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En el panorama actual de la música, los elementos sinfónicos se han convertido en un recurso muy aclamado por las nuevas generaciones de cantantes para sumar belleza a sus composiciones. En paralelo, la música clásica ha vuelto a resurgir como un debate entre los más jóvenes, abriéndose al imaginario popular y redefiniendo su figura dentro del contexto internacional de la música. Una de las figuras que llevan años trabajando para abrir la música clásica a nuevos públicos es el compositor de música clásica Vicente Álamo.
Originario de Madrid, la vida profesional de Vicente Álamo se ha desarrollado entre estudios de grabación y partituras. Un germen musical que le llegó desde pequeño, cuando comenzó a tocar el piano a los seis años. Hoy nos desvela que este instrumento es el lugar de donde nacen sus obras. Después inició sus estudios en la Escuela de Música del Teatro Adolfo Marsillach de Madrid y después se especializó en música para cine, estudiando en prestigiosas instituciones como la Berklee College of Music y la Academia Europea de Bellas Artes.

Uno de sus grandes hitos fue el premio al Mejor Compositor y Mejor Interpretación Orquestal por su trabajo Suite nº1, que obtuvo en los World Entertainment Awards, la antesala de los Grammy. Hoy, además, es uno de los finalistas de los Intercontinental Awards que se celebran el 23 de agosto en Los Ángeles. Nos sentamos a hablar con él a pocos días de volver al icónico estudio de Abbey Road. «Es la tercera vez que voy en menos de 2 años»; la primera vez fue para grabar su primera banda sonora del corto Si se enteran.
«El hecho de entrar en ese estudio ya te da otro aire diferente al abordar la grabación», confiesa. «Hay como una energía muy positiva, no sé si es un tema psicológico, o que uno se autocondiciona, pero es cierto que cuando entras ahí hay una cierta calma. Allí todo funciona». Por eso ha sido el estudio escogido para grabar otras piezas clásicas, entre ellas la de David May con María Dolores.

Su nueva obra
Vicente Álamo se encuentra trabajando actualmente en la grabación de su obra Phersephone, motivo de esta tercera visita a los icónicos estudios. «Esta vez iremos Alberto García López, que es el director de de la orquesta con quien suelo trabajar, Isabel Dobarro, que es pianista y actual ganadora de un Latin Grammy, y yo. Junto al productor Javier Monteverde», doble ganador de un Latin Grammy en la categoría de Música Clásica. Un compendio de grandes nombres nacionales que resuenan en el panorama de la música clásica.
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La obra será interpretada por la Royal Philarmonica Orquesta; una de las más icónicas que nació con la intención de reunir a los mejores músicos del mundo en una sola orquesta, y cuyo legado ha transformado la conexión de la música clásica con los nuevos públicos. «Contacté con ellos y les gustó el proyecto, así que accedieron a grabar esta nueva obra». Phersephone es el primer concierto para piano y orquesta del compositor. «Podría decir que está inspirada en la figura mitológica, pero no es el caso».
Por el contrario, es «una obra con una carga femenina muy grande porque está inspirada en cada una de las mujeres más importantes que hay en mi vida», que mantiene como sus musas sin desvelar su nombre. Con un trasfondo femenino, «la obra requería de una voz femenina como Isabel para interpretarla», subraya Vicente. Compositor y pianista se conocieron en una gala de premios en Los Ángeles, donde ambos fueron nominados.
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Una tradición musical con retos contemporáneos
Entre los muchos retos que plantea la música clásica contemporánea, Vicente Álamo señala uno que condiciona especialmente el trabajo de los intérpretes. «Isabel cuenta con un reto muy importante: siempre para un solista es muy difícil interpretar una obra de un compositor vivo. Cuando el compositor ya no está vivo, te puedes permitir tus flujos, te lo puedes llevar a tu terreno, pero cuando el compositor está delante de ti ensayando, la presión es mayor».
Sus obras nacen de un momento de conexión que comienza por «enfrentarse con uno mismo», explica. «Al principio hay muchos miedos, porque una cosa es la idea que uno traza en su cabeza, y otra muy diferente es materializarla. Yo definiría el proceso de componer como cuando eres un niño y te enfrentas a algo por primera vez, con esa alegría y ese entusiasmo, pero con ese miedo de ver cómo lo voy a hacer».

Desde el principio, Vicente apunta que hay unas ideas generales que se van desarrollando y que luego se tienen que ir ubicando en el tiempo, «porque la obra tiene un camino: empiezan por un sitio y acaban en otro, contando una historia entre medias. Entonces, los trazos iniciales que compones, a lo mejor piensas que van a estar en el medio y luego están mucho antes».
«Normalmente, una obra sinfónica dura 35 minutos», y eso requiere de tiempo y recursos, apunta. Esta realidad contrasta con la de nuevos movimientos musicales o artistas contemporáneos que juegan con la tecnología para competir en un mercado marcado por la inmediatez. En el caso de Phersephone, «es una obra que tardó 7 meses en componer, desde diciembre que empecé a hacer ligeros esbozos armónicos en mi cabeza y empecé a estructurarla y a componerla». Pese a ello, nos desvela que no es la obra de mayor complejidad y tiempo requerido, puesto que ha tenido conciertos que han requerido de algo más de un año de trabajo hasta verlos acabados.

Diferencia entre componer música y hacer música
Entra en numerosas ocasiones el debate de si la música clásica contemporánea puede competir con un mercado actual en cuanto al uso de la tecnología. Y surge la pregunta: ¿Es compatible la vanguardia tecnológica con la música clásica? «Sin duda», responde Vicende Álamo, y la respuesta reside en la propia complejidad del proceso de composición que detallaba con anterioridad.

Dentro de la complejidad de la composición entra el hecho de saber ubicar las diferentes voces. «Al ser para orquesta, tenemos la voz de todas las secciones de cuerdas, de metales, de vientos de madera, de percusión y de piano, si es un concierto pensado para piano». En este punto, «hoy en día la tecnología puede ayudarte a imaginar cómo sonarían determinados sonidos sin necesidad de componer junto a una orquesta completa», aunque luego los sonidos grabados sí que estén grabados por músicos para conservar el purismo del sonido y la riqueza de la interpretación.
Pese a ello, componer música clásica sigue siendo una labor que no está al alcance de cualquiera con la intención de crear sonido. «Desde mi punto de vista, aunque la música clásica sea vanguardista o contemporánea, sí que requiere unos cánones de conocimiento elevados y no cualquiera lo puede abordar», apunta. «Por eso, cuando se habla de música clásica, sí que estamos, no estamos en esa misma liga de plataformas digitales».

Un momento esperanzador para la música clásica
Cuando preguntamos a Vicente Álamo en qué momento considera que se encuentra la música clásica, nos responde con cierta esperanza. «Hay muchísimas personas de todas las edades que se están atreviendo a salir». Recalca el talento que hay en España, un país que cuenta con figuras como el compositor Benet Casablanca, la violinista María Dueñas o la cellista y compositora Andrea Casarrubios.

El compositor señala a la falta de oportunidades como uno de los principales problemas de nuestro país. «En España hay muy buenos centros, pero luego hay poca cabida para la música clásica. La gran mayoría se tiene que pasar al extranjero e ir buscando un hueco, porque en España hay muy buenas orquestas, pero hay muy pocas oportunidades». Mientras tanto, países como Estados Unidos y Japón ganan terreno en esta área.
Pese a ello, la música clásica está viviendo un buen momento a nivel internacional, con el debut de grandes estrellas en este campo. «Tenemos el ejemplo de Anthony Hopkins, el actor que todos conocemos, que acaba de grabar su segundo álbum de música clásica a los 88 años. La cantidad de compositores que hay componiendo en su casa en silencio con un piano y con una grabadora y nunca se acaba». Además de artistas que juegan con este género como recurso para enriquecer sus obras.

El ejemplo más reciente y sonado lo tenemos en la artista catalana Rosalía. «Hizo un trabajo excepcional porque en sus vídeos ponía en valor el trabajo de la orquesta, no sólo su sonido». Destaca de estos artistas la labor que están realizando para eliminar la imagen desfasada de este género. «También ayuda a romper prejuicios y a perder el miedo a la música clásica. Antes, nombres como Beethoven o Vivaldi se asociaban a algo anticuado; hoy, en cambio, se reivindican como la muestra de la grandeza de la música y el origen de todo lo que vino después».
Quizá estemos en un momento en el que la música clásica vuelva al imaginario juvenil, llene conciertos y termine dando a los músicos nacionales el lugar que se merecen. Y, así, en unos años, compositores como Vicente Álamo vean sus sueños hechos realidad: «En mi caso, sería seguir componiendo, publicando cada vez más y que dentro de los años se hable de mí, esté donde esté, y se escuche mi música y se sientan las personas representadas».