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Erasmo de Rotterdam, filósofo holandés del Renacimiento, sobre la educación y la sabiduría: «El colmo de la estupidez es aprender lo que luego hay que olvidar»

  • Sofía Narváez
  • Periodista multimedia graduada en la Universidad Francisco de Vitoria, con un Máster en Multiplataforma por la Universidad Loyola. Editora en Lisa News con experiencia en CNN y ABC.

Quien ha estudiado para un examen en la escuela o en la universidad ya conoce el resultado, las fechas se borran a la semana y el esfuerzo parece perdido. Esa experiencia tiene una larga historia en el pensamiento europeo. A comienzos del siglo XVI, un humanista ya criticaba esa forma de aprender.

A esa crítica se atribuye la frase «El colmo de la estupidez es aprender lo que luego hay que olvidar». Las recopilaciones de citas no indican en qué obra ni en qué año apareció, así que conviene leerla como una atribución.

Por qué Erasmo de Rotterdam pedía formar el juicio y no llenar la memoria

Erasmo de Rotterdam criticaba una enseñanza que llenaba la memoria sin formar el juicio. Para él, un saber valía en la medida en que cambiaba la manera de pensar y de actuar, algo que no mide la cantidad de datos memorizados. Los datos que no echaban raíces representaban tiempo perdido.

Su crítica apuntaba a las aulas de la época, donde la escolástica medieval dominaba los programas con debates complejos y alejados de la vida cotidiana. Ese tipo de estudio se olvidaba al terminar el curso. Erasmo defendía una formación que sirviera para resolver problemas y para convivir con otros.

La sabiduría, según esa lectura, es conocimiento interiorizado. Quien lo tiene distingue lo esencial de lo accesorio y actúa con criterio cuando cambian las circunstancias. Esa diferencia separa la simple acumulación de datos de la comprensión profunda.

Para expresar esa idea, Erasmo recurría a menudo a la ironía. Elogio de la locura, publicada en 1511, es el mejor ejemplo, una sátira que cuestionaba las costumbres y los excesos de su tiempo.

Dónde se ve la diferencia entre repetir una lección y dominarla

Un estudiante que memoriza la fecha de una batalla para el examen la olvida pocos días después. Quien entiende las causas de ese conflicto puede explicarlo años más tarde, aunque no recuerde la fecha exacta.

Lo mismo ocurre en el trabajo. Un piloto que ha comprendido por qué funciona cada procedimiento decide en segundos cuando algo falla. Quien solo ha repetido los pasos de memoria se queda bloqueado cuando la situación cambia.

En casa pasa algo parecido con las discusiones de pareja. Quien entiende por qué el otro reacciona de una forma concreta responde mejor que quien solo recuerda la frase que dijo la última vez. La comprensión necesita práctica y paciencia para consolidarse.

Con un idioma sucede algo parecido: quien entiende la estructura de una frase la reconoce en textos nuevos, mientras que quien memoriza listas de vocabulario se atasca en el primer texto distinto.

La prueba más sencilla consiste en explicar lo aprendido sin mirar los apuntes. Si la explicación sale sola, el conocimiento ya forma parte del juicio.

Quién fue Erasmo de Rotterdam y por qué su nombre sigue vivo

Desiderio Erasmo nació en 1466 y murió en 1536, en Basilea. Fue humanista, filósofo, filólogo y teólogo neerlandés, conocido como «Príncipe de los humanistas» por unir la cultura clásica con el cristianismo. Vivió, estudió y enseñó en los Países Bajos, Inglaterra, Francia, Italia, Bélgica y Suiza.

No se unió a Martín Lutero cuando estalló la Reforma protestante. Prefirió defender el libre albedrío y una reforma pacífica de la Iglesia católica. En 1516 publicó la edición bilingüe del Nuevo Testamento en griego y latín, una base que Lutero usó después para traducir la Biblia al alemán.

Su crítica a la Iglesia llegó con Elogio de la locura, publicada en 1511, una obra que ridiculizaba la superstición y la corrupción del clero, y criticaba también las costumbres sociales, sin romper con la fe.

Los debates actuales sobre educación vuelven a plantear la misma pregunta, si los alumnos deben memorizar o comprender. Hoy el Programa Erasmus de la Unión Europea lleva su nombre y permite a estudiantes cursar parte de sus estudios en otro país.