonales y la salud mental. En este contexto, merece la pena recordar una reflexión de Erich Fromm: «La avaricia es un pozo sin fondo que agota a la persona en un esfuerzo eterno por satisfacer la necesidad sin ni siquiera alcanzar satisfacción». Pero, ¿qué es exactamente la avaricia? Según el Diccionario de la Lengua Española, se define como tal el «afán desmedido de poseer y adquirir riquezas para atesorarlas». A diferencia de otras necesidades humanas que encuentran un límite natural (como el hambre o el sueño), la avaricia se expande a medida que se alimenta.

La psicología contemporánea explica que «la avaricia no funciona como una necesidad que se satisface, sino como un circuito de recompensa que se refuerza continuamente. Cuanto más obtiene una persona, más necesita para sentir el mismo nivel de satisfacción». Esto crea una «tolerancia emocional», similar a la que ocurre en las adicciones. En este sentido, la frase que describe la avaricia como un «pozo sin fondo» adquiere un sentido literal, ya que no existe un punto final en el que el individuo se sienta plenamente satisfecho.

La reflexión de Erich Fromm sobre la avaricia

Desde Sócrates y Platón hasta David Hume e Immanuel Kant, muchos filósofos consideraban la avaricia como una falta moral grave que debía ser rechazada y señalada. El poeta cristiano romano Prudencio la describió en la Alta Edad Media como el más terrible de todos los vicios. Éste deseo constante de acumulación no se limita únicamente a lo material, sino que también puede abarcar ámbitos como el poder y la influencia.

Entre las principales características de la avaricia destaca su efecto en la mente humana, donde actúa como un impulso que conduce a la insatisfacción, ya que la búsqueda interminable de «más» nunca se llega a satisfacer por completo. Según Erich Fromm, el «antídoto» contra la avaricia no es la renuncia total a los bienes materiales, sino el desarrollo de una relación más consciente con ellos mediante la gratitud, la moderación y la reflexión.

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