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El personal de limpieza del Palacio Real de Madrid: «Si una lámpara forma parte de la historia, limpiarla no basta»

El Palacio Real de Madrid es uno de los lugares más históricos y emblemáticos no sólo de la capital, sino de España. Con una extensión de 135.000 metros cuadrados y 3.418 habitaciones, ostenta el título de ser el palacio real más grande de Europa occidental y además pertenece a Patrimonio Nacional. Aunque de forma oficial es la residencia de la familia real, en la actualidad, sólo se emplea para recepciones oficiales y actos de Estado, por lo que sus salones están abiertos al público durante casi todo el año.

El cuidado y la limpieza del palacio son una función muy importante para mantener con buena presencia una de las caras de Madrid al mundo. La empresa encargada del mantenimiento de las lámparas del palacio es Cleaner Lamp.

Las lámparas del Palacio Real de Madrid

Sobre las más de 200 lámparas que hay en el Palacio Real de Madrid, la empresa encargada de la limpieza aseguró que “si una lámpara forma parte de la historia, limpiarla no basta, hay que saber conservarla”. No se tratan de simples piezas con el fin de iluminar habitaciones, sino de bienes de interés cultural e histórico-artístico de valor incalculable.

Muchas de las lámparas fueron encargadas por monarcas anteriores como Carlos III, Carlos IV o Fernando VII y reflejan la evolución del arte europeo con el paso de los siglos. Su mantenimiento con técnicas de conservación evita el deterioro y la pérdida irreversible de una parte viva de la historia de España.

¿Cómo se limpian y mantienen las lámparas?

Juan Ramón Mendoza es parte del equipo de mantenimiento que se encarga de la limpieza de las lámparas de la familia real. Mendoza explica qué técnica emplean para el mantenimiento de las piezas: «Ponemos un sistema de piscina y trípodes. Consiste en limpiar con una máquina pulverizadora y arrastrar toda la suciedad, sobre todo del cristal y el bronce. Luego quitarla y absorber todo el líquido que haya caído».

En lugar de descolgarlas, instalan piscinas de lona y trípodes justo debajo de ellas para recoger el líquido. A continuación, utilizan una máquina pulverizadora para proyectar el producto. La presión se encarga de arrastrar la suciedad acumulada en el cristal y el bronce sin lijar, pulir ni rayar los materiales.

El producto que me emplean es únicamente detergente muy suave y neutro para quitar la grasa y el polvo, con el fin de que los materiales mantengan su aspecto original. Una vez terminan de limpiar, absorben el líquido y desmontan algunas piezas donde podría acumularse la humedad para evitar el deterioro a largo plazo.