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El pueblo de 170 habitantes que vive dentro de un volcán activo que desafía las leyes de la naturaleza

  • Aitana Pascual
  • Aitana Pascual Cuesta (2001) es estudiante de Periodismo en la Universidad Francisco de Vitoria de Madrid desde el 2023. Escogió esta profesión por su gran vocación con la comunicación y la escritura. Hoy en día, tiene mucho interés por la historia, deportes y actualidad. Su principal objetivo es seguir formándose y aprender a contar los sucesos de forma clara y rigurosa.

Imagina despertarte cada mañana rodeado por las paredes de un volcán activo, cocinar utilizando vapor que sale del subsuelo y depender del estado del mar o de un helicóptero para poder salir de tu casa. No es una película de ciencia ficción, sino la realidad del día a día de los vecinos de Aogashima, una pequeña isla japonesa donde viven apenas unas 170 personas. Se encuentra situada a unos 358 kilómetros al sur de Tokio y esta comunidad se ha convertido en uno de los mejores ejemplos de adaptación del ser humano en un entorno extremo.

Una isla dentro de un volcán

Aogashima forma parte del archipiélago Izu y posee una característica geológica única, ya que tiene una doble caldera volcánica. En otras palabras, un volcán que se encuentra dentro de otro volcán. Esta estructura crea un paisaje espectacular en el que las viviendas, carreteras y edificios se distribuyen en el interior de una enorme depresión rodeada por grandes paredes volcánicas.

Aunque el volcán sigue catalogado como activo, la última gran erupción tuvo lugar entre 1781 y 1785. Aquel episodio fue devastador y provocó la muerte de casi la mitad de la población de la isla. Los supervivientes huyeron y Aogashima permaneció deshabitada durante décadas hasta que los descendientes de aquellos pobladores regresaron en 1835 para reconstruir sus hogares.

Cocinar con el calor de la Tierra

La actividad geotérmica forma parte de la vida diaria de los vecinos. El vapor que surge de las fumarolas naturales se utiliza para calentar agua y cocinar alimentos. Huevos, pescado, verduras y patatas se preparan en instalaciones comunitarias aprovechando directamente el calor generado por el volcán.

Además, muchas casas emplean sistemas geotérmicos para reducir la dependencia de combustibles externos. Esta relación constante con la energía natural ha permitido a la comunidad desarrollar un estilo de vida bastante singular basado en el aprovechamiento de los discursos que ofrece el propio entorno.

Llegar a Aogashima no es algo sencillo. La isla carece de un aeropuerto normal y el acceso depende principalmente de un pequeño helicóptero o de conexiones marítimas que suelen cancelarse cuando el oleaje aumenta. El puerto está expuesto a las condiciones del océano Pacífico, lo que convierte cada viaje en una auténtica incógnita.

Pese a ello, el pueblo cuenta con una escuela, servicios básicos y una buena organización adaptada a las dificultades del aislamiento. La población apenas supera los 170 habitantes, lo que la convierte en una de las comunidades más pequeñas de Japón.