El mítico oficio que veíamos por toda España durante la posguerra, y ya ha desaparecido para siempre
Así era el arriesgado oficio que fue perseguido en la posguerra
Este oficio fue fundamental en muchos pueblos durante la posguerra española
El ingenioso oficio que fue básico para sobrevivir en la posguerra
La posguerra española transformó las calles en espacios de subsistencia. Tras la Guerra Civil, miles de hombres y niños encontraron en pequeños trabajos manuales una forma de llevar algo de dinero a casa. Entre ellos, un oficio en particular se convirtió en una figura constante en plazas, estaciones y cafés, siempre cerca de donde circulaba algo de movimiento económico.
El oficio que estamos por descubrir a continuación resume como pocos otros la realidad de la posguerra española: esfuerzo constante, ingenio para salir adelante y una dignidad mantenida a pesar de la escasez.
¿Cuál es el oficio que veíamos por toda España durante la posguerra y que ya desapareció?
En una España marcada por la escasez, el calzado tenía un valor que iba más allá de lo material. Mantener los zapatos limpios era una cuestión de decoro y estatus, incluso cuando la ropa estaba gastada o remendada. Es allí donde aparecía el limpiabotas, ofreciendo un servicio muy demandado, accesible y visible, que requería poca inversión pero muchas horas de trabajo.
El trabajo del limpiabotas seguía un proceso casi ceremonial. La caja de madera y el taburete formaban parte inseparable del oficio. En su interior se guardaban botes de betún, trapos de algodón y cepillos de distintas durezas. Antes de empezar, se colocaban cartones entre el zapato y el calcetín para evitar manchas, un gesto habitual en la posguerra urbana. Incluso más adelante muchos recordarán la estampa de las cartas o naipes, ya desgastadas, que también se empleaban para el mismo fin.
El procedimiento comenzaba retirando el polvo acumulado. Después se aplicaba el betún con un trapo y se remataba con un cepillado enérgico hasta lograr un brillo uniforme.
En los años 40, este servicio podía costar poco más de una peseta, una cantidad modesta que, repetida varias veces al día, permitía sobrevivir. En la década de los 50, el precio subió a cuatro o cinco pesetas, especialmente en verano, cuando el turismo aumentaba la clientela.
Así vivían los limpiabotas la posguerra
Más allá del trabajo manual, el limpiabotas fue un testigo silencioso de la sociedad de la posguerra. Situado a los pies de sus clientes, escuchaba conversaciones, comentarios políticos y rumores de barrio. Muchos eran conocidos por motes y se convertían en personajes habituales del entorno, reconocidos por vecinos y comerciantes.
El oficio estuvo reservado casi exclusivamente a hombres. La presencia de niños limpiabotas fue común en aquellos años de hambre y carencias, cuando cualquier ingreso ayudaba a sostener a la familia. En obras como «La colmena» de Camilo José Cela, aparecen estas figuras como parte del paisaje humano de la época, siempre ligadas a la precariedad y a la necesidad.
Durante el franquismo, la actividad estaba regulada. Para ejercer legalmente, era necesario contar con una licencia municipal y un carné oficial.
Sin él, la policía podía retirar la caja de trabajo, lo que suponía perder el único medio de subsistencia. En algunas ciudades se intentó incluso uniformar a los limpiabotas para dar una imagen de orden en el espacio público.
El declive y la desaparición del limpiabotas
El final del limpiabotas llegó de forma progresiva a partir de los años 70. El desarrollo económico, el acceso a otros empleos y los cambios en la moda influyeron directamente en su desaparición. La llegada del calzado deportivo, las suelas de goma y los productos de limpieza doméstica redujeron la necesidad de un servicio profesional en la calle.
Lo que durante la posguerra fue un trabajo esencial pasó a considerarse prescindible. Muchos hijos de limpiabotas lograron incorporarse a la industria o al sector servicios, dejando atrás un oficio duro y mal remunerado.
Hoy, su presencia es casi anecdótica y se limita a espacios muy concretos, más asociada a la nostalgia que a la supervivencia.
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