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Reflexión

Cuál es el significado del proverbio africano de los masái: «Quien escucha la voz del anciano es como un árbol fuerte; quien se tapa los oídos es como una rama al viento»

  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

Que quede claro. Los masái no escriben su historia: la cuentan. Entre las colinas del sur de Kenia y el norte de Tanzania, este pueblo de pastores ha conservado durante generaciones sus normas, sus leyendas y sus consejos de boca en boca, alrededor del fuego o a la sombra de una acacia. De esa tradición oral procede el proverbio africano que compara a quien escucha con un árbol.

La frase se repite hoy en publicaciones de sabiduría popular y en redes sociales, casi siempre sin contexto. Leída deprisa, parece una simple metáfora sobre la obediencia. Sin embargo, no hay que subestimarla porque esconde mucho más en su interior.

¿Qué nos quiere decir el proverbio africano del árbol fuerte y la rama al viento?

El sentido del proverbio africano que aquí nos concierne se resume en una idea: escuchar a los mayores da raíces. Un árbol fuerte resiste las tormentas porque se sostiene sobre raíces profundas que no se ven.

Del mismo modo, quien atiende a la experiencia de los ancianos acumula un saber previo (errores ya cometidos, soluciones ya probadas) que le permite mantenerse firme cuando llegan los problemas.

La segunda parte de la frase plantea el contraste. Quien se tapa los oídos se parece a una rama arrastrada por el viento: no tiene dirección propia y depende de lo que la mueva.

Ojo, que la imagen no critica la independencia ni el criterio personal, sino la decisión de prescindir de lo que otros ya aprendieron. Y es que sin ese apoyo, cada situación nueva obliga a empezar de cero y cualquier corriente acaba marcando el rumbo.

Además, para los masái, escuchar no es un gesto pasivo. Es un acto de respeto hacia quien habla, una forma de supervivencia en un entorno duro y una manera de seguir unido al grupo.

Dicho esto, en una cultura sin archivos escritos, la memoria de los ancianos funciona como la única biblioteca disponible, recordando dónde hubo agua en la última sequía, qué pastos conviene evitar y cómo se resolvió un conflicto parecido hace décadas.

El papel de los ancianos en la cultura masái

Cabe remarcar que la sociedad masái se organiza por grupos de edad. Los varones avanzan en bloque por distintas etapas (de jóvenes guerreros a ancianos menores y, por último, a ancianos mayores), con generaciones separadas por unos quince años.

Cada paso se marca con ceremonias, y son los ancianos quienes, en un rito conocido como el del palo de fuego, dan origen a un nuevo grupo y ejercen después como sus padrinos.

Desde luego, esa posición les otorga una autoridad que va mucho más allá de la edad. Los consejos de ancianos resuelven disputas, deciden sobre el uso de los pastos y median entre comunidades, y lo hacen por consenso, tras largas conversaciones, en lugar de votar.

Su influencia descansa también en una creencia muy arraigada: el poder de los mayores para bendecir y para maldecir, que durante siglos ha funcionado como el principal mecanismo de control social.

Y ojo, eso no significa que la relación entre generaciones sea siempre armoniosa. Los antropólogos que han estudiado a los masái describen tensiones frecuentes entre los guerreros jóvenes y los ancianos, con disputas por el ganado y el prestigio.

Precisamente por eso el proverbio cobra sentido, al describir una elección que cada joven tiene que hacer entre apoyarse en la experiencia acumulada o ir por libre.

¿Somos un árbol fuerte o una rama al viento? Lo que este proverbio africano dice de nuestra forma de escuchar

Fuera del continente africano, la imagen conserva vivamente su vigencia. En una época en la que la información llega a cada segundo desde el móvil, resulta fácil comportarse como una rama al viento.

Porque si nos asinceramos con los tiempos que corren, es evidente que las opiniones cambian con la última tendencia y las decisiones se toman sin contrastarlas. El proverbio propone el movimiento contrario, más lento y bastante menos llamativo.

Por su parte, la cultura española tiene su propia versión de la misma idea. El refranero recoge que «quien no oye consejo no llega a viejo» y que «más sabe el diablo por viejo que por diablo», dos fórmulas que, como la frase masái, atribuyen a la experiencia un valor práctico.

¿Qué raíces nos conviene cuidar hoy?

Vamos, que escuchar a los mayores no implica darles siempre la razón. La propia tradición masái reconoce el choque entre generaciones y, aun así, insiste en que el tronco necesita raíces para crecer hacia arriba.

Abuelos, maestros, compañeros veteranos o vecinos con décadas de oficio guardan una información que no aparece en ningún buscador o inteligencia artificial: cómo se superó una crisis, qué errores no merece la pena repetir.

Para concluir, recordemos que, entre los masái, esa transmisión sigue viva. Hoy son más de un millón de personas repartidas entre Kenia y Tanzania, muchas de ellas con teléfono móvil y estudios, pero los consejos de ancianos continúan reuniéndose a la sombra de los árboles para decidir sobre la tierra, el agua y el ganado. Allí, la frase del árbol y la rama no se cita, se practica.