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Noruega encuentra en el fondo del océano el K-278 Komsomolets, un submarino nuclear de la URSS que todavía está liberando radiación

  • Janire Manzanas
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Un equipo de investigación que ha analizado los restos del K-278 Komsomolets, un submarino de la URSS hundido a unos 1.680 metros de profundidad en el mar de Noruega, ha concluido en un estudio publicado en PNAS que el casco continúa liberando radionúclidos desde la zona donde se ubicaba el reactor. La historia de este sumergible nuclear se remonta décadas atrás. La Unión Soviética sólo construyó una unidad de este modelo, diseñado con un casco doble de aleación de titanio que le permitía alcanzar profundidades extremas. Más de tres décadas después de su naufragio, el submarino sigue en posición vertical sobre el fondo oceánico, con su reactor dañado y dos cabezas nucleares aún en su interior, convirtiéndose en uno de los restos militares más sensibles del lecho marino europeo.

El 7 de abril de 1989, el submarino se encontraba bajo el mando del capitán Evgeny Vanin y navegaba sumergido a unos 335 metros de profundidad, aproximadamente a 180 kilómetros al suroeste de Bjørnøya (Noruega), cuando se originó un incendio en uno de los compartimentos de ingeniería a causa de un cortocircuito. Aunque las puertas estancas estaban cerradas, las llamas se extendieron a través de las conducciones de cables del mamparo, agravando rápidamente la situación. Para intentar recuperar el control, se activó un sistema de emergencia que permitió la apertura de un tanque de lastre, logrando que el submarino emergiera apenas unos minutos después de que comenzara el incendio. De los 69 tripulantes, 27 sobrevivieron al siniestro y 42 fallecieron.

K-278 Komsomolets, el submarino de la URSS que continúa emitiendo radiación

Además de su armamento convencional, el K-278 transportaba ocho torpedos estándar y dos unidades equipadas con ojivas nucleares. Tras el hundimiento, y bajo la presión de Noruega, la Unión Soviética desplegó sumergibles de gran profundidad operados desde el buque oceanográfico Keldysh para localizar el pecio. En junio de 1989, apenas dos meses después del naufragio, el submarino fue finalmente hallado. Las autoridades soviéticas aseguraron entonces que cualquier posible fuga era mínima y no suponía un riesgo relevante para el medio marino.

En 1994, una expedición detectó una fuga de plutonio procedente de uno de los torpedos nucleares. Posteriormente, el 24 de junio de 1995, el Keldysh regresó al lugar del naufragio para intentar sellar grietas en el casco y cubrir las ojivas. Finalmente, en 1996, se utilizó un sellador de alcohol furfurílico diseñado para aislar los restos durante varias décadas, aproximadamente entre 20 y 30 años, es decir, hasta mediados de la década de 2020.

«Aparte de los daños más evidentes en la sección delantera, y en particular en el compartimento de torpedos, el submarino parece haberse hundido el mismo día (en que lo estábamos examinando) y no hace 30 año», declaró a Gizmodo por correo electrónico Justin Gwynn, coautor del estudio y científico sénior especializado en radioecología marina del gobierno noruego. «Simplemente está en posición vertical sobre el fondo marino».

Nuevo estudio de Noruega

Con el paso del tiempo, el seguimiento del submarino de la URSS ha pasado a instituciones noruegas como la Autoridad de Seguridad Radiológica y Nuclear de Noruega y el Instituto de Investigación Marina. Su trabajo combina información obtenida mediante sonar, grabaciones en vídeo submarino y el análisis de muestras de agua, sedimentos y organismos recogidas en 2019 con vehículos operados a distancia.

En estas inspecciones, los científicos identificaron una emisión procedente de una tubería de ventilación y de una rejilla metálica cercana al reactor. En determinados momentos, esta posible fuga llegó incluso a apreciarse en las imágenes captadas bajo el agua, lo que permitió documentar con mayor precisión el estado actual del pecio en el fondo marino.

«Nos sorprendió mucho ver algo saliendo del conducto de ventilación, donde investigaciones rusas anteriores habían detectado fugas del reactor», comentó Gwynn, y añadió que la imagen coincidía con «niveles elevados de radionúclidos liberados». Para interpretar con mayor precisión estas mediciones, los investigadores compararon las proporciones de isótopos de plutonio y uranio con las que se conocen en la antigua flota soviética de submarinos nucleares, así como con las registradas en la lluvia radiactiva global y en emisiones procedentes de instalaciones nucleares cercanas.

El análisis de la cantidad de determinados isótopos y, en particular, la relación entre plutonio-240 y plutonio-239, llevó a los autores a una conclusión significativa. Según el estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences, estos datos constituyen una evidencia sólida de que se están liberando radionúclidos desde el reactor del Komsomolets y de que el combustible nuclear del núcleo continúa sometido a procesos de corrosión en el entorno marino. A pesar de los hallazgos, el equipo no detectó señales de que las fugas del submarino de la URSS estén afectando a la vida marina ni al ecosistema local.

«El estudio quconfirma lo que vi en numerosos documentos soviéticos y rusos. Consideraban una de sus principales prioridades asegurarse de que estuviera protegido, que se limpiara, que fuera transparente y que otros actores internacionales pudieran confiar en ellos», señaló Svetlana Savranskaya, directora de programas sobre Rusia del Archivo de Seguridad Nacional de la Universidad George Washington, a Gizmodo.