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Ni helechos ni ficus: la mejor planta de interior para absorber el calor y purificar el ambiente de tu casa

  • Alejo Lucarás
  • Periodista y redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

Buscar una planta de interior para absorber el calor se ha convertido en consulta habitual cuando suben las temperaturas. La intención no tiene muchas vueltas para darle: algunas especies son capaces de refrescar el ambiente de forma natural gracias a sus procesos biológicos, sin enchufes ni instalaciones.

El problema es que no todas las plantas funcionan igual. El helecho de Boston y el ficus son dos de las opciones que más circulan en estas búsquedas, pero ninguna reúne todo lo que debería tener la planta ideal. ¿Qué es lo ideal? Pues, eficacia, purificación del aire y, sobre todo, facilidad de mantenimiento.

¿Cuál es la mejor planta de interior para absorber el calor?

El poto (Epipremnum aureum) es una planta trepadora originaria del sudeste asiático que se ha convertido en uno de los elementos más comunes de la decoración interior europea.

Sus hojas grandes y verdes (algunas variedades con jaspeado amarillo o blanco) tienen una superficie de transpiración considerable, lo que las convierte en pequeños sistemas de climatización natural.

El mecanismo es la transpiración vegetal. Las plantas liberan vapor de agua a través de sus hojas, generando un efecto refrescante en el entorno inmediato.

De esta manera, en una habitación con varios potos bien regados, la temperatura percibida puede bajar de forma apreciable, especialmente en espacios cerrados donde el calor se acumula.

A esto se suma su capacidad para purificar el aire, eliminando sustancias tóxicas como el formaldehído, el xileno y el benceno que se liberan de muebles, pinturas y productos de limpieza habituales.

Lo que dice un estudio de la NASA sobre el poto y los contaminantes del hogar

A finales de los años sesenta, el científico ambiental Bill Wolverton trabajó para la NASA con el objetivo de identificar qué plantas eran capaces de mejorar la calidad del aire en espacios cerrados.

Los resultados señalaron a varias especies domésticas como purificadoras naturales de los cinco contaminantes más comunes del hogar: benceno, xileno, amoníaco, tricloroetileno y formaldehído.

El poto figuró entre las plantas identificadas por su eficacia para reducir la presencia de estos compuestos.

Esto alimenta la idea de que en hogares modernos, donde los materiales de construcción y los productos del día a día liberan trazas de estas sustancias de forma constante, tener un poto en cada habitación es hasta una medida de higiene ambiental.

¿Por qué, como planta de interior para absorber el calor, el poto es mejor que el resto?

Entre las plantas de interior para absorber el calor, el helecho de Boston es eficaz, pero exige una humedad ambiental muy alta para mantenerse en buen estado.

En interiores con calefacción o sin ventilación suficiente, sus hojas se secan y la planta se deteriora con rapidez. Requiere brumas frecuentes y un riego más cuidadoso que muchos hogares no están en condiciones de garantizar.

Por su parte, el ficus benjamina es sensible a los cambios de ubicación y temperatura. Basta con moverlo de sitio o exponerlo a corrientes de aire para que empiece a perder hojas. Su mantenimiento no es especialmente complicado en condiciones estables, pero su margen de error es estrecho.

El poto, en cambio, aguanta riego irregular, poca luz y cambios de temperatura sin perder sus propiedades. Prospera con luz indirecta y basta con regarlo cada una o dos semanas, dejando que los primeros centímetros de sustrato se sequen entre riegos. La única condición que no tolera bien es el exceso de agua, que puede pudrir las raíces.

Y para concluir, va aquí una ventaja adicional: el poto se propaga con facilidad a partir de esquejes. Con un trozo de tallo con al menos una hoja y unos días en agua, la planta echa raíces y puede multiplicarse sin coste.

Así, lo que empieza como una maceta pequeña puede, en pocos meses, cubrir una estantería entera o bajar por una pared, ampliando así su superficie de transpiración y, con ella, su capacidad de refrescar el espacio.