Willy Bárcenas levanta de su ‘Taburete’ al WiZink Center
Lo llevaban avisando desde hacía tiempo. Era la joda del año y no defraudaron. Taburete, el grupo que encabeza Willy Bárcenas (hijo del extesorero del PP, que acudió al concierto), hace tiempo que dejó de ser una moda para convertirse en uno de los grupos favoritos de jóvenes y no tan jóvenes. Prueba de ello es el ‘no hay billetes’ que consiguieron colgar este jueves en el espectacular WiZink Center de Madrid.
La apertura de puertas era a las siete de la tarde, pero desde la hora de comer ya había fans haciendo cola para un concierto al que llevaban meses esperando acudir. Bárcenas abrió el concierto con un «¡Viva Madrid, viva España y viva México, cabrones!» y los miles de asistentes volaron hasta ‘México DF’ en un abrir y cerrar de ojos.
«No consigues vender 3.000 entradas por ser el hijo de nadie, sino porque tus canciones gustan», decía Willy Bárcenas en junio del año pasado. Y no le faltaba razón. Desde entonces, Taburete ha vendido miles de entradas más y han colgado el sold-out en diferentes salas a lo largo y ancho de todo el país.
La banda presentó su nuevo disco ‘Dr. Charas’ y dejó para el final los temas más conocidos, como ‘Amos del piano bar’, ‘Caminito a motel’ o ‘Sirenas’. Incluso hubo tiempo para cantar todo un clásico como ‘El toro y la luna’. Era el inicio de una locura en el que faltaba lo mejor.
Final épico en el WiZink
En la demencia desatada por el Charas, la droga fumigada a cañón por cada recoveco del recinto, los niveles de efecto crecieron en la paradoja de Willy. Segundos imperceptibles en los que, de forma disonante, la palabra funesta se transfigura en fiesta: matasteis a Walter Palmeras. Los respiros previos de cerveza se esfumarían hasta su último aliento. Lo mejor, que diría antaño Fernando Alonso, estaba por llegar.
El oasis estival que dibuja la palmera de Taburete, sus sirenas o su reciente El Fin se encadenaron a la perfección para pintar agosto en marzo durante unos minutos. Sus dos singles se entremezclaban con un clásico, subiendo la temperatura y provocando un cataclismo de ‘taburetes’ despoblados: todo el mundo ya estaba de pie.
La puerta empezaba a ser golosa para buscar algo de aire no aliñado… pero Willy entonó de menos a más su Amos del piano bar, con una orden de no abandonar ni grada ni palco. El verano se estiraba así una canción más, un mes más, trazando un escenario más propio de septiembre, colocando el final que, obviamente, habría de llegar buscando el Caminito a Motel.
El microclima creado hacía difícil encontrar el camino correcto hacia la salida. Los 16.000 drogadictos necesitaban todavía un tiro más de la garganta de Bárcenas, de un momento de after en la casa de Dron. Así fue, Sirenas volvió a contagiar al Wizink Center que se despidió entre trompetas y deseos de visitar México D.F. El osado público todavía quería más, pero la joda ya era historia. La salida se enfilaba con la reciente estrofa final en la cabeza: que quiere volver…
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