¿Por qué don Juan Carlos y doña Sofía no asistieron a la boda de Carlos y Diana?
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El verano de 1981 todos los ojos estaban puestos en Londres. La capital británica acogía la que hasta entonces era la boda del siglo, la de Carlos de Inglaterra y Diana Spencer. Un enlace al que estaba previsto que asistiesen las personalidades más importantes del mundo, no solo de la realeza sino también de la alta sociedad.
Como no podía ser de otra manera, los entonces Reyes de España fueron invitados en tiempo y forma a tan excelso acontecimiento. Días antes de la boda, varios medios internacionales anunciaron en sus páginas la presencia de los monarcas españoles, que habrían de ser, junto a sus hijos, invitados especiales de la reina Isabel. De hecho, la asistencia don Juan Carlos y doña Sofía era muy especial ya que hasta estaba previsto que se alojaran en una de las residencias oficiales de la soberana británica y que asistieran a un partido de polo entre España e Inglaterra en el que iba a participar el joven príncipe Carlos.
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Sin embargo, unos días antes de la ceremonia, el viaje de los Reyes se canceló de manera repentina. ¿Qué fue lo que motivó este cambio?. La culpa fue de Gibraltar. Estaba previsto que los futuros novios comenzaran su luna de miel precisamente desde Gibraltar con un crucero a bordo del yate Britannia, una decisión que incomodaba a las autoridades españolas, ya que la frontera con el Peñón permanecía cerrada desde 1968 por la tensión imperante en las relaciones.
Según publicó entonces el Washington Post, las autoridades españolas habían advertido a Londres la poca conveniencia de que el heredero y su esposa recalasen en Gibraltar en un momento en que las relaciones diplomáticas no atravesaban su mejor momento. A pesar de que varios funcionarios británicos habían informado de que Carlos y Diana estarían en Gibraltar durante dos horas como máximo, desoyendo las recomendaciones de Madrid, el Gobierno local esperaba poder darles un digno recibimiento y organizar una serie de festejos por su llegada.
Madrid insistió en su recomendación de que Málaga era un punto mucho más adecuado para el inicio del viaje, pero finalmente se decide que Gibraltar sea puerto de inicio, lo que provoca que don Juan Carlos y doña Sofía decidan no asistir a la boda, como acto de «protesta».
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Las aparentes tiranteces por el episodio de Gibraltar se quedan en eso, tiranteces, ya que en el futuro los Reyes recibirían a los Príncipes de Gales en Mallorca en varias ocasiones y dejarían prueba gráfica de su buena relación. Y es que, como en todo, los intereses políticos muchas veces poco tienen que ver con el trasfondo de las relaciones personales.
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