Salud

El farmacéutico Álvaro Fernández lo advierte: «La ducha de agua fría para el calor es contraproducente, al rato tendrás más calor»

Ducharse con agua fría en verano
Janire Manzanas
  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

Con temperaturas superiores a 40 grados en buena parte del país, muchas personas recurren a la ducha de agua fría para aliviar el calor. Sin embargo, aunque la sensación inicial puede ser agradable, sobre todo después de llegar a casa tras una larga jornada laboral o de despertarse después de una noche tropical, no siempre es la mejor opción para regular la temperatura corporal. El farmacéutico Álvaro Fernández es muy claro al respecto: ducharse con agua fría para combatir el calor puede tener el efecto contrario al deseado por el «efecto rebote». Según explica, aunque al principio el cuerpo se enfría y aparece una sensación inmediata de alivio, esa frescura dura poco tiempo.

«Recurrir a una ducha de agua fría para hacer frente al calor puede resultar contraproducente», señala. Esto se debe a la reacción natural del organismo: cuando percibe un cambio brusco de temperatura, activa los mecanismos encargados de conservar o generar calor. Como consecuencia, tras el alivio inicial, se experimenta una sensación de calor aún más intensa. La recomendación, por tanto, es evitar los cambios bruscos de temperatura y optar por duchas con agua templada.

¡No te duches con agua fría en verano!

@farmaceuticofernandez🚿🥶 ¿Una ducha de agua muy fría para combatir el calor? Pues puede ser justo lo contrario de lo que necesitas. Cuando el agua está demasiado fría, los vasos sanguíneos de la piel se contraen para conservar el calor corporal. Como llega menos sangre a la superficie, tu cuerpo pierde peor el calor hacia el exterior. Además, el contraste brusco puede hacer que el organismo interprete que se está enfriando demasiado y reduzca algunos de los mecanismos que utiliza para disipar el calor. ¿Significa eso que las duchas frías son malas? No. Refrescan mientras estás debajo del agua y pueden resultar agradables. Pero si lo que buscas es ayudar a tu cuerpo a bajar su temperatura, una ducha templada suele ser una mejor opción que una helada. A veces, lo que parece más refrescante… no es lo más eficaz. 🌡️♬ sonido original – Farmaceuticofernandez

El cuerpo humano dispone de un sistema muy eficaz para mantener estable su temperatura interna. Aunque darse una ducha con agua muy fría antes de acostarse puede generar una sensación inmediata de alivio, ese efecto suele durar poco. Al tumbarse en la cama, el organismo ya habrá puesto en marcha mecanismos destinados a recuperar el calor perdido. Tal y como explica el doctor Felices, cuando la piel entra en contacto de forma brusca con agua muy fría, el cerebro interpreta esa situación como una posible amenaza de enfriamiento y activa su respuesta de regulación térmica.

«Lo primero que hace es contraer los vasos sanguíneos para conservar el calor en el interior del cuerpo. Sin embargo, unos diez minutos después aparece el llamado efecto rebote: el organismo vuelve a percibir calor y responde dilatando de nuevo los vasos sanguíneos para compensar. Este proceso puede evitarse fácilmente optando por una ducha con agua templada», señala.

Este mecanismo explica por qué muchas personas vuelven a sudar pocos minutos después de salir de una ducha fría y sienten que la sensación de frescor desaparece rápidamente. Por este motivo, los expertos recomiendan optar por duchas con agua templada o ligeramente tibia. Esta temperatura favorece una disipación más progresiva del calor corporal y permite que la sensación de frescor se prolongue durante más tiempo. La temperatura ideal del agua suele situarse entre los 37 y los 40 ºC, aunque en verano se puede reducir a entre 30 y 36 ºC.

Beneficios para la salud

Según la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia, los efectos fisiológicos que produce el del frío en nuestro cuerpo son los siguientes:

  • Al disminuir la temperatura de la piel por debajo de los 15ºC (sin bajar de los 5-7ºC) se produce un efecto de desaceleración en la conducción nerviosa, y con ello la disminución del dolor de forma local.
  • El frío limita la liberación de sustancias inflamatorias por las células, haciendo que la respuesta inflamatoria sea menos intensa. Además durante la inflamación se produce una dilatación de los vasos sanguíneos, que se contrarresta con la vasoconstricción secundaria a la aplicación del frío, disminuyendo el calor y el edema.
  • El frio produce un cierre rápido de los vasos sanguíneos.
  • Disminuye la velocidad de conducción nerviosa y el espasmo muscular.
  • Aumenta el ritmo cardiaco y se liberan neurotransmisores como la adrenalina y la noradrenalina.

«El alternar duchas de agua fría con duchas de agua caliente, se denomina baños de contraste. Los contrastes de temperatura nos ayudan a relajar la musculatura y a estimular la circulación. Los baños de contraste también son muy útiles en el tratamiento de lesiones musculoesqueléticas por su efecto antiinflamatorio y favorecer la reabsorción del edema, debido a la alternancia de los fenómenos de vasoconstricción y vasodilatación, es decir, el cierre y la apertura de los vasos sanguíneos, mejorando así la circulación».

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