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Los cocineros tradicionales coinciden: «Para que las patatas al horno queden doradas, no agregues más aceite, sino 2 cucharadas de fécula de maíz»

Las patatas son un acompañante ideal para gran cantidad de recetas, sobre todo para acompañar piezas cárnicas, ya sea pollo, vacuno, cerdo, etc. El secreto de un buen cocinado reside en conseguir un borde crujiente y mantener un interior suave. Para hacerlos al horno, muchos cocineros creen que la solución reside en agregar más aceite.

La realidad es que cocineros tradicionales han concretado que la verdadera solución es añadir dos cucharadas de fécula de maíz. Este ingrediente se encarga de transformar por completo la textura exterior durante la cocción sin necesidad de sobrecargar la bandeja.

¿Cómo funciona la fécula de maíz?

La clave de esta técnica reside en la superficie de la hortaliza. Al verter la fécula de maíz sobre la patata seca, se forma una película fina que absorbe la humedad externa y acelera la crocantez. Es importante secar las patatas con papel de cocina para evitar que el agua libre impida el dorado de la misma y que la fécula actúe como barrera protectora durante el horneado.

¿Cómo conseguir una patata perfecta al horno?

Como se menciona anteriormente, para conseguir un horneado perfecto es importante secar previamente las patatas y eliminar el agua que liberan. Una vez se complete el primer paso, se procederá a mezclar los gajos en un bol grande donde se añadirán las dos cucharadas de fécula de maíz, el pimentón, la sal y 3 cucharadas de aceite.

A la hora de programar el horno, se optará por un precalentamiento de 220 ºC tanto arriba como abajo. Las patatas se colocarán en una bandeja de horno en una sola capa, donde no se deberán tocar entre sí ni encabalgar para que el aire circule bien. Se dejará que se horneen los gajos durante 35 a 45 minutos. A mitad de la cocción se les dará la vuelta con cuidado para que se doren de forma uniforme todas sus caras.