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José Antonio Marina, filósofo español, sobre el miedo: «No sentimos emociones para instalarnos en ellas, sino para actuar de una u otra manera»

  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

El pensador y pedagogo español José Antonio Marina sostiene que muchos jóvenes de la actualidad creen que la felicidad es un derecho que debería alcanzarse con facilidad. A su juicio, esta creencia se encuentra detrás de uno de los grandes problemas de la sociedad actual: el aumento de las personas con problemas adicciones. Marina se ha presentado en distintas ocasiones como un filósofo «de servicio público», convencido de que el pensamiento no debería limitarse a formular preguntas abstractas.

En su opinión, la filosofía de Platón, Sócrates o Kierkegaard también debe proporcionar herramientas capaces de ayudar a afrontar los problemas de la vida cotidiana. Esta perspectiva está presente en su último ensayo, «La vacuna contra las adicciones (Ariel)», una obra en la que analiza los mecanismos que pueden llevar a una persona a perder el control sobre determinados comportamientos y propone recursos para prevenirlos. Para el filósofo, comprender cómo funciona la inteligencia, la voluntad y la búsqueda de la felicidad resulta fundamental para enfrentarse a un fenómeno cuya capacidad de influencia continúa creciendo.

«No sentimos emociones para instalarnos en ellas, sino para actuar de una u otra manera»

José Antonio Molina, en lugar de considerar las emociones como estados en los que simplemente debemos permanecer, las presenta como respuestas que cumplen una determinada función. El miedo, por ejemplo, nos puede advertir de que existe una amenaza y debemos prepararnos para responder ante ella. Por lo tanto, aunque suele tener una connotación negativa, esta emoción cumple una función protectora.  El problema puede aparecer cuando el miedo empieza a determinar completamente nuestras decisiones. En este contexto, la reflexión invita a establecer una diferencia entre sentir miedo y actuar dominados por el miedo.

Una de las ideas más interesantes que podemos extraer de esta reflexión es que las emociones y las acciones no tienen por qué ser exactamente lo mismo. Podemos sentir miedo y, aun así, decidir avanzar. Esto no significa ignorar las emociones ni intentar reprimirlas, sino reconocerlas y analizar qué información nos están dando antes de decidir qué hacer con ellas. Desde esta perspectiva, la educación emocional implicaría aprender a manejar lo que sentimos para poder actuar de acuerdo con nuestros objetivos y valores. En definitiva, la reflexión de Marina recuerda que las emociones no tienen por qué definir nuestro destino.

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