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La Sociedad Española de Neurología (SEN) calcula que entre el 20 y el 48% de la población adulta experimenta en algún momento problemas para conciliar o mantener el sueño. Además, estima que al menos un 10% de estos casos se debe a un trastorno del sueño crónico y grave. Aunque las causas más habituales del insomnio están relacionadas con las alteraciones emocionales y las enfermedades psiquiátricas, los síntomas de otras patologías, como el asma, los pólipos nasales y la dermatitis atópica, también pueden dificultar considerablemente el sueño. Esta situación afecta a la calidad de vida de muchos pacientes, que, al no conseguir descansar adecuadamente, pueden experimentar un empeoramiento de su estado de salud.
«La proporción de mujeres es ligeramente superior al de hombres. El insomnio puede estar presente en todas las edades, pero su frecuencia se incrementa con la edad. Los trastornos del sueño son de distintos tipos, destacando por su frecuencia el insomnio, el síndrome de movimiento periódicos de las piernas y los trastornos respiratorios durante el sueño, como es el síndrome de apneas del sueño. Entre las principales causas destacaría el estrés y las preocupaciones, ya sea por el trabajo, la salud, la familia o el dinero. Los malos hábitos del sueño, los viajes o los horarios de trabajo que alteran el ritmo sueño-vigilia son otras causas frecuentes», explica Julio Artieda, académico correspondiente de Real Academia Nacional de Medicina de España (RANME).
¿Por qué las casas modernas causan insomnio?
El antropólogo Gandhi Yetish y el neurobiólogo Jerome Siegel estudiaron los hábitos de sueño de varias comunidades indígenas que viven sin electricidad ni iluminación artificial, entre ellas los tsimane de la Amazonía boliviana, los hadza de Tanzania y los san del sur de África. La investigación reveló que estos grupos no ajustaban estrictamente sus horarios de descanso al amanecer y al atardecer, sino que sus patrones de sueño mostraban una relación significativa con los cambios de la temperatura ambiental.
La temperatura corporal disminuye de manera natural alrededor de un grado Celsius cuando el organismo se prepara para dormir. Por este motivo, un ambiente fresco puede favorecer este proceso fisiológico. Algunas investigaciones relacionan las condiciones térmicas adecuadas durante la noche con una mejor calidad del descanso. En este contexto, según el neurocientífico Jerome Siegel, los hallazgos de esta investigación podrían contribuir a comprender algunos de los factores relacionados con los problemas de sueño en las sociedades modernas.
En la misma línea, el Dr. Rafael del Río, director de la Unidad de Neurofisiología y Trastornos del Sueño de Vithas Internacional de Madrid, «la temperatura corporal es uno de los factores críticos que posibilitan la conciliación y estabilizan el sueño durante la noche y mantener una temperatura suficiente baja supone un auténtico reto para nuestro organismo».La temperatura corporal debe mantenerse dentro de unos márgenes relativamente constantes, aunque experimenta variaciones a lo largo del día.
El sueño coincide con el periodo en el que la temperatura del organismo alcanza sus valores más bajos. Para adaptarse a los cambios ambientales y conservar el equilibrio térmico, el cuerpo dispone de diferentes mecanismos, como la sudoración, la vasodilatación y la reducción del ritmo metabólico, entre otros. Cuando la temperatura exterior es demasiado alta, como sucede durante las noches tropicales, el organismo necesita activar estos mecanismos para eliminar el exceso de calor. Sin embargo, este esfuerzo puede dificultar la conciliación y el mantenimiento del sueño, ya que el cuerpo encuentra mayores obstáculos para regular su temperatura y alcanzar las condiciones necesarias para un descanso reparador.
Además de la temperatura, existen otros factores que pueden dificultar el descanso, como los niveles excesivamente bajos o altos de humedad. Para mantener un ambiente confortable en el dormitorio, lo recomendable es que la humedad relativa se sitúe entre el 40% y el 60%. Un entorno demasiado seco puede irritar las vías respiratorias, mientras que una humedad excesiva aumenta la sensación de bochorno y favorece la proliferación de ácaros. Por ello, es fundamental ventilar la habitación entre 10 y 15 minutos al día para renovar el aire, tanto en invierno como en verano.
«El sueño es un proceso fisiológico de vital importancia para la salud integral de los seres humanos, para la supervivencia del individuo y para el correcto funcionamiento del sistema nervioso. Si no conseguimos dormir bien se reduce la calidad de vida, aumenta el riesgo de hipertensión y, por tanto, de sufrir un accidente cerebrovascular, y se pueden agravar otras enfermedades que padezcamos. Pero además nuestras funciones cognitivas se ven afectadas: baja la concentración y la capacidad de atención, el tiempo de reacción aumenta, se pueden producir fallos de memoria, cambios bruscos de humor y alteraciones en el proceso de toma de decisiones, problemas de aprendizaje, etc. Por lo tanto, tener una buena calidad de sueño es fundamental», señala el Dr. Hernando Pérez, Coordinador del Grupo de Estudio de Trastornos de la Vigilia y Sueño de la Sociedad Española de Neurología.
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