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La lección de vida de Arturo Pérez-Reverte, novelista español (74 años): «Es un error grave mirar al pasado con los ojos del presente»

  • Sofía Narváez
  • Periodista multimedia graduada en la Universidad Francisco de Vitoria, con un Máster en Multiplataforma por la Universidad Loyola. Editora en Lisa News con experiencia en CNN y ABC.

Juzgar el pasado suele parecer sencillo desde el presente, con toda la información y los valores actuales a favor. Pero esa comodidad, según algunos, es en realidad una trampa que distorsiona por completo la comprensión real de la historia.

En este caso, Arturo Pérez-Reverte tiene una aclaración que muchos prefieren ignorar, y que resume con una frase tan directa como incómoda: «Es un error grave mirar al pasado con los ojos del presente».

Por qué Arturo Pérez-Reverte dice que es un error mirar el pasado con ojos de hoy

La célebre frase del novelista y académico de la RAE condena lo que él considera una revisión anacrónica de la historia. A través de esta idea, el autor sostiene que juzgar a los personajes y eventos del pasado bajo los estándares morales o las ideologías modernas del siglo XXI es un acto de «estupidez» e ignorancia cultural que deforma la realidad.

Uno de los puntos clave es evitar el «buenismo» actual, es decir, rechazar analizar conquistas, batallas o épocas crueles, como la conquista de América o las Cruzadas, con la mentalidad condescendiente de una ONG del presente. También defiende la contextualización obligatoria, para comprender la conducta de un conquistador, un espía o un asesino antiguo, hay que reconstruir estrictamente la mentalidad y las duras reglas de su propia época.

Pérez-Reverte advierte además sobre el peligro de la manipulación, ya que proyectar valores contemporáneos en el pasado impide ver con claridad lo que ocurrió y facilita la manipulación política de la historia. Y subraya la dualidad humana inherente a cada época, sus años como corresponsal de guerra le enseñaron que una misma persona puede ser un héroe y un verdugo a la vez, algo que los análisis simplistas de hoy suelen ignorar.

Dónde se puede ver esta idea y cómo la defiende Arturo Pérez-Reverte

Esta postura se puede identificar en tres escenarios distintos de su carrera: sus declaraciones públicas ante debates sociales, los discursos oficiales de su profesión y la construcción de los personajes en sus propias novelas.

En debates públicos y entrevistas de televisión, el autor utiliza esta frase textualmente para responder a polémicas de revisionismo histórico. Sobre la Conquista de América, ha argumentado que juzgar a figuras como Hernán Cortés bajo la mentalidad de una ONG del siglo XXI es «una barbaridad», sosteniendo que la historia se compone de violencia y conquistas que deben entenderse bajo las duras reglas de su propia época.

Al recibir el Premio Barcino de Novela Histórica en Barcelona, dedicó su intervención a explicar que este error metodológico es «peligroso porque impide ver con claridad lo que ocurría antes», convirtiendo la historia en una herramienta de manipulación política en lugar de conocimiento.

En sus novelas, Pérez-Reverte plasma esta filosofía creando protagonistas que actúan bajo la moral de su propio tiempo. En la saga de Lorenzo Falcó, su protagonista es un espía franquista, machista, amoral y violento; el autor reconoció que hoy Falcó sería un personaje nefasto, pero que en la Europa de los años 30 ese tipo de hombres existía y operaba así, y que blanquearlo para complacer al público actual sería falsear la literatura.

En Línea de fuego, retrata la Batalla del Ebro mostrando la complejidad humana en ambos bandos, evitando la narrativa simplista de «buenos contra malos» del debate político actual.

Cómo hay que mirar realmente el pasado

Para mirar el pasado correctamente se debe aplicar la contextualización radical y la empatía histórica, despojándose de los juicios morales modernos. El primer paso es entender las reglas del juego de cada época: aceptar que la historia ha sido brutal, cruel y conflictiva; recordar que conceptos como los derechos humanos o la democracia son inventos recientes, y que no se puede reprochar su ausencia en el siglo XVI; y analizar el entorno, entendiendo que un conquistador o un soldado actuaban impulsados por el miedo, la religión, la supervivencia o la ambición propias de su tiempo.

El segundo paso es aplicar tres claves, ponerse en la piel del personaje, preguntándose qué opciones reales tenía una persona en ese momento; separar la explicación de la justificación, entendiendo que comprender por qué alguien fue cruel no significa aplaudir su crueldad hoy; y asumir la complejidad humana, recordando que el pasado no se divide en «buenos y malos» de película.

Un ejemplo lo resume bien, la mirada incorrecta, desde el presente, diría que «Hernán Cortés fue un criminal despiadado que no respetaba los derechos humanos», un error porque estos conceptos no existían en 1519. La mirada correcta diría en cambio que «Hernán Cortés fue un hombre de su tiempo: ambicioso, religioso, violento y astuto, que operó en un mundo donde la conquista militar era la norma universal de supervivencia y poder».