Una experta desvela el alimento antiinflamatorio que deberías añadir a tu ensalada en septiembre: «No es el jengibre»
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Con la vuelta de septiembre llega también el momento de recuperar rutinas, organizar las comidas y volver a apostar por una alimentación más equilibrada. Y si hay un patrón que encaja especialmente bien con este regreso a la rutina es la dieta mediterránea: verduras, legumbres, frutos secos, aceite de oliva virgen extra y alimentos de temporada como protagonistas. En ese contexto, hay un ingrediente que merece recuperar del supermercado: la remolacha. La experta en alimentación antiinflamatoria, nutrición clínica y pérdida de peso, Sara Moñino, señala como uno de los alimentos que más pueden llamar la atención dentro de una alimentación enfocada a combatir la inflamación. Eso sí, con un matiz importante: ningún alimento por sí sólo elimina la inflamación. Lo que importa es el conjunto de la dieta y los hábitos.
«El alimento más antiinflamatorio del mundo no es la cúrcuma, no es el jengibre y definitivamente no son los arándanos», apunta Moñino en la entrevista. Su elección es mucho más cotidiana: la remolacha. Y precisamente ahí está parte de su atractivo. No hace falta recurrir a ingredientes exóticos ni gastar demasiado dinero para mejorar una ensalada. La remolacha es económica, fácil de encontrar durante todo el año y se puede incorporar tanto cocida como asada o incluso en conserva.
Por qué la remolacha encaja en una dieta mediterránea
La remolacha, conocida científicamente como Beta vulgaris, destaca por su contenido en nitratos, que el organismo puede transformar parcialmente en óxido nítrico, una molécula relacionada con la dilatación de los vasos sanguíneos y el flujo sanguíneo. Por este motivo, es un alimento que también ha despertado interés en el ámbito del ejercicio físico. Pero no todo son nitratos. Esta hortaliza también aporta fibra, folato, potasio y betalaínas, unos pigmentos responsables de su característico color rojizo y con capacidad antioxidante.

Su verdadero interés, sin embargo, está en incorporarla a un patrón de alimentación variado. Una ensalada con remolacha, verduras de hoja verde, frutos secos y aceite de oliva virgen extra reúne precisamente varios de los alimentos habituales de la dieta mediterránea.
La ensalada de septiembre que cuesta poco y se prepara en minutos
Una de las maneras más sencillas de empezar a consumirla es convertirla en protagonista de una ensalada. Sólo necesitas remolacha, rúcula, nueces y queso feta, además de un aliño de aceite de oliva virgen extra y limón. La combinación funciona por contraste: el dulzor de la remolacha se equilibra con la rúcula, el queso aporta cremosidad y las nueces añaden un toque crujiente.
Es, además, una fórmula especialmente práctica para septiembre. Después de las comidas más improvisadas del verano, permite recuperar una estructura sencilla: una buena cantidad de vegetales como base y una fuente de proteína que complete el plato. Puedes acompañarla, por ejemplo, con huevo, pescado, pollo o legumbres, dependiendo del resto de tu alimentación.

No necesitas un superalimento para comer mejor
La remolacha también sirve para desmontar una idea cada vez más extendida: que comer saludable implica llenar la cesta de productos caros o ingredientes difíciles de encontrar. La realidad es bastante más sencilla. Una alimentación saludable no depende de encontrar un ingrediente milagroso, sino de repetir buenos hábitos con frecuencia y dar variedad a los alimentos que llegan al plato.
Por eso, más que buscar cuál es «el alimento más antiinflamatorio», resulta más útil pensar en cómo construir una alimentación rica en verduras, frutas, legumbres, frutos secos, cereales integrales y grasas saludables como el aceite de oliva virgen extra. Y ahí la remolacha tiene una ventaja difícil de ignorar: es sencilla, versátil y económica.
Una forma fácil de comer remolacha es la ensalada mediterránea de remolacha, rúcula, nueces, queso feta, limón y aceite de oliva virgen extra. La remolacha no es un remedio milagroso ni necesita ese título para resultar interesante: por poco dinero puede aportar color, nutrientes y variedad a una ensalada que, con unos pocos ingredientes mediterráneos, se convierte en un plato mucho más completo.