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Franz Kafka, escritor checoslovaco, sobre la obra cumbre de la literatura española: «La desgracia de Don Quijote no fue su fantasía, sino Sancho Panza»

  • Sofía Narváez
  • Periodista multimedia graduada en la Universidad Francisco de Vitoria, con un Máster en Multiplataforma por la Universidad Loyola. Editora en Lisa News con experiencia en CNN y ABC.

Franz Kafka, el autor de La metamorfosis, dejó entre sus reflexiones literarias una de las lecturas más singulares que se han hecho de El Quijote. Lejos de los análisis habituales sobre la locura de Don Quijote o su choque con la realidad, Kafka situó el verdadero problema del hidalgo manchego en su escudero: «La desgracia de Don Quijote no fue su fantasía, sino Sancho Panza».

La afirmación invita a releer la dinámica entre ambos personajes desde un ángulo radicalmente distinto. Para Kafka, la fantasía de Don Quijote, su impulso por revivir los ideales caballerescos en un mundo que ya no los comprendía, no era el problema. Era la fuerza motriz del personaje. La verdadera limitación, el peso que le impedía existir plenamente en su mundo imaginario, residía en la presencia constante de Sancho.

Por qué Kafka veía a Sancho Panza como el freno de Don Quijote

Sancho Panza encarna en la obra de Cervantes la realidad terrenal: el pragmatismo, las necesidades básicas, el sentido común. Come cuando tiene hambre, descansa cuando está cansado, ve molinos de viento donde su amo ve gigantes. Para la mayoría de los lectores, esa dualidad es el corazón cómico y filosófico del libro, el idealismo enfrentado al realismo.

Kafka invierte esa lectura. Desde su perspectiva, Sancho no equilibra a Don Quijote sino que lo ancla. Su insistencia en la realidad tangible, sus quejas, su apego a lo concreto, actúan como un recordatorio constante de la distancia entre el mundo ideal de Quijote y el mundo en el que realmente vive.

La intervención continua de Sancho no intenta devolver la cordura a su amo en el sentido convencional, simplemente, su existencia y sus interacciones diarias son un obstáculo para la plena realización de la fantasía del hidalgo.

Kafka, cuya obra explora de forma sistemática la alienación del individuo frente a sistemas que no comprende y no puede controlar, parecía ver en la relación Quijote-Sancho un microcosmos de esa lucha: la aspiración a lo sublime chocando contra las limitaciones impuestas por la convivencia con alguien que vive en una realidad completamente diferente.

La desgracia de Don Quijote no era la falta de apoyo externo sino la presencia intrínseca de un compañero que, al ser fundamentalmente distinto, impedía cualquier inmersión completa en su propio universo.

Quién fue Franz Kafka y qué obras escribió

Franz Kafka nació en Praga en 1883 y murió en 1924, a los 40 años, de tuberculosis. Escribió en alemán en el seno de una familia judía de clase media, y su obra está marcada por el absurdo, la angustia existencial y la burocracia aplastante. Aunque publicó algunos relatos en vida, la mayor parte de sus grandes novelas llegaron al público de forma póstuma gracias a que su amigo Max Brod desobedeció su última voluntad de quemar los manuscritos.

Su novela más conocida es La metamorfosis (1915), que narra la historia de Gregorio Samsa, un comerciante que un día despierta convertido en un monstruoso insecto. El proceso (1925) sigue a Josef K., un hombre arrestado y juzgado por un tribunal inaccesible sin conocer nunca su delito. El castillo (1926) narra los intentos inútiles de un agrimensor llamado K. para acceder a las autoridades que gobiernan un pueblo. El desaparecido (1927), también conocida como América, sigue las peripecias de un joven inmigrante europeo en Estados Unidos.

Entre sus relatos destacan En la colonia penitenciaria, que describe un brutal aparato de ejecución, y Un artista del hambre, sobre la decadencia de un hombre que se dedica al ayuno profesional en un circo. Sus escritos personales, como la Carta al padre, una extensa misiva real a su progenitor sobre su crianza autoritaria, o las Cartas a Milena, su correspondencia amorosa con la escritora Milena Jesenská, completan un legado que ha influido de forma determinante en la literatura del siglo XX.